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    Asesor de Vázquez en seguridad quiere “tolerancia cero” contra los delitos porque hay que perseguir hasta el “robo de una gallina”

    Daniel Borrelli cree que no hay ningún barrio seguro, que “la gente se tiene que volver a sentir libre de caminar por la calle” y que la cárcel sirve para disuadir porque los delincuentes “se quiebran” cuando caen “en ese infierno”

    Un pastor alemán mostrando los dientes, acompañado de la leyenda “dura lex”, parte de un aforismo latino que significa que la ley es dura (dura lex, sed lex), pero es la ley. Esa es la imagen elegida por Daniel Borrelli, ex ministro del Interior durante el gobierno de Jorge Batlle y actual asesor en seguridad del candidato por el Frente Amplio, Tabaré Vázquez, para el perfil de su cuenta de Whatsapp.

    Borrelli, quien se especula que puede ocupar un cargo importante en el área de seguridad durante un eventual gobierno de Vázquez, tiene un discurso disonante con el de la izquierda tradicional. Habla sin problema sobre la necesidad de aplicar “mano dura” y “tolerancia cero” contra la delincuencia y dice que su vocación es el Derecho Penal “desde el punto de vista de la prevención y la represión” y “no de la defensa del delincuente”.

    Cuando era juez penal, desde las filas del Frente Amplio se lo trataba de “represor” porque “ponía penas altas y protegía a las víctimas”, recuerda Borrelli, que hoy se desempeña como fiscal de gobierno, cargo en que lo designó Jorge Batlle.

    El asesor de Vázquez tiene reparos con dos de las principales ideas del oficialismo en seguridad: la regularización de la marihuana y el mantenimiento de la edad de imputabilidad penal en los 18 años.

    Este abogado de 62 años parece enojarse cuando se le pregunta si su pertenencia a la Masonería es lo que lo une a Vázquez. “Quien viene a la Masonería para acomodarse, buscar un cargo o estar mejor en su trabajo está muy equivocado, y así como entra tiene que salir”, contesta.

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista que Búsqueda realizó a Borrelli.

    —A usted siempre se lo identificó con el Partido Colorado. ¿Qué lo llevó a adherir a la fórmula del Frente Amplio?

    —Estaba identificado con el Partido Colorado porque estuve 10 años en él. Como jefe de Policía, como subsecretario del Interior y después como ministro (en el final del gobierno de Jorge Batlle, en 2004). Pero yo maduré en el Poder Judicial. Entré a los 27 años como juez y estuve hasta los 42. Madurar en el Poder Judicial hace que uno no tenga ideología política determinada. Se puede ser un poco más conservador o más progresista, más de derecha o un poco más de izquierda, como le gusta decir a la gente. Aunque izquierda y derecha no son términos que utilice normalmente para definir políticas. Nunca tuve esa ideología de partido, me crié con un norte que fue la Constitución de la República y, dentro de eso, con una profunda vocación por el derecho penal desde el punto de vista de la prevención y la represión, no de la defensa del delincuente. Jamás estuve en una lista del Partido Colorado, nunca me lo ofrecieron cuando ocupé cargos en gobiernos colorados. Siempre se me vio como un técnico, no como un político. Ahora creo que el doctor Tabaré Vázquez es el mejor para llevar adelante el gobierno en los próximos cinco años del país.

    —¿Cómo se puede mejorar la situación actual de seguridad?

    —Ha cambiado mucho en materia de seguridad desde que yo estuve en el Ministerio del Interior. Uno de los factores que más cambió fue la violencia, la introducción explosiva y tremendamente dañina del narcotráfico. La arremetida de la pasta base, una droga que ha devastado a las capas que estaban más propensas a cometer delitos. Provoca las pequeñas rapiñas, los arrebatos y genera la situación de inseguridad en distintos barrios. Hoy ya dejó de ser seguro cualquier barrio.

    —¿La regulación de la venta de marihuana por parte del Estado puede ser un mecanismo para combatir ese narcotráfico?

    —En cuanto a atacar el mercado de la marihuana puede ser efectiva. Pero va a ser muy difícil llevar a la práctica la regulación de la venta de marihuana. Veo difícil la regulación de la venta del cannabis.

    —Si usted tuviera un cargo en seguridad en el próximo gobierno, ¿qué acciones de efecto inmediato se deben tomar para solucionar los temas de inseguridad?

    —Mucha presencia policial en la calle es fundamental para prevenir mediante la persuasión. Este gobierno ha hecho una cosa que yo pretendí hacer cuando era ministro y no pude por temas presupuestales: potenciar la Guardia Republicana. Algunos de los jefes de Policía que he visto en estos 10 años decidieron sacar los coraceros a caballo por 18 de Julio, algo que parece poco usual. Sin embargo dio un resultado muy importante. La gente lo miraba —las personas normales— con respeto, con agradecimiento. Decían: ‘Mientras estos anden a caballo no me van a arrebatar ni me van a rapiñar’.

    —En parte de la izquierda uruguaya existe un cuestionamiento a la represión. ¿Cómo se puede lidiar con eso?

