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Los micrófonos aún encendidos captaron un diálogo destinado a ser privado. El líder soviético Mijail Gorbachov, absorbido por problemas internos, sin embargo había dado luz verde a la reunificación del viejo enemigo de Rusia con la frase “son los propios alemanes quienes deben decidir su futuro”. Debido a ello, el canciller Helmut Kohl y su ministro de Relaciones Exteriores Hans Dietrich Genscher, que en febrero de 1990 finalizaban una conferencia de prensa en Moscú, estaban felices.
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Esta no fue la única escena extraordinaria representada por Gorbachov en relación con el tema. En una reunión con el presidente estadounidense George Bush y su secretario de Estado James Backer había llegado a decir que la presencia estadounidense en Europa era “necesaria” y quiso volver a una “coalición”: “¿Somos acaso más estúpidos que Roosevelt y Stalin?”, se preguntó.
Luego de discutir un rato, Gorbachov dejó a todos de boca abierta. “Formulémoslo así pues: Estados Unidos y la Unión Soviética coinciden en que la Alemania unida (…) decidirá por sí misma de qué alianza será miembro”.
¡Bingo!, se dijo Bush. Mientras los asesores soviéticos se desesperaban y el canciller Shevardnadze le hablaba al oído a Gorbachov, los estadounidenses alucinaban.
“Una de las escenas más extraordinarias que haya presenciado jamás”, dijo luego el asesor del presidente Bush, Robert Zoellick.