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Brotes en residenciales abren debate sobre la “muerte digna” y médicos dicen que el encierro no significa “dejar morir” ancianos
Dueños de hogares responsabilizan a laboratorios y prestadores por demoras en hisopados a funcionarios
Geriatras advierten que la hospitalización “no siempre” es la mejor opción e intensivistas dicen que se “salva” a quien se puede. Foto: Javier Calvelo / Adhoc
La situación del residencial Victoriano Sosa, en Fray Bentos, se llevó la atención de los uruguayos. En menos de cuatro días, se informó sobre la muerte de una veintena de adultos mayores que estaban ingresados por distintas patologías. Tenían entre 70 y 91 años.
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Días antes, los vecinos de la comunidad se habían acercado para colocar mensajes de aliento y carteles para acompañar –de lejos– al grupo que estaba cursando Covid-19 con la compañía de la directora técnica del establecimiento, Daura Garaza. Ella también tenía coronavirus. El brote en el establecimiento generó un debate e indignación pública. Incluso obligó al ministro de Salud Pública, Daniel Salinas, a visitar el hogar de la ciudad de Fray Bentos a pedido del presidente Luis Lacalle Pou. A las pocas horas se conoció que una situación similar se había repetido con cuatro fallecidos en Dolores y ocho en Durazno.
En dos semanas, murieron más de 30 ancianos en residenciales, y hay al menos 128 establecimientos con casos activos. Esto se traduce en unos 800 casos confirmados.
Las muertes causaron cuestionamientos sobre el accionar de los responsables médicos y las direcciones de salud departamentales, que habían recomendado hacer un seguimiento desde el residencial por los riesgos que suponía trasladar a los ancianos a un hospital.
“A veces hay adultos internados en residenciales que no pueden estar en un hospital y menos resistir en un CTI. A veces no hacer nada es lo que hay que hacer”, dijo Dardo Roldán, presidente de la Sociedad de Geriatría y Gerontología, a Búsqueda. “No hay una sola solución ni mirada porque lo que es técnicamente adecuado, no es lo que quiere la gente, pero no es que se los deje morir”, añadió.
“Ese enfermo va a tener una mortalidad, ingrese o no”, apuntó Julio Pontet, presidente de Sociedad Uruguaya de Medicina Intensiva. “No suena bien, pero hay que hablar de muertes dignas. En estos casos, el CTI puede ser una forma de prolongar la agonía”, afirmó. “Si el enfermo tiene una enfermedad reversible, lo tratamos. Se salva a quien se puede”, agregó.
Es que la mayor parte de los ancianos que llegan a los residenciales tienen enfermedades degenerativas, problemas de alzhéimer o demencia senil y solo un 30% es autosuficiente, según estimaciones de la Asociación de Residenciales del Adulto Mayor (Aderama), que nuclea al menos a 150 de estas instituciones.
“En muchos casos de Covid, y también con otras enfermedades, lo que nos pasa es que el paciente está bien y a las dos horas empeora. El traslado muchas veces complica la situación y el residencial es un lugar de protección donde son asistidos”, dijo Juan Sparkov, médico y vocero de Aderama. “La mayoría ni siquiera es consciente de que estamos en una pandemia ni entiende por qué se usan los tapabocas. Es una población vulnerable”, agregó.
Foto: Pablo La Rosa / adhocFOTOS
Sin protocolos claros
Desde que se decretó la pandemia, el control de los residenciales está bajo los prestadores de salud y es monitoreado por las direcciones de salud departamentales. Además, se ha intentado —a veces con dificultades por la recepción de los familiares— continuar con el protocolo establecido por el Ministerio de Salud Pública para las visitas en Navidad y Año Nuevo hasta la actualidad. “La restricción de las visitas es compleja porque no hay un protocolo claro. Como médicos o sociedad podemos hacer sugerencias, pero si no hay una obligatoriedad, la gente dice que nada los prohíbe”, señaló Roldán. “Estamos intentando protocolizarlo con visitas seguras, en espacios abiertos”, apuntó.
También se suele llevar un registro que es compartido a las familias con datos del paciente relevantes para la enfermedad: se anota su temperatura y su capacidad de oxígeno en sangre. Se impusieron medidas como la disposición de alcohol en gel, la redistribución a la hora de comer, el mayor distanciamiento social posible y hasta la limpieza en medio de los baños y procesos de higienización entre los adultos mayores.
Si un paciente tiene un síntoma o un resultado positivo, por ejemplo, queda en un sector separado y con los “recaudos necesarios” para garantizar su seguridad y la de sus compañeros. “En estos pacientes, y es caso a caso, se valora el costo que tiene ingresarlos a CTI y sus beneficios. Pasa con otras enfermedades crónicas en un estado de gravedad extrema. Muchas veces es peor utilizar artefactos artificiales”, dijo Pontet.
Según los geriatras e intensivistas, los familiares de los pacientes —o ellos mismos si están en condiciones— a veces prefieren evitar “prolongar” ese sufrimiento cuando el final no puede ser revertido. En la relación entre el médico y el anciano lúcido, incluso, se suele conversar sobre cómo quiere pasar sus días y si prefiere quedarse en el hogar u hospitalizarse. “Hay pacientes que ni siquiera son autovalentes para comer o moverse; a veces se confunde en la población la idea de que estar en un CTI es mejor y no siempre es así en los hechos”, señaló Pontet.
De acuerdo a datos manejados por los intensivistas, se estima que solo entre un 30% y 40% de los pacientes con Covid-19 muere en cuidados intensivos y moderados. La mayoría lo hace en habitaciones de los sectores Covid de los hospitales y mutualistas, y una parte aun menor, en los residenciales, según informó El Observador.
Foto: Pablo La Rosa / adhocFOTOS
Denuncias por demoras
Consultados por Búsqueda, varios médicos intensivistas, geriátricos y expertos de la comunidad científica señalaron que los nuevos brotes en los residenciales —que cada vez se cobran más vidas entre la población vulnerable— es un efecto “lateral” y “directo” de la gravedad de la crisis desatada por el nuevo rebrote de casos de Covid-19 en Uruguay.
“Lo que estamos viendo es que la entrada del virus en los residenciales hace un daño muy importante y muestra que es necesario restringir visitas”, indicó Roldán. En Montevideo aún no se determinó esta medida.
Sin embargo, los dueños de residenciales que integran la Aderama sostienen que el incremento de casos positivos en casas de salud tiene una relación directa con los “atrasos” en la coordinación, realización y espera de resultados de hisopados. “Hemos llegado a esperar más de una semana por un resultado o en la coordinación”, señaló Sparkov.
En este sentido, el vocero de los directores de los residenciales aseguró que los prestadores de salud y laboratorios no están cumpliendo con la ordenanza del Ministerio de Salud Pública que indica que sus funcionarios deben obtener el resultado de su prueba de PCR en 24 horas. “En este proceso se puede contagiar a alguien o aparecen síntomas”, dijo Sparkov. “Las demoras tienen un costo altísimo y se están llevando vidas”.