Casi uno cada ocho. Esa es la proporción de las denuncias por delitos sexuales que terminaron con al menos una persona condenada en 2020. Si es una violación, la posibilidad de una sentencia es de una en 4,6. Si es de abuso sexual, el delito más frecuente, es de una en 8,1. Ese año hubo 3.387 denuncias, 11% más que en 2019, sobre agresiones sexuales de todo tipo, desde violaciones a explotación o exhibiciones pornográficas. Fueron unas nueve denuncias por día. Y el 80% de las víctimas fueron mujeres.
La referente de Cotidiano Mujer, Soledad González, dijo a Búsqueda que el bajo porcentaje de denuncias que han desembocado en condenas (13%) está relacionada a la falta de personal, peritos y juzgados especializados en el tema. “No puede ser que en cada fiscalía que toca estos temas haya 800 casos. Es humanamente imposible” investigarlos, planteó. De todas formas, aclaró que esto no quiere decir que el 87% restante se haya archivado, sino que algunas puede seguir en proceso.
“Más frecuente de lo que se piensa”
Las agresiones contra mujeres, que son víctimas de femicidios, violaciones y agresiones sexuales, siempre reciben la condena pública y el reclamo de mujeres feministas y militantes, que protestan por la falta de recursos y políticas para prevenir estas situaciones. Pero este caso trascendió las voces más frecuentes y despertó indignación en sectores habitualmente más silenciosos, impactados por el hecho de que se cometiera una violación grupal, con semejanzas al tristemente célebre caso de “la manada” en España. Varios hombres usaron sus redes sociales para pedir justicia y hacer mea culpa sobre la cultura machista que sirve de caldo de cultivo a estas agresiones.
Sin embargo, según dijeron a Búsqueda distintos actores judiciales relacionados al tema, situaciones como la ocurrida el domingo están lejos de ser aisladas e inéditas. Con el aumento de denuncias de delitos sexuales, también se percibió un incremento de situaciones de abuso y aun violaciones grupales. Existe la certeza de que se está ante la punta de un iceberg, ya que por vergüenza, por sentirse en parte responsables de lo ocurrido o por el temor a enfrentar un proceso policial y judicial doloroso, un porcentaje grande y no estimado de las víctimas no denuncia.
“En general, las denuncias y los casos de todo tipo han aumentado. También las violaciones grupales. Por suerte, no son la mayoría”, afirmó Darviña Viera, fiscal de Delitos Sexuales quien hasta octubre estuvo a cargo de la investigación de la llamada Operación Océano. Si bien las mujeres son las víctimas más frecuentes, no hay tal cosa como un común denominador: no siempre ocurre en la noche, no siempre hay alcohol ni otro tipo de sustancias. La fiscal recuerda el caso de un hombre abusado por compañeros de trabajo “como si fuera una gracia”. Tampoco hay un perfil clásico de un victimario: “Casi siempre son tipos comunes y corrientes”.
Para la asistente social Mariela Solari, directora de la Unidad de Víctimas y Testigos de la Fiscalía, surgida en 2017 con la puesta en marcha del nuevo Código del Proceso Penal, no hay mejor indicador de este incremento que la cantidad de profesionales que enfrentan estos casos: en 2017 había dos fiscalías especializadas en Delitos Sexuales, hoy son ocho. De las 16.000 personas que la Unidad de Víctimas ha atendido desde su creación, 60% sufrieron delitos sexuales.
“La mayoría de las situaciones de violación se dan en contextos intrafamiliares y otro importante porcentaje es en la vía pública, como en fiestas o bailes, donde se dan más situaciones de abusos grupales. No son tan infrecuentes. Este caso (el del Cordón) es más notorio porque tuvo trascendencia pública y se trató de una mayor de edad”, señaló Solari.
Consultada sobre qué tan comunes eran las violaciones grupales en el país, la fiscal Lovesio señaló a Doble click de FM del Sol el martes 25 que hay un “aumento significativo” de todos estos delitos: “En delitos sexuales a mí ya nada me asombra ni me llama la atención” y “la realidad supera ampliamente a la ficción”, dijo.
No hay un perfil del violador ni de la víctima, agregó la abogada Alicia Deus, especializada en abusos sexuales. Su experiencia en la materia incluye participación en la mediática Operación Océano y en un recordado caso ocurrido en Valizas en el verano de 2019, en la que una chica denunció haber sido abusada por tres hombres en un camping. “He tenido conocimiento de situaciones similares a esta que no tomaron estado público e incluso no se han denunciado. Para mucha gente esto es algo nuevo, sin precedentes, pero yo no lo veo así. No tuvieron la difusión de este caso, pero es más frecuente de lo que se piensa”, indicó.
