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    Cambios en bachillerato buscan no “embretar” alumnos con decisiones que los hagan retroceder

    Aristimuño anuncia menos diversificación, más opciones y equivalencia con UTU en 2024 y prácticas laborales revolucionarias en 2025

    La transformación curricular de la educación media superior (Secundaria) y de la técnico-profesional (UTU) avanza en su discusión interna con base en un “primerísimo borrador” sobre los documentos, los nuevos planes de estudio, la malla curricular y los métodos de enseñanza.

    No obstante, aún hay “muchas indefiniciones” dada la complejidad de los cambios, se anticipa a decir Adriana Aristimuño, directora ejecutiva de Políticas Educativas de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP).

    Los cambios proyectados en los bachilleratos de Secundaria y Educación Media Tecnológica (EMT-UTU) a partir de 2024 complementarán el plan de la Educación Básica Integrada (EBI), aplicada desde formación inicial a tercero de educación media (hoy noveno grado) desde marzo de este año. En los tres años de bachillerato, la ANEP apuesta a una menor diversificación y a una mayor opcionalidad y “navegabilidad” para los 163.000 estudiantes de educación media superior, sumando los 114.000 de Secundaria y los 49.000 de UTU.

    “Si logramos con esta transformación curricular que los estudiantes siempre avancen”, habrá “un cambio fuerte fuerte fuerte”, afirmó la referente técnica de ANEP y alma mater de la reforma.

    Aristimuño aseguró, además, que si ANEP no recibe los casi US$ 62 millones solicitados en la Rendición de Cuentas para 2024 y 2025, la transformación no se detendrá ni se verá sensiblemente afectada, pero sí será necesario rever algunos proyectos.

    Más allá de lo presupuestal, los equipos técnicos que lidera trabajan para que el Codicen ratifique en diciembre todos los cambios que regirán en bachillerato el próximo año.

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista de Aristimuño con Búsqueda.

    —A partir de 2024 cambiarán su formato y contenido los bachilleratos en liceos y UTU. ¿Cuáles son las principales innovaciones?

    –Al momento contamos con un primerísimo borrador que establece una serie de criterios y propuestas de estructura y de malla curricular, que es lo que más define el plan. Se trabaja sobre menor diversificación, y mayor opcionalidad y navegabilidad; que el bachillerato diversificado como tal tienda a ser menos diversificado y más general. La opcionalidad refiere a que el estudiante no se embrete en un bachillerato específico –como Humanístico, Científico o Biológico– cuando recién está en primer año y no tiene muy claro su futuro. Que primero transite opciones comunes, generales, y elija algunas asignaturas con un corte o un perfil más social, científico o artístico, pero no bachillerato diversificado equis. Y la navegabilidad alude a la posibilidad de cambiar, de moverse de Secundaria a UTU, y viceversa. El principio rector es que ningún estudiante tenga que ir para atrás en su trayectoria en función de unas opciones rígidas, porque además eso provoca abandono y baja tasa de egreso. Es la primera vez que primero de bachillerato es totalmente intercambiable: que el estudiante puede ir de un primero de bachillerato del liceo a un segundo de bachillerato de UTU. Eso es muy novedoso.

    –¿Cómo se ajustarán las mallas curriculares para garantizar que el estudiante pueda “navegar” entre Secundaria y UTU?

    –La navegabilidad es como un “comodín”. El alumno que hace primer año de bachillerato, en liceo o en UTU, al siguiente año puede pasar al otro subsistema. Para eso hay que asegurarse ciertas equivalencias curriculares. Además habrá áreas o unidades curriculares comunes a ambos subsistemas que tienen que ver con las alfabetizaciones –Matemáticas, Inglés y Español–, y después habrá también espacios curriculares equivalentes. Las competencias serán las mismas en toda la educación media superior, y gracias a las competencias se logra la equivalencia que garantiza la navegabilidad: si en la asignatura A de la UTU el estudiante logra las competencias de la asignatura B de Secundaria, habrá equivalencia y entonces el chiquilín podrá pasar de un subsistema a otro.