    —Si uno quiere gobernar, tiene que atacar los problemas fundamentales que tiene la sociedad, y hoy uno de los problemas fundamentales es la inseguridad. Si uno quiere atacar la inseguridad, uno de los factores es la represión, no queda otra. No hay otra solución. Es decir, tratar de prevenir el delito primero. Como juez siempre defendí la idea de proteger a la víctima y luego reprimir con fuerza. Cuando era juez, desde las propias filas de la izquierda se me decía represor. Se me tildaba de juez represor porque yo ponía penas altas y protegía a las víctimas. Cuando el delito se comete, ya hay una víctima y esa persona queda con un trauma. Pasa en un arrebato, cuando a alguien lo tiran al suelo para robarlo. Ni que hablar si hay un homicidio, un copamiento o una violación. Prácticamente esa persona no se recupera más. Por eso hay que prevenir. Si la prevención se da mediante la disuasión, la presencia policial y mediante controles en la calle, mediante el pedido de documentación, bienvenido sea. Pero luego que se produce el delito, bueno, hay que reprimirlo para esclarecerlo.

    —¿Cómo se mejora el esclarecimiento de los delitos?

    —Hay que proponer una gran policía de investigaciones. Un ejemplo es el modelo de Chile. También hay que mejorar la coordinación entre la Policía y la Justicia, porque a veces hay problemas. Si me toca asesorar, lo voy a señalar: generar una coordinación permanente entre ambas instituciones. Hay que tener un Ministerio Público independiente, el cual pueda coordinar las políticas de seguridad con la Policía, porque este es un problema de todo el Estado.

    —¿Es partidario de la tolerancia cero y de más mano dura contra la delincuencia?

    —Sí, siendo jefe de policía de Salto apliqué una tolerancia cero y tuvo mucha repercusión. Tolerancia cero pero siendo realista. Evidentemente que todo Estado tiene que tener tolerancia cero contra los delitos, porque yo no puedo decir: a estos determinados delitos no los reprimo y ni siquiera los investigo. El Uruguay no puede darse el lujo —como algunas doctrinas europeas— de decir que a los delitos de bagatela no se los persigue porque le salen caros al Estado. Antes se decía que no se puede perseguir el robo de gallinas y eso no se puede permitir. Hay que perseguir todos los delitos porque es igual de víctima aquel al que le roban una gallina, que al que le entran a su casa o le roban los championes.

    —El ex ministro del Interior durante el gobierno de Vázquez, José Díaz, planteaba que había que atacar las causas sociales del delito. ¿Cómo explica que en los últimos años se haya instalado el concepto de “mano dura” como algo negativo?

    —Eso tiene que ver con lo que decía al principio de la formación de cada uno. Gente que se formó en una ideología de una protección a los derechos humanos, a los derechos de aquellos que cometen delito, que vienen de una raíz social importante. Viví en la facultad los últimos años de la democracia previo a la dictadura. Viví esa efervescencia de todo aquello que era represión. La gente que vivió aquel sesentismo no ve que hoy estamos ante otra realidad. Estamos en el siglo XXI. ¡Y hoy tenemos problemas de seguridad importantes! Que Uruguay está mejor que otros países de América Latina es evidente, pero tenemos que evitar caer en un problema difícil de salir. Creo que todavía tenemos tiempo y posibilidades de revertir esto, de no pasar una línea en la cual después es muy difícil volver atrás. La gente se tiene que volver a sentir libre de caminar por la calle. Todo el mundo trata de protegerse: rejas, alarmas, perros, y sale a la calle con miedo. O no se va de vacaciones. Eso hay que revertirlo.

    —Usted dijo que la baja de la edad de imputabilidad penal a 16 años puede ser una herramienta. ¿Desde qué punto de vista?

    —Es un tema complicado porque cuando yo era juez, y aun cuando era ministro, estaba de acuerdo en bajar la edad de imputabilidad penal a 16 años. Al adherir al doctor Tabaré Vázquez como un hombre que puede solucionar los problemas del país de aquí a cinco años, tengo todo el respeto de decir que no adhiero a la consigna.

    —¿Pero la va a votar?

    —Bueno, el voto es secreto.

    —Quienes defienden la reforma constitucional señalan que la cárcel puede disuadir a esos menores a no cometer delitos. ¿Qué opina al respecto?

    —La cárcel siempre disuade, aunque muchos digan que no. ¿Sabe a quién no disuade? Solamente a los borrachos, a los locos y a los que están muy drogados. Estuve 15 años en el Poder Judicial y vi que la cárcel disuade. Vi gente muy quebrada adentro de la cárcel y que, aparentemente, no les importaba nada cuando estaban en libertad, pero cuando caen en ese infierno se quiebran. Algunos dicen que los delincuentes no leen el Código Penal. Es verdad, pero saben bien el infierno que es la cárcel.

    —En los últimos días, diversas personas especularon que su acercamiento a Vázquez se debe a la Masonería. ¿Qué puede decir al respecto?

    —Le puedo decir que yo soy masón. Y soy masón por convencimiento de hace 25 años. No le puedo decir si otra persona es masón, pero le puedo decir claramente que quien viene a la Masonería para acomodarse, para buscar un cargo, o para estar mejorar en su trabajo está muy equivocado, y así como entra tiene que salir. La institución lo debe sacar o él mismo se va. Yo no me ato a dogmas, la Masonería me enseñó a tener librepensamiento.