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    Claudia Goldin: premio Nobel de Economía 2023

    Columnista de Búsqueda

    Nº 2246 - 12 al 18 de Octubre de 2023

    La Real Academia Sueca de Ciencias anunció el lunes 9 que el premio Nobel de Economía se otorgaba a Claudia Goldin, una economista de la Universidad de Harvard de 77 años, por abrir el camino en la investigación sobre las mujeres y el mercado laboral. Goldin es la tercera mujer en recibir el premio Nobel de Economía y a diferencia de lo que sucedió en años anteriores, recibe el premio sola, y no junto con otros colegas.

    En una columna anterior conté que en Uruguay solo 35% de los profesores titulares de Economía son mujeres, a pesar de que entran a la carrera académica más mujeres que hombres. También mencioné un estudio que señala que las médicas uruguayas tienen menor probabilidad que los hombres de alcanzar sueldos altos, aun dentro de una misma especialidad. Y de acuerdo a una investigación de CEPAL y ONU Mujeres, la diferencia relativa de los ingresos laborales de mujeres respecto a los de los varones (brecha de ingresos) se ubica en torno al 23% para un trabajador en la mediana de ingresos en Uruguay. Entender el porqué de estas diferencias resulta crítico no solo desde una perspectiva de equidad, sino también de eficiencia, ya que una mejor asignación de las mujeres a los trabajos permitiría generar más productividad, crecimiento y bienestar económico.

    La investigación de Goldin, justamente, ha contribuido a entender con más claridad los móviles por detrás de la participación de la mujer en el mercado de trabajo, el empleo femenino y las brechas de género en empleo y salarios en el correr de los últimos dos siglos. En su trabajo, la autora combina técnicas meticulosas de investigación histórica con un riguroso análisis microeconómico, y entrelaza temas como la educación, la productividad, la fecundidad, la organización del trabajo, las expectativas y las aspiraciones e identidad femeninas.

    Desde una perspectiva histórica, Goldin muestra que la participación de la mujer en el mercado de trabajo ha evolucionado en forma de U. Antes de la Revolución Industrial, la mujer trabajaba en actividades familiares agrícolas o artesanales o en servicios que se podían hacer desde la casa (como lavar ropa, coser, llevar adelante una tienda o una posada) y su participación laboral era relativamente alta. El cambio hacia la producción manufacturera que trae consigo la primera Revolución Industrial, el aumento en los ingresos que trae la manufactura en relación con la agricultura de subsistencia y la disminución de los emprendimientos familiares de baja escala reducen la participación de la mujer en el empleo, y sobre todo la participación de las mujeres casadas, que se empiezan a dedicar exclusivamente a las tareas de cuidados. La autora demuestra que, durante los siglos XVIII y XIX, las mujeres norteamericanas trabajan en la industria manufacturera mientras son solteras, pero dejan de trabajar después de casarse. Esta tendencia continúa hasta bien entrado el siglo XX, aunque con algunos matices: el surgimiento de los trabajos secretariales y administrativos reencauza la ocupación de las mujeres del sector manufacturero al de servicios. Recién en la segunda mitad del siglo XX, se empieza a observar un retorno de las mujeres casadas al mercado de trabajo, una vez que terminan de criar a sus hijos. Este retorno es en parte atribuible a tecnologías que mejoran la eficiencia del trabajo en el hogar (como el lavarropas o el lavavajillas), así como a un porcentaje cada vez más alto de mujeres educadas y a una aceptación mayor de la sociedad respecto del trabajo de la mujer casada. Estos factores hacen que cada cohorte retorne al mercado laboral con más fuerza que la cohorte anterior, provocando un aumento drástico en la participación laboral femenina a partir de los años 70.

