Uruguay está lejos de enfrentar un problema de escasez de alimentos, y de hecho la mayor parte de su carne, lácteos y granos producidos se exportan. “Pero si los uruguayos no cuentan con suficiente dinero para comprarlos, entonces tienen inseguridad alimentaria”, señaló el subdirector de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglás en inglés), Alexander Müller.
Müller, un ex subsecretario de Agricultura de Alemania que también ocupa en la FAO el cargo de director general adjunto en Gestión de Recursos Naturales, llegó a Uruguay para participar de la II Conferencia Global de Invesigación Agrícola para el Desarrollo, que comenzó el 28 y finaliza hoy jueves 1º en Punta de Este, con la participación de unos 700 investigadores de diferentes países.
—Uno de los temas principales de este congreso es el desafío de producir alimentos para una creciente población mundial. ¿Cuál es la posición de la FAO al respecto?
—Hoy existen 7.000 millones de habitantes en el mundo y habrá 9.000 millones en 2050, y la demanda de alimentos crecerá 60%.
Los patrones de consumo humano están cambiando de dietas vegetarianas a más carne, más proteínas, porque las áreas urbanas están creciendo. Además, cada vez hay más produccón de biocombustibles.
Estos cambios en conjunto representan una presión adicional sobre los recursos naturales, tierra y agua.
Algunos sistemas de producción deben enfrentar degradación de los suelos por utilizar prácticas no sustentables y por tanto, el cuidado de la fertilidad de la tierra es un asunto clave. Algo que debe quedar claro es que la tierra no es un recurso renovable. Se pierde mucho suelo por la erosión que genera la agricultura no sustentable.
La respuesta de FAO es la utilización de prácticas sustentables de gestión en el uso de la tierra. Hay una amplia gama de medidas a aplicar según la situación en diferentes zonas del mundo. Una por ejemplo es aumentar la cantidad de materia orgánica en el suelo, otra es la no labranza o tener árboles que fertilicen el terreno fijando nitrógeno.
—¿Cuál debe ser el rol del Estado en ese asunto?
—En ciertas áreas del mundo no hay una buena coordinación entre los intereses de corto y largo plazo. Se observa, no solo en Uruguay, que ciertos sistemas de producción pueden dar buenos resultados a corto plazo, pero en el largo plazo quizá no sean sustentables.
En diferentes políticas estatales los países utilizan diversos mecanismos para influir en las decisiones de los productores. Por ejemplo, en Europa hay esquemas de apoyo a los que adoptan ciertas medidas agroecológicas.
Los altos precios del trigo, el maíz o la soja son incentivos para que los productores cultiven más, pero hay que considerar el impacto negativo de eso en el largo plazo y asegurar la sustentabilidad de sus sistemas.
Lo mismo es válido para el agua. El 70% del agua retirada de los cursos hídricos naturales es para la agricultura. Y en ciertas regiones la falta de agua es la limitante para la producción agrícola.
—Con el objetivo de preservar los recursos naturales los gobiernos, como el de Uruguay, ¿deberían limitar las inversiones extranjeras en la compra de tierras?
—Este es uno de los temas candentes dentro de la comunidad agrícola: la inversión extranjera en tierras; qué se beneficia, y quién paga el precio. Por eso FAO empezó hace cinco años a trabajar en las directivas de gobernabilidad en la tenencia de la tierra; la pesca y los bosques. Organizó 15 reuniones regionales con todas las partes interesadas.
Y a partir de eso se elaboraron las directrices que en mayo pasado fueron adoptadas por el comité de seguridad alimentaria. Son directivas voluntarias, pero por primera vez se llegó a un acuerdo internacional sobre normas y estándares de cómo podría ser la buena gobernabilidad para la inversión en la tierra. Es un documento muy bonito que tiene referencias para la tierra. Ahora el reto es implementarlo y la FAO trabaja en fondos para que los países dispuestos a aplicar estas normas puedan hacerlo.Todos los gobiernos pueden estudiar y seguir las guías.
—Uruguay exporta la mayor parte de los alimentos que produce y eso incide en el aumento de los precios de esos productos para los consumidores locales. ¿Cómo encontrar un equilibrio en este tema?
