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Cuando a mediados del año pasado la Unión Europea reabrió sus fronteras a Uruguay, la Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas (DGRTID) quedó sorprendida por los hallazgos de su delegación en el Aeropuerto Internacional de Carrasco. En dos días detuvieron a tres personas por intentar viajar a Europa con un total de 5,2 kilos de cocaína y dos semanas después dieron aviso a España para que capturara a otra que pretendía ingresar un kilo de droga a Madrid. Una “situación muy peculiar”, según definió a Búsqueda una fuente policial, que desde la Policía Nacional atribuyen a una cierta “desesperación” de los distribuidores relacionada con las limitaciones por la pandemia de Covid-19, que afectan al narcotráfico.
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La lucha contras las drogas fue discutida por el gobierno a fin de año en una reunión regional sobre crimen organizado. Uruguay, anfitrión del encuentro, presentó un análisis de la Red Nacional de Drogas, del Observatorio Uruguayo de Drogas y de la DGRTID, que al comentar sobre algunos de los casos de 2020 mencionó los ocurridos en el aeropuerto de Carrasco. El documento presentado en ese momento, al que accedió Búsqueda, menciona la vía aérea como una de las principales vías de egreso para la venta de estupefacientes; se refiere específicamente a los envíos postales y a los correos humanos, dentro de los cuales “se advierte un aumento en la modalidad de ingesta”.
Los correos humanos, usualmente denominados como mulas en la jerga criminal y policial, son personas que llevan la droga en su equipaje, diluida en líquidos como bebidas o shampoo, adherida al cuerpo, oculta en el ano o la vagina, dentro del cuerpo luego de tragarla en cápsulas e incluso impregnada en la vestimenta que llevan puesta.
El 13 de agosto, por ejemplo, personal de la DGRTID y de Crimen Organizado e Interpol incautó en el check-in de Carrasco 1.647 gramos de cocaína que un hombre escondía dentro de su ropa interior y pegada con cinta en su abdomen. También en el aeropuerto, ese mismo día, integrantes de la Dirección de Investigaciones de la Policía notaron irregularidades en el fondo del bolso de mano y de un estuche de notebook de un pasajero: transportaba ocho bolsas de cocaína con un peso de 2.609 gramos. Al día siguiente fue otro hombre con el mismo destino que los dos anteriores —Madrid— quien intentó abordar un vuelo con 114 cápsulas de cocaína dentro de su cuerpo detectadas por un escáner corporal, las que debió expulsar con asistencia médica en el Hospital Maciel. El peso total eran 950 gramos.
A fines de agosto, la Policía advirtió a la Guardia Civil del aeropuerto de Barajas que un hombre buscaba entrar a España con droga transportada desde Carrasco. Al arribar a destino encontraron en su estómago 140 cápsulas de cocaína.
Los casos hacen pensar a la Policía que el cierre de fronteras a raíz del coronavirus detuvo el tráfico usual de cocaína y obliga a las organizaciones criminales, una vez que se reabren las fronteras, a mover al extranjero el stock de droga con otros métodos además de los más tradicionales, como el marítimo.
La hipótesis parece ir en línea con un reporte elaborado en mayo por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) sobre el Covid-19 y la cadena de suministro de drogas, desde la producción y el comercio hasta el consumo. “El tráfico de diferentes drogas se ha visto afectado en diversos grados por las restricciones a la circulación y el cierre de fronteras impuestos para prevenir la propagación del Covid-19”, señala el estudio, que advierte por un posible “aumento de las reservas de droga que puede provocar un exceso en la oferta una vez que se levanten las restricciones”.
En Uruguay, además de las mulas también se han incrementado las interceptaciones de envíos postales hacia Europa, señalaron fuentes oficiales a Búsqueda, que aseguran que la pandemia “perjudicó” a los narcotraficantes al forzarlos a enviar en poco tiempo todos sus cargamentos hacia ese continente y Asia.
El año pasado hubo al menos tres casos de africanos que, tras ingresar al país con drogas, fracasaron luego en enviarla a Europa por correo. Uno fue detenido en la terminal de Rivera con casi 10 kilos de cocaína, el segundo en un hotel de Montevideo con cinco kilos y el tercero en otro hotel capitalino en donde tenía pronta para despachar una estatuilla de una virgen que ocultaba un kilo y medio de la droga.
LUC
El documento de la Dirección de Drogas fue presentado por el comisario Peter Montaña, jefe del Área de Información de esa unidad, el 25 de noviembre en el ámbito del Mercosur durante la Reunión Especializada de Autoridades de Aplicación en Materia de Drogas, de la que participaron por videoconferencia delegaciones de seguridad de Uruguay, Argentina, Brasil y Paraguay.
La presentación menciona la vía marítima como otra principal puerta de salida de la droga al exterior, concretamente en el puerto de Montevideo mediante exportaciones de lana y soja, entre otras, contaminadas con sustancias estupefacientes. De todas maneras, advierte “una mayor dificultad por parte de las organizaciones, respecto al egreso de sustancia estupefaciente, debido al incremento de controles de escáner” en el puerto. Tras las sonadas megaincautaciones de cocaína que tuvieron al puerto de Montevideo como eje en 2019, la Dirección Nacional de Aduanas mejoró el sistema de inspección móvil de contenedores y vehículos, y el servicio de operación y software de procesamiento de imágenes.
Más allá de la tecnología, legalmente también se añadieron herramientas para disminuir el comercio internacional de droga. El artículo 70 de la Ley de Urgente Consideración (LUC) cambió disposiciones en la Ley de Estupefacientes para aumentar de tres a 10 años de penitenciaría la pena de aquel que organice o realice “actos tendientes a la introducción ilegal a países extranjeros” de sustancias ilícitas. La pena anterior era de 20 meses de prisión a ocho años de penitenciaría.