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Aumenta la proporción de mujeres con doctorados en Uruguay, aunque persiste el “techo de cristal”
Más de la mitad de los doctorados emigrados quisieron regresar a Uruguay, pero solo 11% lo logró; de estos, la mitad volvió a irse debido a “mejores ofertas” o “falta de apoyo estatal”
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La creciente cantidad de mujeres con doctorados es una “tendencia mundial”, sobre todo en países de Europa y América, y también en Uruguay, donde las disparidades entre estos titulados se dan por género y área de conocimiento. Mientras los hombres tienen una mayor presencia en las áreas de Ingeniería y Tecnología, Ciencias Agrícolas y Ciencias Sociales, las mujeres predominan en las Ciencias Médicas y en Humanidades. En tanto, las Ciencias Naturales y Exactas no muestran mayores diferencias, aunque los hombres predominan en Matemática y Física, y las mujeres lo hacen en Biología y Química.
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El diagnóstico surge de un informe sobre el perfil de los profesionales que han obtenido ese grado académico, elaborado por el Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales y el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República (Udelar), fechado en julio.
La investigación se basó en el Primer Censo de Uruguayos e Inmigrantes con Título de Doctorado (2017), realizado por el Grupo de Estudios Migratorios, que detectó a 2.415 doctorados. De ellos, 1.775 vivían en Uruguay y 640 residían fuera del país. De acuerdo con el análisis, la enorme mayoría de los titulados nació en Uruguay (91,2%), casi la mitad son mujeres (48%), la edad promedio es de 50 años y en general se caracterizan por una “fuerte y creciente internacionalización”.
En ese contexto, el número de mujeres doctoradas ha ido en aumento en los últimos años y en las cohortes más jóvenes ya supera la mitad. Ahí es donde se observa con más claridad la “tendencia” regional y mundial, dijo a Búsqueda la demógrafa Adela Pellegrino, coordinadora del equipo de investigación. El equipo académico lo completó Luciana Méndez, Sofía Robaina y Andrea Vigorito, con la colaboración de Santiago Burone, la coordinación de Ximena Fernández, y el soporte informático de Matías Bentancor.
Circulación de talentos
El censo de migración calificada mostró que hay 4,5 personas con nivel de doctorado cada 10.000 habitantes. Uruguay supera así el promedio de los países de la región, pero se ubica “muy lejos” de los Estados que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que en su conjunto representan el 80% del PBI mundial, apuntó Pellegrino. “Al compararnos con el mundo desarrollado nos damos cuenta de que falta mucho”, dijo.
Así y todo, la demógrafa se mostró “sorprendida” por la cantidad de doctorados uruguayos que hay dentro y fuera del país: 2.415 como piso. “Una imagina cómo sería Uruguay si pudiéramos captar a toda esa población”, planteó la demógrafa.
En el caso uruguayo se agregan “las dificultades de consolidación de la investigación” y “las fluctuaciones en términos de remuneraciones, plazas de trabajo disponibles, estabilidad de empleo, recursos públicos y privados para la investigación”, además de “las escasas políticas de retención y vinculación”, así como “la tardía disponibilidad de programas de doctorado” locales.
Así, son muchos los uruguayos que tras recibirse de doctores deciden continuar su formación fuera del país. Actualmente, la Udelar impulsa una política de conexión con sus egresados en el exterior, dijo a Búsqueda el rector Rodrigo Arim. El problema central es la revinculación, planteó, porque “no hay fuga de cerebros si alguien se va a estudiar y vuelve”. Para Arim “es buena cosa” que los uruguayos tengan una propensión a buscar formación afuera del país; el desafío es que retornen.
También es positivo el brain-gain y la “circulación de talentos”, sostuvo, aludiendo a las oportunidades de establecer vínculos de colaboración internacionales que permitan mitigar la pérdida de recursos altamente calificados.
En ese sentido, la colaboración más habitual de los uruguayos residiendo en el extranjero con Uruguay consiste en la orientación de estudiantes (76%) y en la participación de proyectos de investigación (58%), según el informe.
Ahora la universidad se enfrenta a la necesidad de desarrollar políticas “a nivel central” que contribuyan a “generar redes atractivas” para los titulados emigrados. En un marco de restricción presupuestal —hasta 2020 no habrá un incremento— la Udelar busca abrir nuevos cargos de dedicación total (Búsqueda Nº 2.000).
Según el informe, entre los doctorados hay casi pleno empleo (95,5%) y 20% tienen más de un trabajo. Nueve de cada 10 censados nacieron en Uruguay, y el 66,8% realizó sus estudios fuera del país.
Otro dato que llamó la atención a los investigadores es que más de la mitad de los doctorados que emigraron quisieron regresar a Uruguay (54%), pero solo 11% pudo hacerlo. Y dentro de ese grupo, la mitad permaneció en Uruguay un promedio de dos años y luego volvió a emigrar. Los motivos de las partidas van desde una mejor propuesta laboral en el país donde reside (82%), seguido por falta de apoyo del Estado (57,1%), y un salario insuficiente para cubrir sus necesidades (45,5%).
“Esto confirma que los profesionales tienen dificultades para integrarse en el país. Esa es una realidad. Las posibilidades de hacer una carrera científica o de investigación son más complicadas aquí que en el exterior. Aunque en estos años se ha avanzado mucho, la vuelta a Uruguay no es fácil”, aseguró Pellegrino.
Barreras invisibles
Más allá del creciente número de mujeres con título de doctorado, pervive la percepción del llamado glass ceiling o “techo de cristal”, afirmó Pellegrino, en alusión a la expresión metafórica que hace referencia a las barreras invisibles que impiden que las mujeres accedan a los puestos o grados más altos en el sector empresarial y académico.
Las mujeres están creciendo en la vida académica, pero de todas maneras tienen más dificultades para acceder a los cargos superiores. “¿Eso se debe a una opción? ¿Es que no pueden? ¿O es que la competencia con las actividades en el hogar o la maternidad hace que las mujeres no lleguen tan rápido como los hombres a ciertos ámbitos de jerarquía o de poder?”, planteó la demógrafa, que en octubre recibió el doctorado honoris causa de la Facultad de Ciencias Sociales.
“Lo del techo de cristal está cambiando. Pero todavía se tiene que consolidar esa tendencia”, dijo Pellegrino.
Así y todo, la amplia mayoría de los encuestados consideran que existen barreras para las mujeres, si bien surgen diferencias de opinión según lugar de residencia, campo de conocimiento y sexo.
Los argumentos más recurridos son la existencia de “estereotipos de género que afectan la autovaloración y la valoración entre pares” (36,2%), la coincidencia entre el ciclo de vida familiar y el ritmo de ascenso en la carrera profesional (36%), y las diferencias en los procesos de promoción en la carrera para hombres y mujeres (26,7%).