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    Centro para enfermos de Covid-19 “más vulnerables” en Malvín Norte abrirá en menos de un mes y es replicable en el interior

    Ante el temor de vecinos del barrio por la llegada del hospital, el médico a cargo, Víctor Píriz, asegura que se desechará “absolutamente todo” lo que esté en contacto con los internados y que no hay riesgo para el entorno

    Las camionetas celestes del Correo Uruguayo están estacionadas en fila en la entrada del amplio local de Malvín Norte, sobre la calle Veracierto. Adentro, los techos del local (antiguamente una industria) son altísimos. La zona de oficinas se ve impecable y los baños, ubicados en serie, son numerosos y fueron remodelados recientemente.

    Cuando el médico Víctor Píriz entró al local, dijo que sí de inmediato. Piensa que es el lugar ideal para montar un centro de contingencia que albergará en pocas semanas a población vulnerable que haya dado positivo en los test de Covid-19, que sea mayor de 18 años y tenga síntomas leves o sea asíntomatica.

    Píriz, que trabaja para el Ministerio de Salud Pública (MSP) e integra desde hace años la organización Médicos Sin Fronteras, había estado antes visitando el Aeropuerto Internacional de Carrasco y hasta el edificio del Hotel Radisson en plena plaza Independencia. Los desafíos de montar un centro de estas características no le son ajenos. Lo ha hecho antes en situaciones más extremas, incluso de guerra, y colocando carpas dentro de estadios en países tan lejanos como Kenya. Instalar un centro de contingencia en Uruguay es algo que, a priori, no esperaba.

    Se lo nota enérgico al hablar, muestra datos de su celular, hojas con esquemas e impresos con los lineamientos de funcionamiento prontos para ponerse en marcha. Ya tiene el plano con la ubicación de las 120 camas y otras 30 para oxigenoterapia y las diferentes subdivisiones que tendrá el lugar.

    Sentado frente a una mesa sobre la que apoya varias carpetas, detalla su contenido, producto de un numeroso equipo de trabajo que actualmente coordina. Han sido tres semanas de trabajo para planificar este centro que estará ubicado en Malvín Norte y que Píriz estima que debería estar abierto y funcionando en menos de un mes.

    En Uruguay la tasa de transmisibilidad del Covid-19 es de 1. Es decir que cada persona enferma suele contagiar, en general, solo a una persona más. Según Píriz, esa baja tasa de contagio se debe a que “se hicieron bien las cosas”, como el aislamiento, el lavado de manos y el uso de tapabocas.

    Por eso, con el centro de contingencia el gobierno busca asegurarse de que para la población vulnerable haya alternativas de aislamiento cuando en sus hogares no existen las condiciones adecuadas y así evitar el crecimiento exponencial de casos. El centro “contiene a nivel comunitario a las personas más vulnerables”, resumió Píriz.

    La mayoría de las personas que enferman de Covid-19 no necesitan hospitalizaciones porque no tienen síntomas o los sufren levemente. Lo importante es que puedan hacer el “aislamiento en forma correcta” para evitar que contagien a un gran número de personas. Pero ¿cómo pedirle que se aísle a una persona que vive en colecho o cohabitación con sus familiares cercanos? Para eso es el nuevo centro de contingencia en Malvín Norte, al que podrán sumarse otros si hiciera falta.

    Los criterios de vulnerabilidad para entrar al centro son: imposibilidad de realizar aislamiento en comunidad, violencia comunitaria ejercida por ser Covid-19 positivo (como ocurrió en el asentamiento El Monarca), tener malnutrición, estar en situación de calle (sin patologías psiquiátricas o consumo de sustancias) y no poder ser acogido por las alternativas del Ministerio de Desarrollo Social (Mides). Para quienes viven en la calle y tienen problemas psiquiátricos o de consumo, el Mides está buscando soluciones, junto con el Ministerio de Salud Pública (MSP), por fuera del Hospital Vilardebó, que enfrenta diversos problemas en la atención de los pacientes.

    Los criterios de exclusión son tres: tener insuficiencia respiratoria severa, ser cabeza de hogar monoparental con hijos menores a cargo (el Mides trabaja en soluciones para este grupo) y embarazadas, que deberán ser hospitalizadas.