    –¿Qué otros cambios hay avanzados para bachillerato en 2024?

    –Los tres años de bachillerato tendrán un componente común, uno equivalente y otro propio entre Secundaria y UTU. También habrá un espacio de autonomía curricular que atraviese todo el plan y un espacio de acompañamiento y orientación en ambos subsistemas en todos los años. En Secundaria habrá un bachillerato “general”, y en UTU habrá opciones: hoy hay más de 20 en primero de bachillerato, y lo que se hará es racionalizar esa cantidad. O sea, la UTU mantendrá opciones diversificadas pero compatibles con Secundaria, lo cual es un gran logro. Es sutil la diferencia, pero esto rompe con los planes de 1976 (cuando apareció la diversificación) o de 2006.

    –¿Qué pasará al finalizar el bachillerato?

    –En segundo habrá un componente común más importante en el peso que el actual; habrá asignaturas comunes entre más y diferentes opciones. El estudiante podrá elegir áreas o conjuntos de unidades curriculares o asignaturas Y en tercero habrá mayor grado de diversificación, con un peso específico más grande. Ahí aparece otra novedad en Secundaria, que es el bachillerato “genérico” o “general”, junto con las otras opciones más específicas. De todos modos, la cantidad de opciones serán menores a las que existen hoy. Habrá como “paquetes” más grandes, áreas curriculares más amplias.

    –¿Por ejemplo?

    –(Se ríe) Si las digo hoy se arma un lío... Porque todavía se está discutiendo a la interna y hay muchas indefiniciones.

    –¿Pero se mantendrán las cargas horarias docentes?

    –Sí, fuimos muy juiciosos en no pasarnos de las cargas horarias actuales. Se nos hizo difícil innovar con tantos condicionamientos: cuidar las cargas horarias de los docentes, teniendo en cuenta las demandas de los estudiantes, para hacer un plan afín al siglo XXI con un presupuesto acotado… es una ecuación de muchas variables y difícil resolución.

    –¿Desaparecerán asignaturas?

    –No. Estamos haciendo lo imposible para que no desaparezcan asignaturas.

    –¿Qué cambios incluirá el reglamento de evaluación para los bachilleres?

    –Ese es otro capítulo de la transformación que todavía no se abordó. Algunos cambios se insinúan con el tema de la navegabilidad y en la idea de hacer que ningún estudiante tenga que volver atrás si decidió que quiere cambiar el énfasis de su trayectoria. El régimen de evaluación se va a tener que hacer cargo de no castigar al estudiante que cambia y de darle herramientas para que avance.

    –Y que no repita…

    –Una cosa que a mí me impresiona mucho de algunos sistemas educativos es que ningún estudiante va para atrás, que todos los estudiantes avanzan. En Uruguay todavía estamos lejos de eso. Si logramos con esta transformación curricular y con su régimen de evaluación que los estudiantes siempre avancen, con los apoyos, las tutorías y los acompañamientos que necesiten, habrá un cambio fuerte fuerte fuerte.

    –Siendo el bachillerato el tramo más especializado de la educación, ¿qué formación recibirán los docentes?

    –Algunas asignaturas que pensamos incluir son una mezcla entre lo actual y lo nuevo, entonces a los docentes les vamos a ofrecer oportunidades de formación de servicio para interiorizarse y formarse en lo nuevo, para seguir en la línea de lo ambiental o el emprendedurismo, esas cosas que los estudiantes piden. Hay que ser coherentes con el cuerpo docente y ofrecerles cursos formativos que estamos diseñando ahora.

    –¿Cuándo darán esos cursos? ¿Serán obligatorios?

