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Antes que nada, hay que cumplir con la información, y ella dice que esta película dirigida por un uruguayo va primera en la taquilla de EEUU, con 26 millones de dólares en su primer fin de semana de exhibición. Doble acontecimiento entonces, porque es la primera vez en la historia que un compatriota accede a los primeros puestos de Hollywood y además con viento a favor, porque tiene mucho éxito. Es que Federico (Fede) Álvarez hizo en 2009 el corto “Ataque de pánico”, donde con 300 dólares mostraba una invasión destructora sobre Montevideo que luego recorrió el mundo gracias a Youtube y le valió un contrato con Sam Raimi para hacer la remake de “Diabólico” (Evil Dead, 1981), un barato asunto de horror gore (truculento y con mucha sangre) que se transformó en filme de culto.
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Ya se sabe que hay un público joven (y no tan joven) adicto a las sangrientas emociones que se arrastran desde “Martes 13”, “Halloween” y miles de imitaciones que siempre buscan lo mismo: reunir a un grupo de muchachos de ambos sexos y despacharlos uno por uno de la forma más brutal que se pueda, así sea mutilando sus miembros, despanzurrando sus entrañas, colgándolos de ganchos de carne u otras delicadezas por el estilo. No importa para el caso que el asesino sea un monstruo indestructible que goza liquidando a sus víctimas sin ningún pretexto, o el mismísimo demonio que se mete adentro de la gente y la convierte en instrumento infernal de matanza. Las plateas suelen delirar con este tipo de horror nada sugerente y más bien explícito, como las “Pesadillas” de Freddy Krueger o el demente enmascarado de “Scream”. El asunto no es cuántos son sino que vayan muriendo.
Es natural que toda una generación (o más de una) se haya formado (o deformado) con el gusto por este tipo de cine. Es un género como cualquier otro, y depende del grado de truculencia empleada que todo sea más o menos violento, de dudoso o pésimo gusto, de escasa lógica interna (alguien siempre va al sótano sabiendo que no debería ir allí) o de angustioso encerramiento sin salida (donde jugará la astucia del acorralado protagonista contra las poderosas fuerzas del infierno). En uno y otro caso, la estética es la misma: sombras amenazantes, música inquietante, miedo y horror por lo que se avecina, inevitable carnaval de sangre, cuanto más abundante mejor.
Así que Fede Álvarez, visiblemente empachado de este cine que tiene sus obras de “culto” (y Sam Raimi es uno de sus principales representantes), se siente como un niño en la fábrica de caramelos. Puede manotear a diestra y siniestra y siempre va a encontrar algo sabroso con qué deleitarse. Posesión infernal es un compendio de todo lo que se ha visto hasta ahora, pero hay que anotar en su contra que nadie va a encontrar allí una sola idea propia, nada que no sea una prolija repetición de fórmulas, incluidos varios homenajes al filme original de Raimi (esos veloces travellings que avanzan entre el bosque, como si el demonio se acercara rápida e imparablemente) y algunos guiños para entendidos (el viejo auto abandonado, Bruce Campbell, actor fetiche de Raimi, en breve aparición). Pero siempre, siempre, es más de lo mismo.
Luego de un prólogo satánico, se ve a cinco jóvenes que se aíslan en una cabaña del bosque porque Mia (Jane Levy) es adicta a las drogas pesadas y su hermano David (Shiloh Fernández) se ha propuesto someterla a una cura de abstinencia. Pero cuando Eric (Lou Taylor Pucci) encuentra un libro de conjuros diabólicos y pronuncia determinadas palabras escritas allí, desata sin querer a todos los demonios del infierno que tomarán como primera víctima a Mia, la más vulnerable. Las incoherencias de conducta comienzan cuando el hermano cree que ella está bajo los efectos de la abstinencia después de verla vomitar cinco litros de sangre, lo que prueba que nunca vio “El exorcista” o es un personaje-títere en manos del director.
Y ahí ya están todas las fichas sobre la mesa. Nadie se irá de esa cabaña, uno tras otro caerán de la forma más grotesca, con clavos que se incrustan en la piel, cuchillos eléctricos que cortan brazos, sangre que salta a chorros, mortíferas escopetas de dos caños (¿contra el demonio?, ¡bah!) y la motosierra (¡hay! ¡la motosierra!) cuyo ruido pone los pelos de punta. Pero no, no son los pelos de punta: son las manos sudadas y el estómago revuelto, lógico resultado de este baldazo de sangre que no provoca miedo (es todo previsible) sino una rebuscada y calculada sensación de náusea. Los aficionados al género están de parabienes: encuentran lo que van a buscar. Los otros, ya saben que no deben acercarse. Y los que vayan a ver cine se encontrarán con el producto de un uruguayo que aplica uno a uno los clisés más trillados del gore pero ni un ápice de creatividad. Es solo un aventajado alumno empeñado en hacer buena letra. Pero siempre de prestado. No pone nada propio, ni siquiera un toque de humor: ¿porque no quiere o porque no tiene?
“Posesión infernal” (Evil Dead). EEUU, 2013. Dirigida por Fede Álvarez. Escrita por Fede Álvarez, Rodo Sayagués y la colaboración de Diablo Cody. Con Jane Levy, Shiloh Fernández, Lou Taylor Pucci, Jessica Lucas, Elizabeth Blackmore. Duración: 91 minutos.