Seguirá siendo necesaria una autorización de la AFIP, que publicará diariamente en su sitio web la cantidad de operaciones que se realicen y los montos, sin dar nombres de las personas. Ayer informó que se concretaron 22.097 compras por U$S 12,8 millones en total en los primeros dos días.
El anuncio de esta medida fue realizado el viernes 24 por el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, y por el ministro de Economía, Axel Kicillof, en una presentación leída ante la prensa en la que no aceptaron preguntas y duró apenas dos minutos.
El día previo el precio del dólar había tenido un salto y llegó a ocho pesos el valor oficial, en tanto que superó los 13 en el mercado paralelo. El viernes hubo una virtual estabilidad; en la semana la devaluación fue de casi 18%.
La autorización para la compra será en función del “flujo de ingresos declarados” y exclusivamente con fines de ahorro, puntualizó Capitanich. “Esta decisión obedece a que, en el marco de la política cambiaria de flotación administrada del tipo de cambio, el gobierno considera que el precio de la divisa, del dólar, ha alcanzado un nivel de convergencia aceptable para los objetivos de la política económica”, explicó el jefe de Gabinete.
“Los mismos que nos dijeron durante 10 años que el dólar valía un peso, son los que hoy nos quieren convencer que vale 13. Así que saquen sus propias conclusiones”, fustigó Kicillof al retirarse de la conferencia.
Otra medida que se anunció en esa conferencia fue la rebaja de 35% a 20% en la retención que se aplica a las compras hechas por los argentinos con tarjeta de crédito y débito en el exterior, paquetes y pasajes aéreos a otros países, así como adquisiciones en sitios web internacionales. Sin embargo, el ministro aclaró el domingo 26, entrevistado por el diario “Página 12”, que no habrá cambios por ahora.
Esa marcha atrás provocó desánimo entre operadores turísticos uruguayos que habían visto en ese anuncio la posibilidad de captar más visitantes argentinos en una temporada de verano que empezó floja y se encamina a terminar aún peor (ver página 26).
“Cuando se analiza la historia de las corridas cambiarias en la Argentina, lo primero que se observa es que son provocadas por un aparato desinformativo que genera un clima donde sería aconsejable para todo el mundo ir a sacar los depósitos de los bancos y comprar dólares. Por eso, explicando un poco la historia de lo que ocurrió, se entiende más la medida que tomamos. Porque hay factores que cambiaron y otros que no. La principal cuestión es que ante esa situación de una puja importante inducida sobre las reservas se tomó la decisión de inhabilitar paulatinamente la compra de dólares. Esa medida, a fines de 2011, fue acertada porque la corrida en curso se detuvo de cuajo. La corrida venía fogoneada y consideramos que esos movimientos beneficiaban a especuladores y a los sectores más concentrados que, a su vez, empujaban a los que menos recursos tienen a buscar dólares desesperadamente, convirtiéndolos en un engranaje de esas corridas. Pusimos los controles para proteger la producción, el empleo y la distribución del ingreso”, explicó el ministro.
Y agregó: “Todos los medios y los economistas charlatanes que decían que el dólar valía un peso, ahora nos dicen que tiene que valer 13. Con un dólar a 13 habría un efecto devastador sobre la producción, el empleo, los salarios y no sabemos quién va a poder comprarlo después de la catástrofe. Nosotros creemos que un dólar a ocho pesos es un valor adecuado”.
Ayer Capitanich volvió a denunciar una “operación que pretende instalar una presión psicológica en la ciudadanía sobre el comportamiento de la economía”.
Mientras, el Foro de Convergencia Empresaria, que agrupa a 28 organizaciones empresariales, señaló en una declaración que el “problema de la Argentina es fundamentalmente político”.
Cepo.
Las restricciones cambiarias fueron implementadas con una resolución de la AFIP fechada el 31 de octubre de 2011. Esa disposición obligó a los individuos a solicitar un permiso a ese organismo y justificar las razones para adquirir dólares en el mercado. La prensa porteña bautizó rápidamente la restricción como un “cepo cambiario”.
Otras medidas fueron constriñendo más las operaciones con moneda extranjera, por ejemplo extendiendo a las empresas el requisito de la solicitud de autorización de la AFIP y exigiendo a los bancos un preaviso para la compra de dólares.
En julio de 2012, el BCRA prohibió adquirir la divisa estadounidense con fines de ahorro. Desde agosto se obligó a comprarle dólares a ese organismo para realizar viajes al exterior y la AFIP empezó a aplicar un recargo (incrementado en diciembre pasado a 35% y extendido a los paquetes turísticos, pasajes y otros servicios relacionados) a las compras con tarjeta de crédito que hagan los argentinos. La semana pasada se limitaron las adquisiciones por Internet a dos por año y fueron gravadas con un impuesto equivalente a 50% de su monto.
