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Apuestan a atraer donantes de sangre jóvenes con jornadas nocturnas, baja de la edad mínima y campañas en universidades
Desde el Banco de Sangre y la Cátedra de Hemoterapia del Clínicas discrepan con incentivos como el día libre en el trabajo porque es una “forma de remuneración” que puede alentar donaciones riesgosas
Entre 33.000 y 40.000 uruguayos necesitan cada año una transfusión sanguínea. Foto: Nicolás Der Agopián / Búsqueda
Era agosto de 2020 y Uruguay estaba en plena pandemia de Covid-19. Si bien lo peor todavía estaba por llegar, existía temor y precaución. En otros países el aumento de casos diarios, internaciones y fallecimientos era vertiginoso y en Uruguay las autoridades apostaban a la “libertad responsable” e instaban a mantener las medidas de cuidado personal. Se acercaba la Noche de la Nostalgia, previa al feriado del 25 de agosto, y en conferencia de prensa el ministro de Salud Pública, Daniel Salinas, exhortó a que no se realizaran fiestas: “Recapaciten y rebobinen, no es este el momento”.
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En el Hospital de Clínicas había preocupación por la baja cantidad de personas que asistían a diario a donar sangre. No eran más de dos o tres, recordó a Búsqueda el profesor titular de la Cátedra de Hemoterapia y Medicina Transfusional, Ismael Rodríguez. El mensaje del gobierno de “quedate en casa” seguía surtiendo efecto. Pero el 24 de agosto fue lunes y el hospital universitario recibió de repente 57 donantes de sangre, motivados porque se les daba el día libre y así tendrían fin de semana largo.
Desde 1991 la Ley N° 16.168 establece que todo trabajador de la actividad pública o privada que concurra a donar sangre podrá tomarse el día libre de trabajo. Es un tipo de licencia que se puede usar dos veces al año, obteniendo un día por vez. En el mismo año en el que se promulgó la ley que otorgó ese beneficio para los donantes de sangre, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendaba que el 5% de la población de cada país debía donar. En el caso de Uruguay, el porcentaje significaba unos 150.000 donantes por año, y el promedio era de 100.000. Según Rodríguez, con la implementación del día de licencia esa cifra no varió y, como contrapartida, se perdieron “US$ 130 millones en jornales”. Ofrecer un día libre, según el titular de la Cátedra de Hemoterapia, “es una forma encubierta de pagarle al donante”.
La jefa del Banco de Sangre que funciona dentro del Servicio Nacional de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), Lilia López, también está en contra del pago a donantes y aclaró que “sin duda el día libre es una forma de remuneración”. Sin embargo, se remontó a los orígenes de ese beneficio en Uruguay para explicar que el objetivo era que la gente no perdiera dinero por ir a donar, ya que los bancos suelen abrir en horario laboral.
Para facilitar e incentivar la donación de sangre de trabajadores, la Cátedra de Hemoterapia del Hospital de Clínicas organizó el 13 de mayo la primera jornada de donación nocturna, desde las 18.00 hasta las 00.00. Esa noche concurrieron 84 personas, algo que causó una grata “sorpresa”, según Rodríguez. El titular de la cátedra pudo saber que, de ese total, 68 habían ido a trabajar ese día. El Clínicas evaluó la iniciativa como exitosa y ahora tiene la idea de hacer “una o dos jornadas mensuales para donar de noche”, anunció el catedrático.
López explicó a Búsqueda que la donación y las transfusiones de sangre tienen que ser “seguras”. Para los donantes existen requisitos cuyos cumplimientos se controlan de forma previa a través de un formulario: tener entre 18 y 65 años, pesar más de 50 kilos, tener cédula de identidad vigente y en buen estado, haber descansado seis horas la noche anterior, tener buen estado de salud y no haber ingerido sólidos ni lácteos en las cuatro horas previas a donar.
