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    Cerca de la revolución

    Director Periodístico de Búsqueda

    Nº 2256 - 21 al 27 de Diciembre de 2023

    Ya casi no quedan rebeldes. Ni las revoluciones llegan a ser revoluciones. El sistema está tan mediatizado y expandido que te absorbe mucho antes de que puedas cuestionarlo. Esta sentencia, que gana muchos adeptos entre las personas mayores de 40 años, se puede tomar de maneras diametralmente opuestas. La primera es la destructiva, la de desvalorizar todo lo que ocurre con los más jóvenes en los tiempos actuales y abrazarse a la certeza de que todo lo que venga será para peor. Esa es la mayoritaria. La segunda es incorporar y tratar de asumir que la velocidad de los cambios contemporáneos es tan abismal que a la mayoría nos cuesta verlos y mucho más entenderlos. Esa es la verdadera.

    Con la llegada de diciembre, se multiplican las reuniones sociales para despedir el año, que ya comienza a fundirse en el horizonte. En varias de ellas, en las que he participado por cuestiones laborales, escuché a CEO de grandes empresas hablar con especial interés de lo que está ocurriendo con las nuevas generaciones de empleados. Algunos se quejaban por su falta de apego a las reglas laborales tradicionales y otros relativizaban esos desvíos, aunque sí reconocían que las maneras de vincularse con el trabajo de los más jóvenes cambiaron y en muy poco tiempo.

    Un gerente de una multinacional importante vinculada al rubro de la tecnología y con mucha llegada en las nuevas generaciones, recurrió a un estudio que académicos habían realizado recientemente para hacer una especie de radiografía de lo que buscan a nivel laboral los menores de 25 años. Aseguró que el secreto para lograr que rindan lo máximo posible y estén contentos es darles la libertad que reclaman y modificar radicalmente la estructura histórica levantada sobre la presencialidad por otra que tenga como sostén la productividad. “Es un cambio de cultura importante que vino para quedarse”, aseguró.

    Dijo más. Mostró números que lo confirman. La empresa consultora Equipos realizó en setiembre de 2022 una encuesta entre los centennials, también conocidos como generación Z o generación posmilénica, que son el segmento de población nacido entre los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI. Son, desde otra perspectiva, los que ahora están atravesando sus primeros años en el mercado laboral o culminando sus estudios universitarios.

    Tienen una característica con la que no cuentan las generaciones que los anteceden. Una que para algunos es una virtud y para otros funciona como una perturbación, pero que es tan fuerte y disruptiva que los deja muy cerca de una especie de revolución silenciosa. Son nativos digitales. No conciben el mundo sin la tecnología, que en las últimas décadas cambió la realidad como si fuera un océano de lava.

    La encuesta concluye que los centennials son el 20% de la población uruguaya y los define como “un segmento que cada vez más irrumpe de manera decisiva en las dinámicas, tendencias y los más amplios aspectos de la vida social, económica y cultural del país”.

    ¿Qué buscan los centennials en el mercado laboral? Ahí está una de las claves de la nueva realidad. “La flexibilidad horaria, las oportunidades internacionales (que el trabajo brinde este tipo de oportunidades) y la libertad para proponer son las características más valoradas de un trabajo formal”, concluye el sondeo. Todas reglas muy distintas a las que eligieron sus padres y también sus hermanos mayores al ingresar a sus primeros trabajos.

    No solo en eso se diferencian. Más de la mitad de los encuestados contaron que tuvieron sus primeros teléfonos celulares a los 12 años o antes, uno de cada cinco utiliza internet más de ocho horas al día y la inmensa mayoría destina mucho más de una hora diaria a las pantallas. Además de los celulares, la mitad de los centennials declara tener PC/laptop y utilizarla con frecuencia.

    Son ellos los que se están abriendo paso. Es de ellos el mundo que viene. Muy distinto al que vivimos y en el que supimos vivir, por cierto. Porque también son ellos los que están construyendo de una forma acelerada las nuevas reglas, que van desde los vínculos íntimos hasta las formas de desempeñarse en el mercado laboral, disfrutar del tiempo libre, leer, informarse y otras tantas actividades cotidianas que están cambiando.

    No está ni bien ni mal. Es. Existe. Y se trata de una evolución natural fomentada por la tecnología y por la facilidad que crean los avances en la comunicación. Es allí donde se ven los más grandes cambios. Los trabajos tradicionales se siguen haciendo de la misma forma, tanto en el ámbito profesional como en oficios. Pero los otros se expanden como tinta en el agua y tiñen de un color más estridente a casi toda la nueva normalidad.

    Esa es la revolución más importante que se acerca. Estamos “cerca de la revolución”, como canta Charly García, pero esta es distinta, porque también es revolucionaria dentro de las revoluciones. Hay un quiebre importante entre los que ahora están a cargo y los que vienen a sustituirlos. Conciben de una forma distinta sus tareas. Antes, los más veteranos eran los que, a través de la experiencia acumulada, enseñaban a los nuevos. Ahora eso sigue ocurriendo pero de otra forma. Porque los adultos saben mucho menos que los jóvenes sobre aspectos que son absolutamente centrales para el futuro de la humanidad, como los tecnológicos.

    Así va a ser el mundo. Todos los avances van hacia el mismo lado. Y en ese terreno los nativos digitales tienen ventaja. Los centennials se van a encargar de poner el mundo patas para arriba porque tienen con qué hacerlo. No asumirlo es no entender lo que está pasando.

    Para terminar, una sola muestra difundida por Búsqueda en su última edición y referida a Uruguay. La industria local de las tecnologías de la información y la comunicación “alcanzó en 2022 una facturación de US$ 3.000 millones –equivalente al 4% del Producto Bruto Interno–, de los cuales US$ 1.800 fueron exportaciones de software, solo superadas por los rubros de carne, soja y celulosa”. Y esa cifra crece año tras año. En breve va a quedar por encima de todo o al menos en el podio. Ojalá, porque eso significará que están ganado los mejores o al menos los que saben cómo abrazar al futuro sin espantarlo o desvirtuarlo. Los necesitamos.

    Los que vienen pueden transformarse en hackers, adictos a las redes o programadores y surfistas especializados en olas de datos y de tecnología aplicada. Lo que habría que hacer para que sean lo segundo es asumir de una buena vez por todas que no hay forma de detenerlo. Negarlo en las escuelas, en los liceos, en las universidades y hasta en los trabajos solo ayuda a que lo que puede servir para construir termine destruyendo. Es como en la naturaleza, son los más fuertes los que terminan sobreviviendo. Y en este caso está muy claro a quiénes nos estamos refiriendo.

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