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    Campeona

    Jane Campion y su Oscar histórico

    La cineasta neozelandesa Jane Campion subió al escenario del Teatro Dolby de Los Ángeles, sonrió e hizo historia. En la ceremonia de los 94° Premios Oscar, se convirtió en la tercera mujer en obtener el reconocimiento que celebra la Mejor dirección, un logro perpetrado por Kathryn Bigelow, en 2010, y Chloé Zhao, en 2021. Los contrincantes de Campion por el galardón, Paul Thomas Anderson, Kenneth Brannagh, Ryusuke Hamaguchi y Steven Spielberg también sonrieron. Campion, la directora de El poder del perro, la única mujer en la historia de los Oscar en haber sido nominada dos veces por su oficio, antes había sido por La lección de piano (1993), se lo merecía.

    “Estoy muy orgullosa de haber ganado esta noche, por mi película y por mi elenco”, dijo en la conferencia posterior, instancia en la que los ganadores se aferran a la estatuilla dorada con ahínco. “Pero también por ser otra mujer a la que seguirá una cuarta, una quinta, una sexta, una séptima y una octava. Estoy muy emocionada por el hecho de que esto se está moviendo rápido ahora. Lo necesitamos”.

    Los Oscar son una maratón lenta y ardua para quien la corra. El camino para ser consagrado por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas estadounidense es una competencia de resistencia de meses y sus participantes no pueden solo darse el lujo de haber sido parte de una película meritoria. Para dar con la fórmula ganadora se necesita, además del talento, un manejo astuto de las relaciones públicas y el dominio de una narrativa atractiva y hecha a medida para que cada competidor sea percibido como único.

    El poder del perro, una exploración sobre la masculinidad y represión dentro de una familia ganadera en Montana en la década de 1920, se adueñó de la antesala de los Oscar como una película venerada y cementada en un regreso triunfante para su directora. Tras 12 años sin dirigir una película, Campion volvía al ruedo con una obra con la que cosechó elogios en festivales y la admiración de sus pares. Se suponía que, como El Irlandés de Martin Scorsese y Roma de Alfonso Cuarón, El poder del perro le daría a Netflix su Oscar más anhelado, el de Mejor película. Los votantes no acompañaron ese deseo y de las 12 nominaciones que la película de Campion cosechó solo una se materializó: el premio a su directora.

    Antes de alcanzar la meta y recibir el galardón de las manos de Kevin Costner, Campion fue tolerante. Participó de una ceremonia que no será recordada por sus triunfos, sino por el altercado violento entre el presentador Chris Rock y el ganador del premio a Mejor actor, Will Smith. Cuando la cámara de la transmisión televisiva se enfocó en ella, la directora se mostró risueña (como suele hacerlo) ante una broma que dejó en claro qué lugar tiene la industria del espectáculo para la obra de la cineasta.

    Sobre El poder del perro, una película que apenas supera las dos horas de duración, Wanda Sykes, una de las conductora del evento, bromeó: “La vi tres veces y recién voy por la mitad”. El chiste, inofensivo, revela parte del desafío que el cine contemplativo, complejo y sensual que Campion ha desarrollado desde los 80 supone dentro de Hollywood.

    El primer encuentro de la directora con la parafernalia grandilocuente alrededor de la Academia y sus allegados llegó en 1994, cuando fue celebrada por su película La lección de piano, un drama histórico sobre una mujer escocesa muda que es obligada a casarse con un hombre en Nueva Zelanda. En esa ceremonia, la cineasta perdió el premio a Mejor dirección ante la labor de Steven Spielberg en La lista de Schindler. Sin embargo, Campion sí ganó el Oscar de ese año en la categoría Mejor guion original.

    “Cuando era estudiante, lo que parece haber sucedido no hace mucho tiempo, solía sentirme profundamente cínica acerca de las noches de premiaciones como esta”, dijo Campion, entonces con 40 años. “Pero esta noche estoy realmente abrumada. De hecho, he estado al borde de las lágrimas un par de veces. Estoy muy contenta de estar aquí y muy orgullosa de ganar este premio”.

