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    Científicos y médicos proponen subir de “nivel” en investigación sobre el trauma cerebral en Uruguay, “un fenómeno complejo”

    “Vemos una realidad muy cruda en los hospitales. Desde los primeros años de la carrera lo primero a lo que nos enfrentamos son traumatismos de cráneo, múltiples casos por día. Es gente joven, muy joven, muchos en el entorno de los 20 años, con daños sobre todo por accidentes en moto”, dijo a Búsqueda el neurocirujano Federico Salle, profesor asistente de la Cátedra de Neurocirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar), que trabaja en el Hospital Maciel y en el Centro Regional de Neurocirugía de Tacuarembó.

    El traumatismo de cráneo se produce por un fuerte golpe en la cabeza, ya sea por un accidente laboral, de tránsito, la práctica de un deporte, un hecho de violencia o una caída principalmente en población de adultos mayores. El perfil de los afectados está definido. El 80% ocurre por accidentes de tránsito y moto en población joven y en los mayores de 60 los motivos más frecuentes son caídas y golpes, resumió Salle. Según datos de 2015 de la Unidad Nacional de Seguridad Vial (Unasev), hubo en Uruguay 506 fallecidos por accidentes de tránsito y 30.745 lesionados, 4.043 de ellos graves.

    El traumatismo de cráneo que genera lesiones cerebrales no tiene cura y causa altísima mortalidad. Las secuelas pueden acarrearse de por vida y dependen del sitio afectado. “Es una pandemia, es la principal causa de muerte en personas menores de 35 años y además genera pérdidas de años de vida potencialmente productivas para la sociedad”, señaló Salle. El trauma cerebral puede afectar la movilidad de la persona, llevarla a alterar o perder el habla, a llegar a perder totalmente las funciones nerviosas desde el cuello hacia abajo o provocar importantes alteraciones psiquiátricas, agresividad y problemas en la memoria.

    Por eso un equipo de investigación integrado por profesionales del Instituto Pasteur de Montevideo (IPM) y de Facultad de Medicina de la Udelar (de Medicina Intensiva, Neurocirugía, Emergencia y Centro de Tratamiento Intensivo e Histología y Embriología) se proponen conocer más sobre el impacto que generan estas lesiones en el cerebro, con aspiraciones a diseñar una terapia que pueda minimizar las consecuencias y ayudar al cerebro a recuperarse.

    Cuando una persona recibe el golpe se genera una lesión primaria inmediatamente después del trauma, que es irreversible. Luego de esta ocurre una lesión secundaria, el cerebro se inflama, se expande, y las consecuencias pueden ser aún más graves que las del primer impacto, explicó a Búsqueda el responsable del equipo de investigación Hugo Peluffo, profesor agregado del Departamento de Histología y Embriología de la Facultad de Medicina e investigador del Laboratorio de Neurodegeneración del IPM.

    El doctor en Neurociencias explicó que los trabajos con modelos animales, principalmente ratones, no siempre brindan las respuestas deseadas. Son parecidos al humano pero no iguales. Ahora se plantean subir de “nivel” y estudiar muestras de cerebro de uruguayos accidentados que llegan al Hospital Maciel y requieren cirugía. El equipo de Facultad de Medicina tomará las muestras durante estos procedimientos. Serán de tejidos lesionados que se descartan habitualmente y se tiran; por lo tanto no representa un problema ético, explicó Salle. Estos serán enviados al IPM para que los equipos especializados en genómica (de la Unidad de Biología Molecular y la Unidad de Bioinformática) analicen cuáles son los genes y proteínas que están presentes allí.

    Este estudio implica “pasar a otro nivel”, hacer genómica y analizar “redes de expresión” en lesiones de cerebro humano. “No hemos visto a nadie que lo haga en cerebro humano, es original”, destacó Peluffo, que disertará este jueves 2 durante la jornada “Pasteurizarte”, organizada por el IPM y la Fundación Gonchi Rodríguez sobre “seguridad vial y terapia génica”.

    La bolsa.

    Una tarea pendiente a nivel mundial es clasificar los traumas cerebrales. “Aunque parezca” sencillo, ha “costado mucho”, dijo Peluffo. El lugar de la lesión, el tipo de golpe, la aceleración, si hubo rotación o no, todo esto puede hacer que sus consecuencias y evolución varíen.

    “Hoy a todos los pacientes se los pone en la misma bolsa, se los trata igual. Pero ¿por qué a uno le va bien y a otro mal? ¿Qué hay en nuestros genes que nos hace distintos?”, se preguntó Salle.

    Los investigadores desean ver “desde el principio” qué es lo que está ocurriendo en el cerebro poco tiempo después de la lesión y qué redes de proteínas operan luego de que alguien se golpea. Hay proteínas protectoras y otras tóxicas, explicó Peluffo. Las proteínas son las que ejecutan las funciones: algunas promueven que el cerebro se reorganice y otras que las células mueran, por eso importa estudiarlas e identificarlas.

