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A principios de enero el bitcoin cumplió 13 años. Su creación se le atribuye a Satoshi Nakomoto, pero nadie sabe quién es. Para Martín Licosatti –especialista en inversiones de la sociedad bursátil Gletir– esa persona “no existe”, y cree que la criptomoneda fue diseñada por un grupo integrado por ingenieros en sistema, economistas, financieros y abogados.
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En su corta historia, el bitcoin ha tenido “correcciones enormes” y se “ha recuperado”, aunque todavía es “muy difícil entenderlo” en la industria financiera, dijo Licosatti a Búsqueda. Hasta el miércoles 9, su precio estaba cerca de los US$ 44.000. “Es muy delicado para empezar a incluirlo en las carteras de inversiones tradicionales”, agregó.
Licosatti consideró que el bitcoin es la criptomoneda más “seria” y, en segundo lugar, está el ethereum. “Del resto no me animo a opinar”, dijo. Explicó que hay “un montón” de activos virtuales, que muchas veces “desaparecen a diario” o que, “de repente”, valen cero.
Para Licosatti, son tres los “principales atractivos” que tiene el bitcoin: el “principio de escasez, la descentralización” y que el programa de emisión se conoce de antemano. Se sabe que solo habrá 21 millones de unidades de esta moneda en total y ese nivel se alcanzará en unos 100 años.
Los reguladores tienen la potestad de emitir “lo que quieren de su propia moneda. La ventaja que tiene el bitcoin es que este riesgo no lo asumís. Si los bancos centrales emiten demasiado, pueden producir inflación y desvalorización de su moneda”, indicó.
Que haya un máximo de 21 millones de bitcoins es la explicación de que este activo se pueda convertir en una moneda “antiinflacionaria”, dijo, aunque sostuvo que no cree que “vaya a reemplazar” a las tradicionales. “Puede ser un refugio de valor que te proteja contra la inflación. Como un oro electrónico”, comentó.
“Arriesgados”
Licosatti se considera parte de la industria financiera “más vanguardista”, que está “abierta” a recomendar las inversiones en criptomonedas, que por el momento no son consideradas un “asset class” por los asesores bursátiles. “Tiene muchísima volatilidad, producto de la incertidumbre que genera algo tan disruptivo” e “inmaduro”.
El especialista consideró que serán “muy útiles” las “regulaciones y las políticas de protección a los inversores”, que están en la agenda de algunos reguladores, como el Banco Central (BCU).
Las inversiones en criptomonedas pueden tener lugar para los inversores más “arriesgados”, quienes “conocen el mercado financiero” y saben en profundidad de los activos virtuales, pero no para los más “tradicionales”. Las conversaciones con los clientes de la sociedad bursátil son de “docencia” sobre los “riesgos” que implica operar con estos activos.
Licosatti consideró que en la medida en que el bitcoin “tenga más recorrido” y las regulaciones protejan al inversor, perderá “algo de volatilidad” y tendrá más lugar en los portafolios tradicionales.
Para los “inversores profesionales”, en cambio, “sería razonable” que incluyan en su cartera, en un porcentaje menor, este activo virtual. Aclaró que no hay una porción “ideal” porque eso depende de cada inversor, pero sí aconsejó que sea “en la parte de tecnología” del portafolio. “Una parte chiquita”, definió.