    Se trata de un “modelo” que puede ser replicable en el interior del país si fuera necesario. Está todo escrito e incluye aspectos de habilitación, fiscalización, control de infecciones, comunicación interna y señalética y gestión de residuos en el MSP. Toma en cuenta trabajos preparados para la contingencia de la gripe A (H1N1) de 2006 que resultaron útiles. Además, se trabajó con el Ministerio del Interior para resolver temas de vigilancia y seguridad y con el Mides para asegurar que sea viable reproducirlo en Tacuarembó, Artigas o donde haga falta.

    coronavirus

    No es un hospital

    Los primeros casos de coronavirus en asentamientos surgieron en los últimos 10 días y es un tema que preocupa al MSP. “Cuando la transmisión se da en el área comunitaria y se produce en áreas de mayor vulnerabilidad, determina que tengamos estrategias para mitigar específicamente eso”, explicó Píriz. No es un “hospital”, aclaró. Allí no se habla de “pacientes”, sino de “personas” que se alojarán en este “centro de contingencia”.

    El Covid-19 se comporta de manera distinta según el lugar, dijo el médico. Es “una conjunción entre el virus, los huéspedes y las características socioeconómicas y culturales de esas comunidades”.

    La Junta Nacional de Salud del MSP se reunión la semana pasada con la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) y con los prestadores privados de salud para presentarles el centro y comenzar a trabajar en la implementación. Las condiciones edilicias del lugar son ideales y requerirá poca inversión, asegura Píriz.

    Recibieron donaciones del banco BBVA, de la Embajada de Estados Unidos, que les prestó la carpa para oxigenoterapia, y del grupo #noscuidamosentretodos. En cuanto al personal necesario, no sería numeroso ya que las personas allí internadas no requieren alta demanda de asistencia. Además, la Cruz Roja donará sesiones de fisioterapia y apoyo psicológico para las personas durante la estadía.

    Llegar al centro

    Al llegar al centro de contigencia la persona entra por un acceso especialmente preparado e ingresa al Triage. Allí se le toman los datos, se lo examina y se entrevista con una nutricionista que evalúa si tiene desnutrición (uno de los motivos para ingresar) y si es positivo de Covid-19. Adentro, se le coloca una pulsera roja, amarilla o verde, según la necesidad de atención que se prevé que tenga y de la necesidad de controles. Los rojos se ubicarán más próximos a la enfermería. A la persona se le asigna una cama que estará en su box y a tres metros de distancia de otro. No podrá fumar, salir, ni recibir visitas y deberá evitar los traslados innecesarios. Esas son las “pautas de convivencia”. La comida llegará desde afuera una vez por día y se calienta en microondas. Las personas permanecerán allí 14 días, hasta que cese el riesgo de contagio.

    Para realizar los test y confirmar si la persona es negativa antes de que salga al exterior, una moto con una coolbox (caja de frío) saldrá del centro con las muestras y hará un camino corto hasta el Instituto Pasteur Montevideo, que está ubicado sobre Mataojo y contiguo a la Facultad de Ciencias. Allí se analizarán las muestras mediante tecnología PCR. Si se necesitan análisis de sangre estos serán referidos al Hospital Pasteur, uno de los hospitales más próximos al centro.

    Para el personal de la salud hay un cuidado detallado para el control de infecciones. No solo contarán con equipos de protección, sino que ingresarán por un sitio diferente. Allí tendrán un lugar calefaccionado para quitarse la ropa, dejarla en un locker con doble puerta y vestirse para trabajar dentro. Para salir irán a otro contenedor contiguo al de entrada, se quitarán los equipos de protección, se ducharán y retirarán su ropa del locker por una puerta accesible desde ese lado. Además, las mesas para comer serán muy largas y con líneas rojas para respetar la distancia, entre otros varios aspectos.

    Calmar el miedo

    ¿Miedo? Sí, hay, reconoce Píriz. Los vecinos de Malvín Norte, enterados de la llegada del centro de contingencia al barrio, tienen dudas, algunos temor. Pero eso está siendo abordado desde el MSP. Han diseñado una estrategia de comunicación para el barrio que incluye desde folletería hasta contacto con los vecinos, comercios e instituciones educativas de la zona para explicar qué se hará en el centro y por qué no deben tener miedo.

    “El desafío es explicar que es una solución innovadora a un problema que hasta ahora el sistema sanitario no había tenido que resolver”, dijo a Búsqueda Patricia Schroeder, responsable de Comunicación del MSP.

    Píriz aseguró que “se desecha absolutamente todo lo que tocan las personas con Covid-19 y nada sale al barrio, nada, todo se gestiona en la interna”.

    Información Nacional
    2020-05-07T00:00:00

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