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    Cabeza borradora

    Antes de despertar, con Nicole Kidman, Colin Firth y Mark Strong

    El británico Rowan Joffe (guionista de Exterminio 2 y El ocaso de un asesino) le imprime a su película un tono melancólico al estilo Vértigo, de Alfred Hitchock (hay varios elementos hitchcockianos desparramados por ahí, pero no quiere decir que funcionen), y establece contacto con Memento (el protagonista padecía amnesia anterógrada y sacaba fotografías de las personas con las que interactuaba), e incluso con una comedia como Hechizo del tiempo (Bill Murray despertaba siempre en el mismo día), y suelta información fragmentada, generando dudas y situaciones tensas y momentos donde la protagonista de la historia le asigna una nueva dimensión al tópico “No sé quién soy”.

    Ella despierta sin saber dónde está. En la cama, a su lado, duerme un desconocido. Perpleja, asustada, se encierra en el baño. Una de las paredes está tapizada con fotografías suyas en distintos momentos de su vida. En casi todas se la ve radiante, feliz. Y en compañía del hombre que yace en la cama. Algunas imágenes están acompañadas de post its. Indican quién es quién. Ella, Nicole Kidman, es Christine. El desconocido, Colin Firth, es Ben. Al salir del baño, allí está él, sentado al borde de la cama, listo para soltar el discurso. Lánguido y adormilado, explica: están casados desde hace 14 años, han tenido una vida emocionante y digna de recordar, pero hace años tuvo un accidente muy grave que le afectó seriamente la cabeza y desde entonces su memoria almacena información durante el día, información que borra en la noche; al día siguiente todo empieza de cero. Ben le muestra la casa, la lista de lo que a ella le gusta hacer. Se va a trabajar. Suena el teléfono: al otro lado de la línea, el doctor Nasch (Mark Strong), tiene también algo que contarle: desde hace semanas se ven diariamente, sin que Ben lo sepa, para tratar su caso. Parte del tratamiento incluye el uso de una cámara en la que Christine graba, a modo de diario, lo que ve, lo que piensa, las imágenes y las sensaciones que llegan durante una jornada, para revisarlas al otro día. Cada mañana, al ver lo grabado, cae en la cuenta de por qué hace esto a espaldas de Ben. Hay dos versiones sobre qué fue lo que provocó este raro caso de amnesia: Ben dice lo del accidente, el doctor Nasch asegura, y tiene pruebas, que ella fue brutalmente atacada. Que fue encontrada en la calle, desnuda, bañada en sangre, casi muerta.

    Existe una realidad interna escondida, quizás no borrada del todo, dentro de la protagonista, que empieza a despertarse. Palabras, imágenes, fotografías disparan pequeños flashes que reavivan (o distorsionan o crean) recuerdos. Desde el inicio, con esa mañana en loop, el espectador se encuentra en la misma situación que ella. Y así hasta el final. Recibe datos y revelaciones del mismo modo y al mismo tiempo, sabiendo que a la noche la mente rota de Christine lo borrará todo y a la mañana siguiente otra vez despertará en una cama junto a un desconocido y se meterá en el baño y encontrará un montón de fotografías que le dirán quién es quién… etc. Por eso es tan importante el diario audiovisual. Porque una tarde ve una grabación y descubre que algunas fotos que aparecen en el mensaje que grabó la víspera ya no están. Porque su presente está siendo delimitado o editado por tres relatos: el de su psiquiatra, el de su esposo, y el de ella, el más frágil y menos confiable de todos, armado a partir de las migajas que logra recoger en el día y grabar en su parche digital. Su identidad se define en el cruce de estos caminos, que se hacen más retorcidos conforme aparecen elementos nuevos, que en realidad son viejos.

    Y ahora, las malas noticias: la intensidad y el encanto pierden fuerza después de vueltas ingeniosas y sorpresivas. Y da un poco de pena ver cómo la estructura no logra sostenerse. Tras escenas de relleno, esperables, y una vuelta al escenario-donde-todo-sucedió, las siniestras y misteriosas fuerzas que se encargan de aplicar fórmulas y golpes de efecto para que todo quede cerrado de manera irreprochable hacen el trabajo de poner cada elemento esquemáticamente en su lugar. E injertan una secuencia que pretende ser sensible y tierna y que, además de poco ubicada, es de un efectismo torpe y molesto, se ve venir de lejos. No es una fatalidad, pero tampoco había necesidad.

    Antes de despertar (Before I Go to Sleep). Reino Unido-Francia-Suecia, 2014. Dirección y guión: Rowan Joffe, sobre novela de S. J. Watson. Con Nicole Kidman, Colin Firth, Mark Strong. Duración: 92 minutos.

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