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    Civilización perdida

    Washington D.C. 26 de julio de 2512 (De nuestras agencias). Científicos de la Universidad de Georgetown ofrecieron hoy una conferencia de prensa para informar acerca del hallazgo de vestigios de una civilización perdida en América del Sur.

    Este descubrimiento se suma a los hitos históricos que en el pasado lograron detectar signos de vida y (en algunos casos) de culturas extinguidas, todo lo cual permitió evaluar aspectos interesantes de lo ocurrido en esa región hace cientos de años.

    Si bien los científicos que realizaron hoy la conferencia de prensa se refirieron en primer término a los hallazgos arqueológicos realizados en esta región (el descubrimiento de Macchu Picchu por el explorador estadounidense Hiram Bingham en 1911, los desbrozamientos selváticos que permitieron encontrar los templos mayas de Tikal y Popol Vuh a mediados del S. XIX) en realidad los arqueólogos y antropólogos de Georgetown hicieron más hincapié en el paralelo entre los actuales hallazgos revelados en la orilla norte del Río de la Plata y el descubrimiento de la ciudad de Troya por parte del explorador alemán Heinrich Schliemann en Asia Menor al comienzo de la década de 1870.

    —“Quiero explicarles el porqué de este paralelo” —dijo en la conferencia de prensa de hoy el antropólogo Braulio Quemis Terio, ciudadano estadounidense pero descendiente de una familia proveniente de la misma región en la que se descubrieron los vestigios de esta civilización perdida, —“como ustedes sin duda recuerdan, Troya fue encontrada bajo siete capas sólidas superpuestas, fruto de la acumulación de los restos de distintas civilizaciones que se fueron superponiendo por encima de lo que iban dejando las que iban desapareciendo. Fue así que Schliemann, perforando y perforando, pudo llegar a Troya tras haber continuado su investigación vertical hacia las profundidades. Lo curioso de este caso” —prosiguió el científico— “es que, a diferencia del caso de Troya, en el que las superposiciones de civilizaciones demostraban la acumulación de murallas, construcciones, estatuas, templos y viviendas, permitiendo el hallazgo de tesoros artísticos que caracterizaban a las diferentes civilizaciones superpuestas, en el caso de esta civilización perdida en el norte del Río de la Plata, la acumulación vertical ha sido de basura, desperdicios y excrementos solidificados, que fueron enterrando progresivamente a las civilizaciones que se iban superponiendo” —agregó.

    Ante la pregunta de una periodista especializada, estudiante de arqueología de la misma universidad, en el sentido de cuál era la razón a la que los descubridores le atribuían esta curiosa conformación de capas superpuestas de basura, el investigador dijo que “no lo sabemos aún. Estamos clasificando varias capas verticales, y estimamos que la de más abajo, en la que parece haber existido una ciudad que se llamó Montevideo, —curiosa y coincidentemente llamada ‘La nueva Troya’ por el escritor francés Alejandro Dumas a mediados del S. XIX— fue literalmente tapada por desperdicios domiciliarios que los habitantes tiraban a la calle y nadie recogía. Se produjo entonces una fuerte emanación de gases tóxicos, la cual, sumada a la agresión de las ratas, que habían crecido al tamaño de leones y que constituían verdaderas fieras salvajes, terminó por aniquilar a la población. Por encima de esa civilización desaparecida apareció otra que se le superpuso, en la que las condiciones de vida fueron más precarias. Se encontraron aquí vestigios de estatuas muy primitivas  dedicadas a dioses paganos, talladas con elementales sistemas de desbastado rudo de la piedra. Había aparentemente un dios llamado Adeom, ante el cual los habitantes de esta segunda capa ofrendaban toneladas de desperdicios a los que parecería que le otorgaban poderes mágicos. Una de las estatuas tiene una inscripción medio borrada, parecería que dice ‘Ana a Adeom’, pero no sabemos a qué se refiere. Entre las ruinas de lo que parece haber sido un edificio oficial en la civilización anterior, probablemente llamado ‘Torre Ejecutiva’ según parece leerse de un cartel semidestruido existente en la puerta, aparecieron miles de hojas chamuscadas en lo que parece haber sido una ceremonia ritual de incineración de papeles. Todos los textos coinciden en una carátula en la que —medio borradas y quemadas— aparecen las letras ‘Constit… de la Repú…’ probablemente querrían decir ‘Constitución de la República’, pero lo estamos investigando. Ya en la capa superior, y aclaro que aquí el término ‘superior’ alude exclusivamente a la ubicación superpuesta por encima de la anterior, pero no supone ningún juicio de valor de superioridad con respecto a la que está más abajo, sino precisamente todo lo contrario”, —aclaró el antropólogo —“encontramos más y más basura, y menos y menos símbolos o vestigios que permitieran evaluar lo ocurrido en la etapa precedente. Más desperdicios, algunos documentos chamuscados con textos aparentemente escritos por desparecidos cronistas de la época, criticando a las autoridades, en los que, entre los párrafos faltantes, destruidos y semiquemados se leen frases como ‘atropello a los derechos de los ciudadanos’, ‘intento de ignorar la opinión del pueblo’, y, en documentos aparentemente oficiales, con sellos y membretes, frases sueltas tales como ‘se le condene a la hoguera en el quemadero de basura municipal número siete’ o ‘se le fusile sin más trámite arrojando su cadáver a la montaña de basura ubicada frente al municipio’. Y basura, y más basura” —comentó.

    El arqueólogo agregó que la desaparición de esta acumulación de civilizaciones embrutecidas en forma progresiva y ascendente, tras la enorme acumulación de desperdicios, se debió a que no hubo ciudadanos capaces de reaccionar a tiempo para enfrentar a quienes se negaban a recoger los residuos y permitían arbitrariedades y atropellos de todo tipo.

    —“Tenemos bien estudiados estos casos, y este en particular se ajusta al tipo ‘abandono contumacial de los deberes ciudadanos de defensa de los derechos colectivos e individuales’, un síndrome ya relevado en otros tristes casos anteriores en los que se ha visto desaparecer una civilización por la indolencia de sus protagonistas y la saña irresponsable de sus gobernantes” —señaló el científico. “Tengo un colega que le llama a estos casos con una expresión popular: ‘a estos se los comieron los bichos de adentro y de afuera’. Tal parece haber sido este deplorable caso que hemos descubierto en esa región” —concluyó.