En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
La sala de exposiciones de Bavastro e Hijos estaba repleta ayer miércoles 13 a las 15 h. La peculiar subasta que estaba por iniciarse, de 130 piezas de caza mayor, había despertado gran interés entre los posibles compradores, y también repudio de personas y de asociaciones que defienden los derechos de los animales. Algunos clientes habían entrado al remate luego de recibir empujones o algún zarandeo de ambientalistas que se habían congregado poco después de las 14 en la puerta.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
“¡Queremos animales libres!”, “¡Alcahuetes de los asesinos!”, gritaban por los megáfonos. Eran unos 10 manifestantes que no se identificaron con ninguna organización, aunque algunas habían convocado por las redes sociales a concentrarse en Sarandí y Misiones. El grupo Acción y Reacción hizo un llamado en su página de Facebook con estas palabras: “Fueron asesinados y convertidos en piezas decorativas, pero podrían estar vivos”.
Desde hacía dos semanas, esta colección de trofeos de caza mayor se estaba exhibiendo en la sala de exposición de Bavastro, y cerca de 2.000 personas habían ido a verlas. Entre los visitantes estuvieron niños ciegos de las escuelas públicas 279 y 198, quienes recibieron la guía del Club Safari Internacional para que pudieran tocar y así conocer estos animales.
El ambiente se había ido caldeando con los días, y Bavastro había recibido amenazas y protestas de personas que cuestionaban el remate. Cuando llegó la hora, afuera del local los manifestantes no solo gritaban y repartían volantes, sino que dieron patadas a la puerta y rompieron un vidrio y una reja. A uno de los agentes que estaba de particular le pegaron en la cara. Hubo forcejeos y rápidamente la protesta se dispersó cuando estaban por llegar más policías. Mucho tiempo antes, los empleados del remate habían bajado la cortina metálica que quedó pintada con la palabra “Asesinos”, y con un cartel pegado que decía: “Repudio a Bavastro y todos los consumidores de las industrias violentas y asesinas”.
En el lugar quedó una ambientalista joven que había ido por su cuenta y repartía volantes con un mensaje contra el sufrimiento animal: “Por favor, ¡no seas parte de este negocio cruel!”. La joven conversó con integrantes de la familia Bavastro en la puerta del local y mantenía una actitud pacífica; sin embargo, un policía le tomó los datos. Uno de los agentes de particular que había presenciado los golpes le dijo a Búsqueda, visiblemente nervioso, que habían filmado los incidentes y que tenían a todos identificados, pero que aún no había detenidos.
Mientras tanto, en la sala de exhibición el público encerrado con los animales embalsamados seguía con interés el remate de Héctor Bavastro, y los lotes iban saliendo a buen ritmo. Algunos hablaban por celular, entre ellos un señor de sombrero y gabardina que se había acomodado debajo de una cabeza de grandes cuernos para hacer sus consultas, y el conjunto producía cierta extrañeza. Entre el público había hombres y mujeres de todas las edades, algunos de ellos extranjeros. Los lotes más numerosos fueron los de cabezas de antílope; una de ellas, la de un impala, se remató en 550 dólares. Otras cabezas subastadas fueron la de un jabalí macho a 800 dólares, la de un búfalo a 2.100 dólares y la de un hipopótamo a 2.000 dólares.
De cuerpo entero, con 1.70 m de altura y de fauces abiertas, el león fue la pieza más fotografiada durante los días de exhibición y la más costosa de la colección. Bavastro dio la base de 8.000 dólares y rápidamente ese valor fue subiendo hasta llegar a 13.500 dólares. El comprador del león, vinculado a la industria de los chacinados, también se llevó las cuatro patas de elefante transformadas en bancos. Esas piezas, junto con la trompa de elefante y las patas de cebra hechas lámparas, eran las que causaban peor impresión en el remate.
La colección había pertenecido a la familia Savoi, integrada por varios cazadores que obtuvieron estos trofeos en África y los mantenían con la temperatura adecuada en su casa de Punta del Este. Cuando vendieron la casa con la colección dentro, el comprador la envió a remate (ver Búsqueda Nº 1.776).
Uno de los cazadores identificados en los trofeos es Gastón Savoi, un empresario multimillonario que vive en Sudáfrica. Según varios artículos de la prensa sudafricana, Savoi está sometido a un proceso judicial desde 2010 junto a su socio, Fernando Praderi, y ocho personas más, entre las que hay funcionarios del gobierno.
Savoi y su socio estuvieron presos unos días en 2010 y luego de pagar la fianza salieron en libertad provisional. Ambos tienen una empresa llamada Intaka Holdings que vende plantas purificadoras de agua y que ganaba las licitaciones oficiales. La Justicia los acusa de extorsión, fraude, corrupción y lavado de dinero. Hay denuncias de sobornos a funcionarios del gobierno por 3. 2 millones de rands, la moneda sudafricana, un poco más de 300.000 dólares. El proceso en la Justicia continúa hasta hoy, y la información puede consultarse en las páginas del portal digital Mail and Guardian o IOL News.
Después de las alfombras con cabeza de oso o de leona, y de las pieles de cebra o de zorro, Bavastro bajó el martillo a la última pieza, otra cabeza de antílope que se remató en 800 dólares. El rematador quedó conforme con la subasta porque solo quedaron cuatro o cinco piezas sin vender. “Disculpen las molestias que les pueden haber causado algunas personas”, fueron sus últimas palabras antes de irse a un descanso. Después seguiría con un remate tranquilo y tradicional de platería criolla.