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    Carolina, hada madrina

    No es broma

    Carolina es un hada buena, generosa y bien intencionada.

    Por eso se preocupa tanto por la gente, en particular por la que está pasando mal y debe alimentarse a través de las ollas populares.

    El hada Carolina tuvo una idea genial: aprovechar que su fuerza política estaba cumpliendo 50 años, y con tal fin andaba recolectando alimentos para apoyar a las ollas populares, y pedirles entonces a sus correligionarios que a los alimentos que aportaran, les agregaran mensajes de fe y esperanza frentista, afirmando así la militancia.

    En el pueblo, sin embargo, no todos estuvieron de acuerdo con su ingenioso gesto. Desde sus propias filas, un exjerarca frentista de la administración anterior, don Fernando Nopitsch, le bajó el hacha a la idea, aludiendo que el reparto de alimentos aportados por los militantes por parte de la IM, encima acompañados por los mensajes políticos, se apartaba de la institucionalidad. Lucía Topolanski dijo que “no entendía mucho” la idea, el diputado Olmos dijo que era escandaloso, la senadora Della Ventura expresó su desconcierto, y hasta el missing in action Cristian Di Candia twitteó que era un disparate usar la máquina de la IM para este acto proselitista.

    Ni que hablar de fuera de las tiendas progresistas. Los ediles de la coalición están analizando llamar a sala a la jefa comunal para que dé explicaciones sobre su generoso e ingenioso gesto político-alimentario.

    El hada Carolina puso entonces la palanca en reversa, pero la suerte ya estaba echada. Apenas si pudo recuperar un puñado de cartitas y de mensajes, que dijo que le iba a devolver al FA para que las repartieran ellos. Pero en estos tiempos de tecnología avanzada y globalización informativa, las cosas van más rápido que lo que las hadas pueden lograr, por más varita mágica que agiten en el aire.

    Así fue que se supo que en el barrio Casavalle, doña Aurora Quegarrón, oriental, viuda, de 74 años, debió ser internada en la policlínica de Capitán Tula, tras sufrir fuertes dolores abdominales. Una tomografía reveló que doña Aurora tenía en su estómago un pequeño pendrive, el cual había ingerido con un bocado de una pascualina que la víctima había recibido en el reparto de la olla popular. El objeto fue recuperado por la vía natural, y una vez puesto en condiciones de uso, se lo hicieron escuchar a la señora.

    El mensaje grabado decía: “¡Sorpresa, sorpresa! ¡Quienquiera que seas, te queremos mucho!”. Voces juveniles agregaban luego: “Compañero o compañera, encontraste este mensaje dentro de tu alimento, porque somos la esperanza de alimentar tu conciencia cívica. Los tránsfugas de la coalición no podrán con nosotros. ¡La elección perdida fue un trago amargo, pero volveremos!”.

    —Trago amargo fue el de la pascualina con ese coso adentro —reflexionó doña Aurora, quien no obstante expresó su agradecimiento al personal médico de la policlínica, que se había ocupado de su salud en la oportunidad.

    Otro caso curioso fue el de don Oldimar Paredes, oriental, casado, de 68, residente en el barrio Cuarenta Semanas. Cuando recibió un generoso aporte de alimentos no perecederos en la olla popular de su barrio, adentro de una de las bolsas de fideos había un misterioso mensaje en clave. Decía: “Venite el jueves que viene al Comité de Base Matilde Trancabochas, a las 9 de la noche, y recibirás otra sorpresa”.

    Don Oldimar cumplió con lo propuesto en la cartita, y al llegar al comité encontró a un grupo de militantes que lo abrazaron, le dijeron que el Frente era lo más grande del mundo, y le hicieron entrega de una olla de guiso de mondongo, más un billete de mil pesos.

    —Yo no soy frentista, pero salí feliz del comité, y me vine caminando para mi casa, pero dos cuadras antes de llegar unos guachos del barrio me trancaron, me afanaron el mondongo y la guita, y hasta el celular y los championes —dijo la víctima a la prensa, refiriendo su caso—. No hay otra. Que el Guapo Larrañaga siga haciendo la limpieza de chorros en el barrio, y solamente así vamos a salir de esta —concluyó con desazón y a la vez con esperanza.

    Hubo algunos otros casos curiosos, como el de una militante frentista que le devolvió a los organizadores de su olla popular un paquete de alimentos que tenían un octógono adherido en el que se leía “Exceso de sodio”, ya que junto al mismo venía el texto de un discurso de Olesker recortado de la prensa, que decía que la coalición está asesinando al pueblo modificando las etiquetas que refieren a los niveles de sodio, grasas y azúcar en los envases de alimentos.

    Y otro de una anciana que se negó a recibir unos paquetes de arroz, porque pegado a uno de ellos venía una cartita manuscrita, y como ella es analfabeta, dijo que “vaya a saber si lo que dice acá es que estos alimentos están vencidos, o algo así, y por ahí me intoxico”. Por más que le leyeron el simpático mensaje frentista, ella se negó a recibir el alimento. “Yo soy bayista de toda la vida, y lo que dicen esos fallutos del Frente no me lo voy a creer nada. Prefiero pasar hambre que deberles la comida”, prosiguió, y antes de despedirse de la prensa gritó: “¡Viva Baye!”

    El hada madrina doña Carolina podría haber tenido una idea más respetuosa de la opinión pública montevideana, en la que hay una pila de frentistas militantes, pero no son el cien por ciento…

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