    –Siempre decimos que los cursos son obligatorios desde el punto de vista ético-profesional. En lo que estamos avanzando es en que la asistencia a estos cursos sea en mérito de la carrera, para llamados o concursos, como un incentivo. Ofreceremos esos cursos al final de este año y, sobre todo, en febrero.

    –¿En qué aspectos se tuvo en cuenta lo que piden los alumnos?

    –Según nuestras encuestas, las competencias que los chiquilines valoran más son aprender a comunicar bien, aprender a emprender, a relacionarse con los otros, a resolver problemas y a trabajar en equipo. También piden educación híbrida, mucha más cercanía con el mundo del trabajo, quieren sentir que salen de la educación media superior y tienen opciones laborales aunque quieran seguir estudiando. Hoy piden que te acerques. Esto es muy significativo, te dicen que están solos, que necesitan orientación y acompañamiento. Hay un gran porcentaje de chiquilines que hoy no sabe lo que quiere hacer. Hay una parte del currículo que le llamamos “exploratoria”, que apunta a eso: en vez de embretar al alumno en una opción, dejar que explore. Habrá también un espacio de acompañamiento de orientación, que es otra novedad importante. Uno de los componentes es el vocacional y es también una de las riquezas que va a tener la propuesta.

    –Esto empezaría a aplicarse el año que viene…

    –Esperemos.

    –¿Cuál es el calendario?

    –Queremos que el plan se discuta en una instancia y que los programas se discutan en otra. La primera versión del plan a enviar a la ATD (Asamblea Técnico Docente) será en agosto, y la primera versión de los programas estará pronta en octubre para mandar a la ATD en noviembre. Ahora empezamos a elaborar los programas, para lo cual necesitamos una malla curricular inicial, y ya estamos armando los equipos. En la primera semana de diciembre estaríamos presentando los programas al Consejo Directivo Central (Codicen).

    –¿Qué cambios quedarían para 2025?

    –Un componente importante es el acercamiento de la educación media superior al mundo del trabajo. Es algo que pidieron mucho las cooperativas, los empresarios, las cámaras, el mundo sindical y, sobre todo, los gurises. Se está pensando en un sistema de prácticas laborales en tercero de bachillerato, que es de complejísima logística, a partir de 2025. Eso cambiará mucho el perfil, sobre todo en Secundaria, que no tiene el acercamiento al mundo laboral que sí tiene la UTU. Eso también es muy innovador. Si en Secundaria logramos tener prácticas en el mundo laboral, será una revolución, un cambio radical.

    –¿Dónde avizora el cambio más “traumático” para los alumnos?

    –Algo que estamos tratando de cambiar es lo traumático de los interciclos. Lo que buscamos es que el cambio de noveno del EBI a primero de bachillerato sea lo menos traumático posible.

    –En cuanto a la nomenclatura, ¿habrá cambios tras el primer tramo de la EBI?

    –Será primero, segundo y tercero de bachillerato. Es un cambio, porque en Secundaria era cuarto, quinto y sexto, y tratamos de que tenga el mismo nombre en ambos subsistemas. Parece un gesto menor, pero no lo es.

    –¿Y el tramo se llamará “bachillerato”?

    –Eso todavía no está definido… Nosotros decimos educación media superior, que es lo más descriptivo e internacional.

    –El rector de la Universidad de la República, Rodrigo Arim, reclamó tiempo atrás mayor “coordinación” para definir lo que será el perfil de egreso de bachillerato y el perfil de ingreso a la educación superior y universitaria. ¿Hubo respuesta?

    –Esa era una inquietud histórica, y de ambas partes. La Udelar participó en la transformación curricular, trabajó con nosotros como grupo asesor con una delegada directa del Rectorado (Carolina Cabrera, de la Comisión Sectorial de Enseñanza). También participaron todas las instituciones que reciben a los egresados de educación media. Una inquietud era que si nosotros eliminamos alguna opción en media superior y le damos al estudiante otra formación general relacionada, habría igual una exigencia de estas instituciones sobre un tipo de bachillerato específico. Porque si nosotros vamos hacia lo más moderno y general, pero después la universidad exige cierto tipo de bachillerato…

    –¿Y qué respondieron?