Los casos siguen aumentando. Según datos del Ministerio del Interior, los delitos sexuales crecieron 7,7% entre enero y octubre de 2021 respecto al mismo período del año anterior.
Cultura dominante
No fue indignación lo único que se vio en las redes tras la violación en el Cordón. También hubo expresiones que, como ocurre en los delitos sexuales, cargaron la responsabilidad en la propia víctima. Por qué se fue con un desconocido, cómo estaría vestida, qué habría tomado. “Por este tipo de situaciones, en un contexto recreativo como un baile, se pone a la mujer como culpable. Y esa culpa es la que a veces provoca que no haya denuncias”, señaló Solari.
Es una idea todavía arraigada en la sociedad. De hecho, el martes 25, el comunicador Martín Fablet se preguntó en el programa Las cosas en su sitio de Radio Sarandí, apelando a su rol de padre: “¿No es un consejo el de ‘no me hagas trompita en los Instagram que sacás, no me hagas videítos moviendo la colita’?”. El repudio en las redes ante estos dichos fue inmediato.
“Están la vergüenza, el estrés postraumático o la idea de que nadie les va a creer ni entender. Eso es algo que está instalado en esta sociedad. Son las propias víctimas las que piensan que alguna responsabilidad tuvieron debido a la cultura dominante”, dijo Deus.
Solari dijo que es fundamental “crear canales de denuncia seguros” y “mensajes judiciales claros” que marquen a fuego que buscar recreación “no habilita a ninguna agresión sexual”. En su unidad contienen a la víctima y escuchan lo que ella quiere y puede decir. No recogen testimonio. Dependiendo la edad, el abuso recibido y el daño generado algunas pueden hablar y a otras “parece que les apagaron su luz”. Lo que intentan hacer es quitar cualquier sentimiento de culpa, reubicar responsabilidades y prepararlas emocionalmente para que puedan decir qué les pasó.
No es una tarea fácil. El estrés postraumático de sufrir una violación puede generar consecuencias emocionales que se arrastran por años. “Algunas no lo pueden superar. Otras recién lo pueden poner en palabras tras terapia o medicación años después”, indicó Deus.
La existencia de unidades especializadas es un elemento de contención y reparación. Los cambios que se están produciendo en la sociedad, aunque lentos, son otros.
Cosas que cambian
En enero de 2014 se viralizó un video de una joven de 27 años, estudiante de Medicina, practicándole sexo oral a un grupo de varones en el camping de Santa Teresa. Más de quince hombres se vieron involucrados. La mujer alegó que actuó bajo efectos de drogas, que no era consciente de sus actos y que fue violada, además, por un funcionario policial y otro militar. Tampoco había consentido que la filmaran ni difundieran el video.
El caso fue archivado en la Justica. La banda pachanguera The Party Band sacó de inmediato un tema paródico, El baño de Santa Teresa, aún disponible en YouTube.
De acuerdo con la abogada Deus, ese episodio al menos generó la Ley Nº 19.580, promulgada en diciembre de 2017, que estipuló como delito la difusión de videos íntimos sin consentimiento de alguno de los involucrados.
Cinco años después una mujer denunció haber sido violada por tres hombres en un camping de Valizas. Al principio fueron imputados, pero en julio de 2020 resultaron absueltos en segunda instancia, entendiendo que hubo consentimiento. “En ese fallo aparecieron todos los estereotipos de género más evidentes y groseros: la provocación de la mujer y la falta de evidencia física de haberse resistido. Es más que claro que la falta de resistencia y el silencio no equivalen a consentimiento”, afirma Deus, quien fue abogada de la denunciante.
Una diferencia entre este caso del Cordón y el de Valizas es la celeridad de la denuncia. En el de 2019, el hecho ocurrió en la madrugada de año nuevo y la denuncia recién se efectuó el 4 de enero. En este último, ya el lunes se había difundido la denuncia de la mujer atacada. Deus señaló también que en el ataque sexual actualmente investigado se registraron “secuelas físicas importantes” que motivaron las acciones.
También hubo otra diferencia. Más allá de expresiones que atribuían la responsabilidad a la mujer, la inmensa mayoría de las repercusiones fueron de indignación y rechazo a lo ocurrido, mucho más que en 2019 y —ni que hablar— 2014. “Puede ser que haya más sensibilización, otra visibilidad a la problemática”, concluyó la abogada.
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