No está aconsejada la donación de sangre en personas que están cursando un resfrío, ni tampoco en las que se hicieron un tatuaje o piercing en el último año. Si una persona tuvo hepatitis después de los 10 años, también se desaconseja que sea donante. Lo mismo para las mujeres durante todo el período de lactancia materna. El donante debe avisar si está tomando algún tipo de medicación, algo que también podría influir en la calidad de la sangre que se extrae.
El donante voluntario, el que lo hace porque quiere ayudar y entiende los beneficios que puede generar en otros, en general se asegura de cumplir todos los requisitos. Pero quien lo hace motivado por el día de licencia puede no entender los riesgos que implicaría, por ejemplo, ir a donar estando enfermo o incumpliendo algún otro ítem y puede atentar contra el concepto de una donación segura, explicó López.
Todos los bancos de sangre del mundo tratan de fomentar una donación voluntaria y, además, repetida, de manera que quienes alguna vez donaron y cumplieron con todos los requisitos para ello puedan volver a hacerlo cada cinco o seis meses, por ejemplo. Según López, el Servicio Nacional de Sangre cuenta con más de 70% de donaciones repetidas, es decir, que provienen de las mismas personas.
El promedio de edad de los donantes que asisten al Banco de Sangre de ASSE es de entre 35 y 45 años y son más los hombres que las mujeres. En conjunto con la Cátedra de Hemoterapia, se realizan acciones para tratar de captar a donantes jóvenes, por ejemplo, universitarios. Con ese fin se hicieron campañas de donación en todas las facultades de la Universidad de la República, por ejemplo. Esto porque cuanto más grandes son tienen más riesgos de tomar medicamentos, tener problemas de presión y otros asuntos que pueden comprometer la seguridad de la sangre. Cuanto más jóvenes, los donantes suelen ser más sanos.
El año pasado surgió en el ámbito del hospital universitario una iniciativa para bajar la edad mínima exigida para donar sangre. De momento no es más que eso: una idea. Pero Rodríguez comentó que desde la cátedra que dirige se está “trabajando en un diseño que permita donar a adolescentes de entre 16 y 18 años, como ocurre en otros países”. La principal limitante está en el aspecto legal, ya que se trata de menores de edad.
Foto: Nicolás Celaya /adhocFotos
“Problema distributivo”
Se estima que, en promedio, entre 1% y 1,5% de los habitantes de cualquier país necesitan cada año una transfusión sanguínea. En Uruguay, serían entre 33.000 y 40.000 personas. Cada uno precisa entre 2 y 2,6 unidades, que son las bolsas que se extraen de cada donante. De allí se separan distintos hemocomponentes como los glóbulos rojos, las plaquetas y el plasma. Todos estos elementos tienen una fecha de vencimiento, a menor o mayor plazo. Pero, como regla general, la sangre vence.
“Lo que nosotros tenemos en Uruguay es un problema distributivo”, dijo Rodríguez a Búsqueda. El titular de la Cátedra de Hemoterapia del Hospital de Clínicas explicó que hay bancos de sangre en el interior del país que a veces extraen más de lo que consumen. Lo que hace falta es una “cadena” que conecte a todos los bancos del país y que informe a cada uno, cuando otro necesita nuevas unidades, dónde sobran. Las bolsas con concentrados de glóbulos rojos duran 42 días. Entonces, Rodríguez propuso que, “cuando tengan la mitad de su período de vencimiento, se trasladen a una zona de mayor consumo”.
En el mundo, estas cadenas se han logrado con la colocación de chips de radiofrecuencia en las bolsas e información centralizada sobre sus características y vencimiento. “Debemos recordar que la sangre es un bien de la comunidad y no de los determinados actores que participamos de una u otra forma en la medicina transfusional”, dijo Rodríguez. Añadió que uno de los principales motivos de consumo de sangre son los accidentes de tránsito y que para ello es necesario “hacer previsiones”. La comunicación entre los bancos de sangre uruguayos existe, pero hace falta “una correcta distribución logística, que debería estar a cargo de la autoridad sanitaria”, opinó el profesor del hospital universitario.