    –Que ellos van a adaptarse a lo que estamos haciendo, lo cual es muy interesante. Si por caso el chiquilín hizo un perfil con opciones más científicas en segundo de educación media superior, pero también tiene una vocación artística muy fuerte y quiere terminar el bachillerato eligiendo materias artísticas, podrá hacerlo sin tener que volver a cursar segundo en la opción que quiere terminar. Todo esto nos compromete mucho como sistema integrado. No es lo que existe hoy, pero hay voluntad de hacerlo así...

    –Hasta ahora no ha contado con el respaldo de las ATD en la transformación de la EBI. ¿Qué esperan en esta oportunidad?

    –Las ATD han hecho aportes, lo que pasa es que a veces los aportes han sido rechazos. Entonces, ¿qué podés tomar de eso?, ¿qué podés incluir? Pero sí que han aportado, participaron y ahora están de nuevo convocados a los programas de bachillerato.

    –Pero, en general, las ATD, así como la coordinadora de sindicatos de la enseñanza, son muy críticos con la reforma. ¿Cómo interpreta esa resistencia?

    –Parto de una realidad y es que tenemos suficientes evidencias de que nuestra educación media superior no está funcionando bien. No conozco a nadie que pueda decir que una tasa de graduación del 50% es algo bueno. O que los niveles de abandono de la educación media superior del Uruguay sean algo bueno. O que los niveles de repetición de primero a bachillerato sean buenos. Entonces, ante eso, hacer algo suficientemente consensuado como para decir: “Vamos para allá”. Esto es por competencias, es por navegabilidad, es por opcionalidad, es más cercanía al mundo laboral, es menos diversificación, fortalecimiento de las alfabetizaciones y más educación digital. Y sobre todo escuchando mucho a los estudiantes, que piden espacios de orientación, metodologías más activas, educación financiera, sostenibilidad, educación ambiental; todo eso lo hemos incorporado en el plan y en la malla de la educación media superior.

    –¿Qué responde a los gremios y sectores de la oposición política que dicen, entre otras cosas, que la reforma existe solo en los papeles, que no baja a las aulas y que al final del día es “puro marketing” o “lineamientos” dictados por el Banco Mundial?

    –Hay espacios de participación, siempre es opinable el modelo… Yo tengo ahora la certeza de que los docentes en los centros y en las aulas están cambiando sus prácticas, pidiendo orientación y formándose. Más del 90% de los maestros fueron capacitados en los cursos masivos y el 60%-70% de los profesores de educación media. Es un proceso que recién lleva cuatro meses, pero ya en julio vemos diferencias marcadas respecto a lo que veíamos en abril, según información objetiva. Hay algunas prácticas aterrizadas. Se empieza a trabajar más en proyectos y en torno a problemas, los docentes planifican e interactúan en el aula. Eso está pasando.

    –¿No pasaba?

    –Pasaba menos. Lo hacía quien quería. Ahora es una prescripción recomendada por las autoridades. Y queremos que pase mucho más. También hay que respetar los tiempos, los convencimientos de cada quien y las necesidades de formación, porque mucha gente quiere formarse pero no tiene tiempo por trabajo. Pero los que entran a las aulas, que no somos los del Codicen, reportan que están pasando cosas diferentes, aunque todavía en forma inicial. También queremos ver en los boletines que van a las familias juicios fundados, antes que una calificación, una descripción de a dónde va cada chiquilín en su proceso de aprendizaje. Todo eso, que técnicamente lleva tiempo, el docente lo tiene que ir incorporando. Ojalá que el próximo gobierno, sea cual sea, profundice lo que estamos haciendo; me levanto y me acuesto con ese pensamiento.

    Información Nacional
    2023-07-27T01:34:00