    La victoria y la emoción le dieron el cierre a un año de frutos, pero doloroso para la directora. En 1993, el nombre de Campion se popularizó con distinción internacional cuando La lección de piano participó del Festival de Cannes, donde fue premiada con la Palma de Oro —hasta 2021, Campion era la única mujer en obtener el premio—. Esta tragedia amorosa ambientada en el siglo XIX sorprendió al público y al jurado en la costa francesa por el carácter subversivo que escondía dentro del aire clásico del relato, en el que la óptica femenina de la directora resultó renovadora para el ascendente cine de autor de los 90.

    Entre Cannes y los Premios Oscar, y con múltiples reconocimientos entre medio, Campion atravesó la muerte de su hijo Jasper, quien murió dos semanas después de su nacimiento. Diez meses después de la tragedia, la cineasta participó de los premios de la Academia embarazada de su hija, Alice, y utilizó un atuendo que pudiera ocultarle la barriga, según lo reveló hace poco en una entrevista con la publicación Vanity Fair. La noche puso parte de su duelo en pausa, la consagró y fue uno de los momentos definitivos en el que la artista sintió que había optado, con fortuna, por una carrera para la que estaba destinada.

    Campion nació en Wellington, Nueva Zelanda, en 1954. Sus padres dirigieron una compañía de teatro profesional y construyeron un hogar en el que las visitas de artistas de toda índole eran frecuentes y responsables de alimentar el entusiasmo creativo de ella y sus dos hermanos. Participó de obras estudiantiles y el llamado de la vocación la llevó a estudiar antropología y pintura en la vecina orilla, Australia.

    Lo de agarrar una cámara, grabar y recrear se le pegó casi que de adulta. Lo atractivo para ella era lo incomprensible, la capacidad de explorar las complejidades y el potencial que las capas del cine pueden ofrecer. Para 1980, Campion completó su primer cortometraje, Tissues.

    La primera etapa de su carrera se compone de cortos que adelantan una realizadora repleta de curiosidad, cargada de sensualidad e interesada por alejarse de las convenciones de una narrativa en donde los sentimientos de los personajes se perciban a flor de piel. Por el contrario, sus personajes suelen compartir la capacidad de que sus deseos y resignaciones atraigan belleza y caos a su alrededor y por igual.

    Con cada pieza más ambiciosa que la otra, su largometraje Sweetie (1989), sobre la relación conflictiva entre dos hermanas, termina finalmente de anunciar la inauguración de una obra fílmica que se comprometerá con retratar las realidades psicosexuales en la vida de las mujeres.

    La lección de piano sacudiría al cine gracias a su retrato de una mujer y Campion terminaría de inaugurar su legado cinematográfico. Se mantendría trabajando de forma activa en su carrera hasta 2009, desarrollando el enfoque de sus películas en personajes femeninos singulares y bajo crisis emocionales y los retrataría con inventiva visual y aludiendo a su gusto por narrativas fragmentadas. De la directora, en cines uruguayos se han estrenado las películas Un ángel en mi mesa (1990), Retrato de una dama (1996), Humo sagrado (1999), En carne viva (2003) y Bright Star (2009).

    Visto desde el presente, el historial de Campion bien podría considerarse uno de éxito, en el que un triunfo llevó a otro. Por el contrario, la directora ha resumido su trabajo como una carrera repleta de frustraciones que la llevaron a perder, año a año, el interés por hacer películas y combatir una industria que percibía como cada vez más conservadora. Encontró un asilo creativo, entre 2012 y 2017, en la televisión, donde lideró dos temporadas de la serie policial australiana Top of the Lake. Protagonizada por Elizabeth Moss, no es difícil trazar la influencia que la obra de Campion tuvo en consecuentes apuestas similares del género, con el caso de Kate Winslet y su miniserie Mare of Easttown como el más reciente.

    Con la confianza de una artista ya aguerrida y dispuesta a apelar a la sutileza y no la obviedad, fue la lectura de la novela El poder del perro, de Thomas Savage, la que la motivó a volver a dirigir para desarmar algunas de las convenciones sujetas a un género cinematográfico prolífico, aunque en gran medida superficial, como el wéstern. Su afán por derribar el mito clásico de la familia del Viejo Oeste, a través de una relación ambigua entre un cowboy homosexual reprimido y su sobrino político, coincidió con la confianza de una empresa como Netflix en concederle a una maestra de su arte lo necesario para un regreso triunfante. El Oscar de Campion fue histórico sí, pero es el camino hacia él, y la obra cinematográfica, lo que en verdad asombra.

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