    “Queremos ver en el cerebro las redes de proteínas que se activan cuando un paciente responde bien y cuáles se activan cuando responde mal” para “aprender a tocar puntos que tengan un efecto global”, que creen “cascadas de señales que activen muchas proteínas antioxidantes”, por ejemplo, con posible aplicación en terapias a futuro, resumió Peluffo. “Al seleccionar las proteínas blanco, podremos intentar transferirlas. Esta es la terapia génica”, agregó.

    El equipo se presentó para pedir financiación de la investigación al Fondo Sectorial de Salud que abrieron en abril la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y el Ministerio de Salud Pública y busca además fondos del exterior. Este es un eslabón más de una serie de trabajos en curso y es parte de una línea de investigación que lleva años con financiación de la ANII, la Comisión Intersectorial de Investigación Científica (CSIC), el Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (Pedeciba) y la española Fundación La Marató de TV3.

    La búsqueda.

    Luego del golpe inicial y la lesión del momento, el cerebro se hincha. Esto genera problemas y complica el flujo sanguíneo. El tratamiento para el traumatismo de cráneo no ha cambiado sustancialmente en los últimos años, no hay grandes avances. Hubo mejoras en la anestesia y en los cuidados intensivos, pero las técnicas quirúrgicas —que apuntan, por ejemplo, a abrir el cráneo para evitar que la inflamación del cerebro genere mayores consecuencias dentro— no se han modificado sustancialmente y el pronóstico no ha variado. Los científicos piensan en poder intervenir en esta etapa de inflamación y promover, mediante la introducción de genes, la reducción de la inflamación.

    “En el laboratorio tenemos formas de introducir genes para que se produzca la proteína que module la inflamación”, informó Peluffo. El científico y su equipo buscan en cultivos de células y luego en ratones, cuáles son las sustancias protectoras que actúan a nivel cerebral cuando ocurre un trauma con miras a futuro de diseñar terapias.

    Están en camino. Los investigadores del Instituto Pasteur y Facultad de Medicina llevan años desarrollando prototipos que permitan transferir genes a ratones que han sufrido trauma cerebral para ayudar a que el sistema nervioso se recupere. Han logrado recientemente con éxito diseñar dos maneras para introducir genes en el cerebro y más precisamente en el núcleo de las células afectadas por el trauma. Una es con el uso de un virus. Lo modifican para que no sea infeccioso, lo introducen al sistema nervioso mediante una inyección y hacen que con él viaje un “gen neuroprotector” hasta el núcleo de la célula en donde tiene la tarea de promover la producción de proteínas neuroprotectoras que estimulen la recuperación.

    Otro camino que también han logrado que funcione es crear un ensamblaje de nanopartículas conocido como “nanovector”, que contiene el material genético deseado. También logran que entre en la célula y libere el material genético (ADN) dentro. Son dos maneras de hacer ingresar el contenido al sitio lesionado, dos “vectores” cada uno con aspectos positivos y negativos.

    Los estudios básicos y preclínicos realizados por los investigadores les han permitido seleccionar cuáles son las proteínas interesantes con las que trabajar, aquellas que “modulan o regulan la inflamación”, pero con el estudio en humanos aspiran a que se abran nuevas posibilidades, explicó Peluffo. “Pueden aparecer proteínas que desconocemos cómo funcionan o que pensábamos que funcionaban de una forma y que luego del trauma funcionan de otra y poder encontrar blancos terapéuticos nuevos”, vaticinó Peluffo.

    De hecho el camino no ha sido fácil. Han intentado, por ejemplo, con la introducción del gen “CD300f”, que probó ser beneficioso para los ratones solo en un comienzo, porque luego producía efectos no deseados. Ahora el grupo está probando con otro y los resultados son prometedores, adelantó Peluffo.

    En el mundo hay más de 2.000 ensayos clínicos de terapia génica para diferentes patologías. El caso puntual del trauma cerebral es “un fenómeno complejo”, indicó Peluffo. Intervienen un gran número de genes y miles de proteínas que cambian a diferencia de otros casos, como el Parkinson.

    “Si hay una proteína que disminuye la hinchazón, otra que ayuda a que mueran menos neuronas y otras que también sirvan para eso, podemos usarlas para paliar los efectos y disminuir el edema. No vamos a encontrar una que sirva para todo” por la complejidad que existe, explicó Peluffo.

    En Uruguay queda mucho por mejorar para que las personas accidentadas puedan recibir la asistencia adecuada a tiempo durante las primeras horas, esencial para reducir la mortalidad y las secuelas, indicó Salle.

    Ciencia, Salud y Ambiente
    2016-06-02T00:00:00

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