    ¿Qué es lo que determina estos cambios de tendencias? Goldin analiza dos causas fundamentales. La primera tiene que ver con las expectativas de las mujeres. A principios del siglo XX no tenían perspectivas de una vida laboral muy larga (no estaba bien visto trabajar después de casarse), lo que las circunscribía a trabajos de baja preparación y bajo pago y en definitiva a educarse poco. Las expectativas de estas mujeres estaban alineadas a los retornos que podían conseguir a lo largo de su vida en el mercado de trabajo. Pero las expectativas se desalinean para las jóvenes que tienen que tomar decisiones de educación en los años 50 y 60. Las madres de estas jóvenes van a empezar a volver al mercado de trabajo una vez que sus hijos crezcan, lo que no es anticipado por estas niñas al momento de tomar la decisión de educarse, por lo que son generaciones que tienden a subinvertir en educación. Ya en los años 70, cuando las mujeres anticipan que su vida laboral va a ser más larga, ajustan sus decisiones de educación, hasta el punto que superan en nivel educativo a los hombres. La segunda explicación que encuentra Goldin a estas tendencias tiene que ver con la aparición de métodos anticonceptivos, que permiten a las mujeres posponer sus decisiones de tener hijos e invertir más en educación y en sus carreras profesionales.

    La investigación de Goldin no solo se remite a la descripción de procesos históricos, sino también a entender mejor las causas actuales de las brechas de género en el ingreso y el empleo. Sus trabajos desmitifican algunas creencias al respecto. Por ejemplo, durante mucho tiempo se atribuyó la brecha de ingresos entre hombres y mujeres a diferencias educativas o al hecho de que las mujeres tendían a elegir profesiones que se remuneraban menos que las de los hombres (por ejemplo, más enfermería y menos ingeniería). Si bien históricamente estos factores tuvieron un rol preponderante, Goldin demuestra que, en la actualidad, las mayores diferencias de ingresos entre mujeres y hombres se observan al interior de las ocupaciones. Goldin señala que dos tercios de las brechas de género en los ingresos en Estados Unidos se deben a diferencias de ese tipo y solo un tercio a diferencias entre ocupaciones.

    Y aquí radica otro de los aportes sustantivos de la investigadora y sus colegas: las brechas de ingresos entre hombres y mujeres emergen y se expanden luego de que la mujer tiene hijos. Goldin y coautores analizan cohortes de graduados de una misma profesión. En el corto plazo no encuentran diferencias en su participación laboral o en sus salarios. Pero 10 años más tarde, las mujeres tienen menores ingresos y muestran más períodos que los hombres fuera del mercado de trabajo. Las mujeres son penalizadas por permanecer más tiempo fuera. Y estas diferencias se observan solo para las mujeres con hijos y no para las mujeres sin hijos o para los hombres con o sin hijos. Goldin también demuestra que la falta de flexibilidad en el mercado de trabajo tiene mucho que ver con esta penalización: dentro de una misma ocupación, las mujeres trabajan en puestos que les permiten tener mayor flexibilidad, para poder estar disponibles para sus hijos. Los hombres, en cambio, tienen más probabilidad de elegir trabajos en los que están disponibles para las empresas por horarios extendidos. Estas diferencias explican una parte no menor de la penalización por hijos.

    Los resultados de Goldin se han replicado en numerosos países, y en particular en Uruguay. Querejeta y Bucheli (2022) encuentran que las mujeres uruguayas enfrentan una importante penalización por maternidad: sus ingresos mensuales se reducen 19% un año después del nacimiento del primer hijo y el efecto alcanza a 36% luego de 10 años. Las reducciones se explican por una caída en el empleo formal y, en menor medida, por la reducción en el salario por hora. Las mujeres de menores salarios son las que enfrentan las mayores penalizaciones.

    Con su análisis detallado y teóricamente riguroso, Goldin ha contribuido a que entendamos mejor algunos de los determinantes de la participación laboral de las mujeres y de las brechas de género en empleo y salarios. Entender estos determinantes es clave para que las políticas alcancen asignaciones más eficientes y equitativas.

    Referencias

    Colacce, M., Mojica, M. y Zurbrigg, J. (2020). Brechas de género en los ingresos laborales en el Uruguay (LC/TS.2020/79), Santiago, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)/Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU-Mujeres).

    Querejeta, M., & Bucheli, M. (2023). “The Effect of Childbirth on Women’s Formal Labour Market Trajectories: Evidence from Uruguayan Administrative Data”. The Journal of Development Studies, 59(2), 209-223.

    Scientific Background to the Sveriges Riksbank Prize in Economic Sciences in Memory of Alfred Nobel 2023. The Committee for the Prize in Economic Sciences in Memory of Alfred Nobel. The Royal Swedish Academy of Sciences.

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