Algunos analistas sostienen que la flexibilización parcial del cepo implementada esta semana no cambia sustancialmente el régimen de control cambiario ni resuelve los problemas que atraviesa la economía argentina, que combina un déficit fiscal creciente (que según Capitanich terminó en 2013 en torno a 0,9% del Producto Bruto Interno) asociado a un significativo aumento del gasto público, una sostenida pérdida de reservas, niveles de inflación que superan el 25% anual medido por consultores privados y una emisión monetaria que se expande fuertemente. Todo eso en un clima de incertidumbre económica y un gobierno que pierde apoyo, mientras las elecciones presidenciales de 2015 se ven cada vez más cerca en el horizonte.
“De acuerdo con cómo está el mercado, es imposible que el gobierno o el Banco Central libere el cepo cambiario porque hoy la demanda de dólares supera ampliamente la oferta y las reservas están caídas”, dijo al canal Todo Noticias el ex presidente de ese organismo, Aldo Pagnanelli. El gobierno busca producir un “shock de mercado”, agregó.
“Si me preguntan cuál es hoy un precio de referencia para el dólar, es nueve” pesos, opinó.
Martín Lousteau, ex ministro de Economía, interpretó los anuncios como una “pérdida total del rumbo que se quiere seguir. (El gobierno) Dice una cosa un día, hace otra al día siguiente. Dijo que no quería devaluar, terminó devaluando”.
Según ese economista, “la gente, con todo derecho, viendo las inconsistencias, piensa que la lógica es que siga subiendo” el valor del dólar.
La calificadora de riesgo Moody‘s afirmó en un análisis difundido esta semana que “salvo esfuerzos creíbles y sostenidos para reducir el déficit fiscal y contener los efectos inflacionarios de la monetización del déficit del Banco Central, no es probable que la devaluación de la semana pasada alivie las continuadas presiones externas sobre Argentina”. Más aún, aseguró que “en vez de calmar la ansiedad”, la política económica azarosa que aplica la administración de Fernández probablemente perpetuará la “incertidumbre y exacerbará la ansiedad”.
Esa agencia estimó que el dólar podría llegar a valer 12 pesos a fines de este año.
Walter Molano, del Banco de Inversión BCP Securities, señaló en un análisis publicado el lunes 27 que las corridas cambiarias “nunca terminan bien, especialmente en Argentina”. Agregó que la “rápida devaluación del peso al final de la semana pasada puso de relieve una pérdida de confianza en la gestión económica del país. Con la temperatura en aumento y las luces parpadeando, los argentinos finalmente perdieron la paciencia. Años de improvisaciones han creado un laberinto de controles de capital y de precios que desconcierta la imaginación”.
Devaluación
Argentina aplica un régimen cambiario de flotación administrada. Cuando la demanda por dólares es fuerte —que fue la tónica de los últimos meses por la incertidumbre política y económica en el país—, el BCRA vende divisas. Ello se tradujo en una sostenida pérdidas de reservas, las que al viernes 24 ascendían a U$S 29.063 millones.
La flexibilización del cepo cambiario se produjo luego de un aumento brusco de la cotización del dólar; el jueves 23 el tipo oficial superó los 8,5 pesos argentinos, mientras en el mercado paralelo la divisa —conocida como “blue”— llegó a operarse por encima de los 13. Fue el mayor salto de la cotización en diez años y llevó la devaluación en enero a aproximadamente 23%.
Kicillof acusó a la petrolera Shell de alentar el empuje devaluatorio con una “maniobra especulativa”. Cuando el dólar se estaba vendiendo a 7,20 pesos la compañía pidió acceder a U$S 3 millones a un precio de 8,40, dijo. “La maniobra fue tan clarita que no hace falta explicarla demasiado”, comentó el ministro en radio Continental. “(...) Tuvimos un ataque especulativo muy fuerte”, señaló.
El presidente de Shell, Juan Aranguren, admitió que la petrolera compró, con autorización del BCRA, U$S 1.561 millones para pagar importaciones y remitir utilidades a su matriz, pero negó la versión conspirativa: “Hubiéramos estado encantados de pagar menos”.
Fernández también aludió a conspiraciones desestabilizadoras el lunes 27 en su cuenta de Twitter. “Los bancos: solo a través de ellos se pueden hacer todas las maniobras especulativas de los mercados. Con la complicidad, claro, de grupos económicos, exportadores e importadores, entre otros”.
Horas después de los anuncios el precio del dólar “blue” bajó y terminó la jornada del viernes 24 en 11,7 pesos. Esta semana la cotización oficial se estabilizó ligeramente por encima de ocho pesos y el paralelo en torno a 12,7.
El nerviosismo inicial que generó el salto devaluatorio en Argentina se reflejó en algunos mercados internacionales y en el uruguayo (ver páginas 28 y 29).