—¿Por qué escribió en una de sus columnas, que un aspecto negativo de la caída del Muro de Berlín fue que con él también cayó Marx?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá—Cuando cayó el muro de Berlín en Uruguay muchos dijeron “te dije, ¿viste? El marxismo es un disparate, ahí lo tenés”. La primera vez en la historia que un régimen implosiona: no fueron los bárbaros a las puertas de Roma ni los aliados a las puertas de Hitler. Se derrumbó para adentro, entonces “ahí tenés, un disparate toda la concepción de Marx”, etcétera. Eso, en Uruguay, terminó provocando que se les sacara un peso de encima, porque Marx asustaba mucho a la gente; la gran mayoría de los izquierdistas nunca lo habían leído. Tal vez “El manifiesto...”, pero poco más. Pero Marx asustaba mucho porque era un tipo muy jorobado e intelectualmente muy duro. Pero cuando se terminó eso, Lenin, Stalin, quedó la otra parte de la izquierda, de raíz rousseauniana, la del noble salvaje, la voluntad general, y eso, tan de Rousseau, de que “yo, que soy de izquierda, y que estoy en el gobierno, yo sé cómo es la cosa y es mi obligación decirles cómo la tienen que hacer”. La última muestra clara es la “ley de medios”. La ley de medios se traduce en un gobierno que dice yo sé lo que tenés que hacer. En los avisos no podés hacer esto porque yo sé, y esto lo tenés que hacer de esta manera, y cómo hay que educar, todo eso es Rousseau puro: “Yo sé lo que hay que hacer y te lo voy a imponer. Yo sé cómo es, qué tienen que hacer...”. Es el más absoluto paternalismo.