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    Brasil busca retomar impulso económico, entre deportes y comicios

    Pelota al medio, un puntapié y todos aplauden. Es un zapato de mujer, el de la presidenta —y probable candidata a la reelección— Dilma Rousseff, que inauguró a fines de mayo en Brasilia y Recife los últimos dos estadios que serán sede este mes, junto a otros seis, de la Copa Confederaciones de fútbol. Brasil se mueve con el deporte, pero las estadísticas muestran que su musculatura económica perdió vigor.

    Desde comienzos del año pasado Brasil desaceleró su ritmo de crecimiento y así empezó el 2013. Por su relevancia como socio comercial, el enfriamiento del gigante regional es visto con atención y hasta preocupación por sus vecinos, entre ellos Uruguay (que destina a ese mercado cerca del 20% de sus exportaciones y los brasileños fueron uno de cada diez entre los turistas que llegaron al país en la última temporada).

    El Producto Bruto Interno (PBI) de Brasil asciende a U$S 2.253.311 millones y representa más de la mitad del de toda Sudamérica, al igual que ocurre con su población (191 millones). Su PBI por habitante es de unos U$S 11.800 dólares anuales, de los más altos de la región, aunque por debajo de Uruguay y Chile, por ejemplo.

    Esa magnitud y sus últimos años con elevadas tasas de crecimiento le dieron a Brasil un lugar entre los BRICS (Rusia, India, China y Sudáfrica completan esa sigla), las economías emergentes más importantes.

    Según analistas, el desempeño económico de Brasil en los próximos meses puede influir en los comicios presidenciales de octubre de 2014. Una encuesta de la Confederación Nacional del Transporte difundida el martes 11 reveló que Rousseff corre con ventaja para una eventual reelección, si bien ella y su gobierno perdieron popularidad.

    Dificultades.

    Desde mediados de la década pasada y hasta 2010, la economía de Brasil creció a tasas altas en una comparación histórica. Luego hubo una moderación y su PBI se expandió 2,7% en 2011 y 0,9% en 2012, respecto a cada año previo. Y las perspectivas de una reactivación para 2013 empiezan a verse defraudadas.

    En el primer trimestre de 2013 la expansión de la actividad fue de 0,6% frente al mismo lapso del año anterior; la mayoría de los analistas esperaban un 1%. Así, las proyecciones para todo el año que realizan expertos encuestados mensualmente por Banco Central de Brasil (BCB) vienen en picada, desde el 3,3% en enero a 3% en mayo y a 2,5% en el sondeo publicado la semana pasada.

    El crecimiento “débil” y el elevado endeudamiento de los hogares brasileños, que puede afectar su consumo, llevaron el viernes 7 a Standard & Poor’s a asignar una perspectiva “negativa” a la calificación de la deuda pública del país. Se verifica además un “modesto comportamiento” de las exportaciones y un “descenso de las inversiones del sector privado, en parte como consecuencia de las políticas del gobierno, que han dañado la confianza”, afirmó la agencia en un comunicado.

    Saliendo al cruce de esos análisis, el ministro de Hacienda, Guido Mantega, dijo el domingo 9 en el diario “Estado de São Paulo”, que “ha habido un retorno del impulso y prácticamente todos los indicadores de abril apuntan a la expansión de la economía brasileña”.

    Las autoridades tienen como meta que la actividad vuelva a crecer a tasas de al menos 4% anual. Según los expertos, para que ello ocurra la clave es la inversión, que debería estar cerca de 25% del PBI. Pero ese ratio no llegó a 20% en 2012.

    Sobre la base de que el motor de crecimiento ya no será el consumo sino la inversión, el gobierno lanzó un plan de infraestructura de largo plazo. Tiene un horizonte de 25 años en el que el Estado desembolsará U$S 64.000 millones; para la organización de la Copa del Mundo de fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016, en los próximos cinco años se programaron obras por unos U$S 41.000 millones en carreteras, vías férreas, puertos y aeropuertos del país. Estos planes buscan tener una fuerte participación por parte del sector privado.

    Al mismo tiempo, el Estado extendió para este año y a más sectores un conjunto de estímulos (exoneraciones, créditos baratos y menores costos laborales) con los que desde el inicio del 2012 intenta impulsar la deprimida actividad fabril. En ese contexto, la rama automotriz, una de las más importantes, mostró una recuperación de 19% en su volumen de producción en el primer cuatrimestre del año. También se espera una cosecha récord de granos, de 184,3 millones de toneladas y casi 11% más que la temporada previa, estimó el jueves 6 la estatal Compañía Nacional de Abastecimiento.

    En parte como reflejo de la desaceleración económica, las finanzas públicas brasileñas se deterioraron en los meses recientes. Mantega informó ayer miércoles 12 en “Folha de São Paulo”, que se anunciarán “ajustes adicionales por el lado del gasto” con la intención de terminar el año con un superávit fiscal primario (antes del pago de intereses) de 2,3% del PBI. “Esa es una meta firme del gobierno”, enfatizó.

    Otros datos.

    Mientras el PBI crece lento, la industria en su conjunto sigue estancada y la inversión está descendiendo, el desempleo se mantiene en niveles históricamente bajos, cercanos a 6% de la población activa. Los salarios han aumentado más que la inflación en los últimos años, lo que impulsó el consumo.

    Aun con esas mejoras en los ingresos y diversos programas de asistencia social, la desigualdad sigue siendo una característica estructural de Brasil; su coeficiente de Gini (que vale cero si la distribución es perfecta y uno si hay una concentración total de la renta) ronda valores de 0,55, el más elevado de América del Sur.

    La aceleración de la inflación es otro problema para la economía brasileña, porque afecta decisiones de inversión y también atenta contra las mejoras sociales. Considerando períodos de doce meses, el alza de precios se ha situado en torno a 6,5% desde marzo.

    Por eso el BCB decidió hace pocas semanas aumentar de 7,5% a 8% anual la tasa de interés de referencia de la política monetaria, lo que en teoría tiende a desacelerar la actividad económica, encareciendo el crédito en reales y reduciendo las presiones sobre la inflación.

    Otra medida reciente —la reducción de 6% a 0% del Impuesto a las Operaciones Financieras, que se aplica a las inversiones de extranjeros en títulos de renta fija— apunta a quitar presión sobre la inflación por la vía de un dólar menos apreciado, según analistas citados por “Folha”. Eso fue rechazado por Mantega: “No hay ninguna intención de hacer una política antiinflacionaria por vía cambiaria”. Y agregó: “El (tipo de) cambio en Brasil es fluctuante. Lo que el gobierno intenta es cohibir excesos, porque la volatilidad no es buena para el mercado, importadores, exportadores e inversionistas”, explicó.

    El dólar en el mercado brasileño subió en los últimos días por encima de los 2,1 reales, a pesar de las intervenciones que realizó el BCB tratando de impedirlo.

    Economía
    2013-06-13T00:00:00

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