—La seguridad alimentaria no solo significa que haya alimentos en abundancia, sino que la gente tenga acceso a los mismos. Actualmente la producción mundial es suficiente para toda la población, pero millones de personas no cuentan con el dinero para comprar los alimentos. En muchos países desarrollados hay pobres que tiene inseguridad alimentaria, a pesar de que hay más que suficiente alimento.
Por eso la FAO dice que la inseguridad alimentaria es mutlidimensional; se trata de disponibilidad, de acceso, y la pobreza que determina el hambre. Y la capacidad de uso de la oferta de alimentos.
Uruguay es un país rico en recursos naturales y puede producir muchos alimentos, puede exportarlos. Pero si los uruguayos no cuentan con dinero suficiente para comprarlos, entonces tienen inseguridad alimentaria.
La FAO discutió con los países miembros que en estos casos se requieren redes de seguridad social para que la gente pueda comprar los alimentos. La inseguridad alimentaria es un problema complejo que no está solo ligado a la producción.
—El gobierno uruguayo pidió a los empresarios que bajen los precios de los alimentos. ¿Considera que es una política adecuada?
—Hay un debate muy intenso a nivel mundial de cómo asegurar el acceso a los alimentos. Si se necesita crecimiento ecónomico para mejorar el ingreso de la población o necesitamos redes de seguridad social para que haya transferencia hacia la sociedad y la gente pueda participar de ese crecimiento económico. En ciertas zonas del mundo se habla de la reforma de la tierra para que la gente tenga acceso a esta y depende mucho de la situación de cada país.
Uno de los retos mayores en las negociaciones de las guías de gobernanza de la tierra fue que las decisiones estuvieran dentro de la soberanía de cada país.
En la crisis alimentaria entre 2007 y 2008 aprendimos que el mercado mundial no funcionaba bien. Muchos países ponían prohibiciones, aranceles o impuestos a las exportaciones de alimentos. Por lo cual la FAO estableció un sistema de información del mercado agrícola para monitorear lo que ocurre con el precio de los alimentos. Y el alto valor de esos productos lleva a generar distorsiones del mercado y provocar hambre en países pobres. De ahí la importancia de mirar lo que pasa en el mercado local, pero también en el internacional.
Actualmente, hasta un tercio de la producción mundial de alimentos se pierde o se malgasta. En los países en desarrollo muchos productores no cuentan con los medios de acceso al mercado y no pueden vender sus productos. En Ghana los productores me contaron que tienen que tirar el 80% de su producción por este problema. Estos productores no solo se quedan sin ingresos sino que además están malgastando agua, suelo y otros recursos.
Por eso es necesaria una inversión más fuerte para prevenir pérdidas poscosecha y permitir que los productores llegan al mercado.
Mientras, en los países desarrollados la pérdida de alimentos ocurre en las tiendas minoristas y en los hogares de los consumidores. Hasta un 30% del alimento producido en el mundo se tira. Este es un tema central que hoy se está discutiendo.
—¿Qué opina de la intervención del Estado en el mercado para regular los precios de los alimentos?
—La intervención en el mercado es un tema engañoso, porque puede generar efectos colaterales no deseados. Siendo ministro de Agricutura de Alemania fui responsable de adoptar medidas a nivel europeo ante el exceso de cultivos agrícolas, entre 2002 y 2003. Se intervino para que los productos elaborados en exceso sean retirados de mercado y se hizo un stock de los mismos. Eso costó mucho dinero y luego no había demanda para estos productos. Nadie quería comprar este stock.
Entonces la Unión Europea modificó esta política porque invirtió mucho dinero haciendo intervenciones para mantener los precios altos, y ahora decidió que estos stocks pueden ser contraproducentes y apoya a los productores de otra manera. Es mejor inversión en el acceso al mercado en aumentar el valor agregado para que el productor valorice su producción.
Es muy diferente la situación cuando se pretende almacenar stock para tener seguridad alimentaria. Eso es otro asunto. Para tener capacidad de respuesta cuando la cosecha de productos disminuye. Hay que analizar con mucho cuidado estos casos.
Economía
2012-11-01T00:00:00
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