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    Capricho neoyorquino

    In The Blue Light, de Paul Simon

    Cuando aún resuena el notable Stranger to Stranger, de 2016, a los 77 años de edad el hombrecito de Newark vuelve con otro gran disco, que lo presenta esfumado en la portada, en un retrato al que le han tirado agua y apenas permite vislumbrar los rasgos faciales. Exactamente lo contrario sucede con esta decena de canciones que reflejan inequívocamente su enorme musicalidad.

    Simon ahora se despacha con una relectura de su propio pasado que funciona como una obra nueva: tomó una decena de piezas de su repertorio temprano, compuestas en su juventud, y las “re-pensó” y “re-creó”, tal como explica en las liner-notes. Modificó, adaptó e incluso alteró completamente las versiones originales para permitirse reciclar un material muy significativo para él. “Este álbum está hecho de canciones que no estaban del todo bien o que eran lo suficientemente extrañas como para pasarlas por alto la primera vez. Reorganizar los arreglos, las estructuras armónicas y las letras poco claras, me dio tiempo para aclarar lo que quería decir, o darme cuenta de lo que estaba pensando y hacerlo más fácil de entender”, explica. “Son como una nueva capa de pintura en las paredes de una antigua casa familiar”, agrega.

    Simon también se dio el gusto de grabar con un verdadero dream team de la música americana, especialmente del jazz: el trompetista Wynton Marsalis, el guitarrista Bill Frisell, los bateristas Nate Simth, Jack DeJohnette y Steve Gadd, el pianista Joel Wenhardt y el bajista John Patitucci, la cantante Edie Brickell y el saxofonista Walter Blanding, además del ensamble de cámara yMusic, que deslumbra con un virtuoso despliegue de cuerdas en Can’t Run But.

    La riqueza de este álbum coproducido por Simon y su viejo compañero (desde Simon & Garfunkel) Roy Halee radica en que los 10 temas son absolutamente diferentes entre sí. Tanto en géneros como en formatos instrumentales, desde el jazz de cámara a la canción orquestal. Hay jazz, blues, pop, una leve intención rock en Darling Lorraine y un amplio espectro de baladas y canciones con raíces clásicas y barrocas, como Some Folks’ Lives Roll Easy y The Teacher, con el célebre dúo de guitarristas brasileños Odair y Sérgio Assad, que desembarcó en Nueva York allá por 1969.

    Pero por sobre todas las luces de esta obra, está la misma voz que medio siglo atrás daba vida a algunos de los mayores himnos populares del siglo XX, como The Sound of Silence, Bridge Over Troubled Water y Mrs. Robinson. Esa voz, que en los tempranos 90 llegó a sonar en el Centenario, para goce de unos cuantos miles de privilegiados montevideanos, sigue brillando, fuerte y clara.