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El avión de un autor de best sellers que se hizo millonario escribiendo libros de autoayuda se estrella en medio de la selva amazónica. Todos creen que el autor ha muerto, incluso su mujer indiferente y su biógrafo. Esta es la anécdota inicial de la entretenida e imaginativa novela El escritor comido, del narrador, dramaturgo, guionista y director de cine Sergio Bizzio, publicada recientemente por un sello uruguayo.
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El personaje central es un antihéroe cochambroso que llega a extremos hilarantes. Se llama Mauro Saupol, nació en Río de Janeiro dentro de una familia muy pobre, es pelado y no tiene mejor idea que ver cómo reacciona el mundo frente a su muerte. ¿Lo llorarán sus lectores durante meses? ¿Saldrán notas de prensa lamentando el insuceso? Saupol, entonces, se aloja en un hotel de mala muerte y se va dando cuenta de que en realidad el mundo no hace mucho caso de su desaparición y de que en la prensa no se ven mayores repercusiones.
Alejado con muy buen resultado de la narración realista, Bizzio hace que Saupol conozca a una tribu de auténticos caníbales y que se convierta en esposo de la hija de un rey primitivo. De esta manera se construye una alucinada ficción, incluso con matices de fábula, donde una mujer cree que su pareja, antes de ser Saupol, fue convertida en tigre, un animal con el que mantiene una relación que incluye paseos y arrumacos.
Bizzio es un prolífico autor de libros de poesía, compilaciones de relatos, y de otras novelas como la excelente “Rabia”, “Infierno Albino”, “Planet” y “Era el cielo”, obras traducidas a varios idiomas como el inglés, el francés, el italiano y el alemán.
Pero volviendo a Saupol, el escritor creado por Bizzio con grandes dosis de humor y absurdo, sabemos que sus éxitos de venta tuvieron títulos “iluminados”, como “El espejo celeste”, “La ida” y “El heredero”, que es elogiado por estrellas estadounidenses como Britney Spears, Sharon Stone y Barbra Streisand, y que —como su creador— es traducido a varios idiomas, recibe anticipos de derechos de autor por millones de dólares y es despreciado categóricamente por la crítica especializada.
Mientras tanto y todo antes de estrellarse el avión, Saupol se dedica a estudiar “astrología y quiromancia y realiza un curso intensivo sobre fenómenos paranormales con un tal Uki Camacho. Asiste a un seminario sobre el poder curativo de las piedras. Toma clases de batería y percusión, hace yoga y capoeira. Todo lo abandona”. Un antihéroe consumado. El periodismo de interés general lo escucha decir frases de estilo newage como “Todos venimos del mismo rayo y somos parte de su misma luz”.
En torno a Saupol aparecen otros personajes: la ominosa Sabana (una mujer con el rostro destrozado por un accidente automovilístico y un cuerpo espléndido), el escritor fantasma de apellido Gil, Ingrid, su esposa inicial y asesora de imagen con la que no mantiene relaciones sexuales, y el aprovechador Tom Cousiño, un periodista de poco fuste contratado para escribir su biografía.
Bizzio estira los límites de lo surreal y del absurdo para llegar a grandes momentos bizarros que causan una certera sensación de comicidad y perplejidad a quien se acerca a esta historia.
Como buen guionista, el autor sabe expresar en imágenes los avatares de esta aventura extraña. “El cielo estaba lleno de estrellas muertas. Millones de ranas festejaban el fin del conflicto gritando todas a la vez, como una pesadilla que se automusicaliza. Gil despegó los labios para decir algo. Casi en el acto, como si la realidad entera (una realidad todavía no tomada por ninguna escuela) saltara para ordenarle que no lo hiciera, cerró la boca y, frente a ellos, de pie en una canoa, en perfecto equilibrio, apareció un enano pálido y completamente desnudo, completamente inmóvil, sujetándose de una lanza en el lecho del río”.
A través de esta novela se lee, además, una amarga interrogación a la “fama” editorial, a la identidad esquiva del escritor “exitoso” y a la identidad personal en sí: quiénes somos, para quién somos, cómo somos, etc.
En esta aventura salvaje, Saupol la pasa en partes iguales de manera placentera y de forma horrible, hasta llegar, incluso, al horror. “Todos los días eran más o menos así, una larga serie de sueños en tiempo real; lo adoraban como a un dios. Y de hecho lo era. ¡Había pasado por tantos cuerpos, había padecido tantos embrujos y transfiguraciones! De príncipe de la montaña invisible a tigre, de tigre a ser humano, de ser humano a despojo y de despojo a dios, distinto cada vez, con otra cara y otro cuerpo y otra piel, pero siempre con la misma luz y voluntad de amar. Esta, sin embargo, era su etapa más difícil, la etapa en la que el dios se asienta en su forma definitiva”.
Con una prosa energética y vital, ingeniosa y disparatada, Bizzio traza acertadas definiciones humanas, como la que hace del amor, cuando este funciona: “La espiral de sus transformaciones no hacía mella en lo que sentía por él: la satisfacía sexualmente, reavivaba su deseo, la hacía soñar, gemir, caminar más rápido, peinarse, adornarse, pensar”. Una novela entretenida, que se lee de un tirón en una tarde cualquiera de verano.