Décadas atrás las banderas coloradas ganaban los barrios de la periferia de Montevideo a influjo de figuras políticas como la del expresidente Jorge Pacheco Areco (1967-1972). Con el tiempo esas banderas fueron cambiando a tricolores, por el crecimiento del Frente Amplio, sobre todo bajo el impulso del exmandatario tupamaro José Mujica (2010-2015). Ahora, “de a poco”, Cabildo Abierto (CA) busca disputar terreno en esas zonas, embanderado por su líder de extracción militar, el senador Guido Manini Ríos.
Cada uno con su propio estilo personal y su impronta política, comparten rasgos discursivos populares que calan “entre los más humildes”, dijo a Búsqueda Elsa Capillera, la diputada más votada de los cabildantes en Montevideo, referente social y vecina de Casavalle desde hace 40 años.
“Hoy en mi barrio hay más banderas de Cabildo que del Frente”, cuenta con orgullo. Y la tela de CA que flamea más alto es la de su casa, en las calles Frida Kalho y Erasmo Bogorja de Skotnicki, en el barrio San Martín II, rodeada de viviendas humildes y pequeños asentamientos.
Para Capillera, “la cercanía con la gente” es lo que explica, en gran medida, que el nuevo partido encabezado por Manini Ríos captara el 11% del electorado nacional en octubre —dos puntos por debajo del Partido Colorado— y que la agrupación que ella conduce, Purificación, recibiera 23.721 votos —casi lo mismo que todo el Partido Independiente—. Según estimó, con base en sondeos propios, “unos 14.000” provienen de exadherentes del Movimiento de Participación Popular (MPP).
Esta diputada católica, con una década de militancia en el Partido Nacional, fogueada en comisiones barriales y concejalías vecinales, está convencida de que “fracasó” el “modelo asistencialista” que a su juicio aplicó el Frente Amplio en los barrios pobres. “Hay que ayudar a la gente a salir adelante, sí, pero por sus propios medios, porque con la ayuda del Estado muchos se hundieron todavía más en la miseria; esa es la pura verdad. ¿Qué hace una familia con una canasta de 1.200 pesos?”, planteó.
Capillera, la menor de una familia de nueve hermanos que llegó de Salto al Borro cuando ella tenía ocho años, afirmó que muchos vecinos “siguen viviendo en ranchitos de lata, con chapas agujereadas, pisos de tierra, sin baño…, peor que antes. Y no es por culpa de la pandemia, porque la casa empeoró en los últimos años”.
“Acá (por el Parlamento) muchos se llenan la boca hablando de los pobres y no saben dónde está Maroñas”, dijo. El suyo, agregó, debe ser “el despacho más concurrido del Palacio: mínimo 500 personas pasaron por acá”, entre sindicatos y particulares. “Hay que darle una respuesta a la gente”, afirmó quien buena parte de su vida trabajó como empleada doméstica y proyecta retomar los estudios para recibirse de asistente social ni bien termine el liceo.
Capillera dijo que con su nuevo sueldo de diputada, unos $ 170.000 líquidos ($ 230.000 nominales), paga el alquiler de tres sedes cabildantes, destina “el 7% al partido” y ahorra para comprarse una casa propia fuera del barrio con su marido, Ediberto González, un militar retirado que trabaja en una fábrica de alfajores, y sus dos hijos.
Centros de estudios
Ni bien asumió como diputada, el 15 de febrero, Capillera le pidió a su asesor Jorge Cámera que se abocara a crear asociaciones civiles. “Porque acá en el Palacio no soy libre, estoy condicionada, y así armamos una asociación llamada Hacedores de Sueños, que ofrece talleres gratuitos de capacitación no formal para dar una salida laboral rápida ante una situación de emergencia sanitaria y social”.
Por otra parte, en la sede de la agrupación Purificación, en Cerrito de la Victoria, se realizan actividades sociales, colectas, canastas y ollas populares, y ahora funciona un “taller de formación de líderes políticos”. La iniciativa “está pensada para que la gente no se quede, como yo, 10 años trabajando en el área social y tenga la oportunidad de armar su proyecto” dentro de CA.
Su agrupación creó además un “centro de estudios”, que lleva su nombre, en Blandengues y General Flores, y abrió otra sede en el kilómetro 16, llamada Asunción, “también volcada a los pobres”.
Entretanto, Cabildo amplía su radio de acción política por “el Montevideo rural —Manga rural, Melilla, Cuchilla Pereira—, donde “hay muchas casas abandonadas por gente que se va muriendo y porque sus hijos emigran, entonces queda alguna gente que cultiva en su chacrita, pero no puede vender sus productos”, indicó Capillera, “por la cantidad de impuestos”, entre problemas de seguridad, iluminación y de caminería rural.
“De Casavalle para allá hay como 80.000 personas en el área rural, mucho Montevideo por atender”, dijo. Se trata de “una zona enorme, deshabitada y pobre, que queremos reactivar, así sea con ferias, como se hace en Melilla, con microemprendimientos, con la venta de tejidos, dulces y otros productos locales. Mucha gente no aguanta más, vive muy aislada y no sabe adónde ni cómo pedir ayuda”, dijo.
Cabildos cívicos artiguistas
Este proyecto partió de la junta departamental de Montevideo de CA, dijo a Búsqueda su titular, Eduardo Radaelli, padrino político de Capillera.
“La pandemia ha dejado al descubierto situaciones de extrema urgencia en territorios que no están a más de 20 minutos del centro de Montevideo”, dijo.
Radaelli anunció la inminente creación de cabildos cívicos artiguistas en cada municipio, como “lugares de reunión de vecinos para tomar sus demandas, discutirlas y buscar la mejor solución posible en los temas barriales y municipales”.
Este órgano será “de carácter consultivo, proponente y de control social” y “ayudará en la gestión municipal en lugar de que las voces de disenso o consenso permanezcan dispersas”, dijo. Se trata de “un primer nivel para escuchar y actuar” desde el “territorio”, para “pensar a la ciudad como nodos de convivencia” y “empoderar a los vecinos”.
Según Radaelli, “el barrio, en las ciudades modernas, ha perdido importancia como unidad social”, y ese “declive ha generado una disminución del vínculo entre vecinos y una reducción del control social informal”, por ejemplo, en seguridad pública, “una demanda de primer nivel que hay que tratar desde una perspectiva de prevención ciudadana, con amplia participación de la comunidad”.
A eso se suma “la problemática de Montevideo rural y sus multidemandas, desde la infraestructura a lo social”, sostuvo Radaelli, y por ese motivo, agregó, Cabildo Abierto “conformó un equipo multidisciplinario en cerrada relación con los vecinos”.
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