—Usted asumió como comandante en jefe y a los pocos días el Ejército comenzó a realizar dos tareas a las cuales no estaba habituado: el patrullaje en frontera y el control de la población asociado al Covid-19. ¿Estaba preocupado por cómo podían desarrollar ese trabajo?
—El patrullaje en frontera es una misión totalmente nueva para nosotros, sobre todo desde el punto de vista del marco jurídico, y que además nos ponía en contacto con una cantidad de agencias de otros organismos del Estado, con la Fiscalía en particular. Y por otro lado también estaba la incertidumbre de cómo se podía comportar nuestro personal en el trato diario con miles de personas. Arrancamos con eso y luego se declara la emergencia nacional por la pandemia. Fue en definitiva un rol atípico en el que creo que nos ha ido muy bien. Afortunadamente, no tuvimos que enfrentar ninguna denuncia por mal procedimiento.
—En ciertos sectores de la población había temor de cómo podía comportarse el Ejército en el trato diario con la gente. ¿Sucedía lo mismo en el Ejército?
—Sí, lo había. Inicialmente, además del marco del cumplimiento legal, fue la mayor preocupación que tenía: cómo se iba a comportar el personal del Ejército en esa relación, deteniendo vehículos, solicitando documentación. Incluso la actitud inicial nuestra fue un poco de aprehensión y después inmediatamente corregimos.
—¿Cómo?
—El fusil pasó a ponerse mayormente colgado en la espalda, sacamos las ametralladoras de los vehículos y las pusimos en una situación de apresto, y a su vez nuestro personal comenzó a interactuar con la gente y la gente con nuestro personal. En ciertos lugares la gente voluntariamente ofrece agua, alojamiento, y esa relación se cimentó a partir del comportamiento de ambas partes. De parte nuestra se aceitaron los mecanismos y nos acostumbramos a actuar amablemente. La gente colaboró, entendió que había mucho en juego, y a su vez nuestros efectivos fueron agarrando la práctica en una función nueva aquí en el país, pero que de forma similar ya trabajamos en el extranjero con las misiones de paz. Si había algún preconcepto, se fue eliminando. Hoy esa parte ha sido superada. A veces creo que esos preconceptos establecen una barrera invisible que de a poco se ha ido cerrando y en algunos lugares del interior hasta nos reclaman que vayamos más seguido.
—Menciona el reconocimiento al Ejército en el interior del país. El coronel Juan José Pioli, en su libro Ejército y sociedad, afirma que el Ejército es más resistido en sectores jóvenes, montevideanos y universitarios. ¿Coincide?
—Él hace un muy buen análisis. Hay cosas que vienen de los 70 y se mantienen, como la capital, el centro urbano, y también de repente se puede dar más en determinados niveles educativos.
—Bajo su liderazgo el año pasado se inició un proceso de análisis de la realidad histórica del Ejército de 1958 a la actualidad. ¿La iniciativa va en línea con superar estos preconceptos?
—Este proceso de análisis se centra en incorporar en nuestros integrantes un mayor conocimiento de esta historia reciente, de escuchar abiertamente a la sociedad, partiendo de la premisa que escuchar y aprender no significa necesariamente compartir o aceptar. Se va a escuchar, y en ese escuchar a la sociedad cada uno de nuestros integrantes podrá informarse mejor y llegar a una mayor profundidad en cuanto a determinadas verdades, por llamarlo de alguna manera. Y de esa forma poder nosotros reforzar la esencia de ser soldado. Creemos que necesitamos darles futuro a las nuevas generaciones, y para hacerlo es necesario llevar esto al sistema de enseñanza. Ese es el gran objetivo. Es un camino largo.
—¿Cómo surgió la idea?
—Ha habido preguntas de por qué ahora. Y la pregunta mía es: ¿por qué no ahora? Yo cuando fui convocado para este puesto estaba fuera del país hacía tres meses y tenía esa idea de que algo había que hacer. Fui director del Liceo Militar, fui director de la Escuela Militar, y notaba que la juventud se veía frenada permanentemente. Los gurises del Liceo Militar muchas veces eran insultados en la calle, gurises, adolescentes, por circunstancias que a veces ni ellos entendían. También a los cadetes en la Escuela Militar a veces se les dificultaba. El día que asumí el cargo yo dije que teníamos que realizar las acciones necesarias teniendo presente el dolor, pero enfatizando en el futuro. Necesitamos darles un futuro a las nuevas generaciones. Notaba que ese pasado nos atrapa, nos trae hacia atrás y nos dificulta continuar hacia delante. Entendía que algo había que hacer, no sabía muy bien el cómo, y entendía que lo que había que hacer era en el sistema educativo. Después se fueron dando determinados hechos que hicieron más patente esa necesidad de hacer alguna cosa.
—¿Cuáles?
—Por ejemplo, la cantidad de procesamientos que estamos enfrentando, gente retirada que está yendo presa, que se ha incrementado este año y que también materializa una necesidad adicional, porque no hay una línea definida en cuanto personal en actividad o en retiro, sino que muchos de los que están presos tienen hijos y hasta nietos que siguen en actividad, entonces las líneas se hacen difusas y una cosa está influyendo permanentemente en la otra. También la publicación de las actas de los tribunales de honor, lo cual trajo a la opinión pública una cantidad de hechos negativos para la institución. Y, a su vez, al empezar a recorrer las distintas unidades me daba cuenta de que había una falta de información en los oficiales más jóvenes. Eso lo hablamos con los generales en reuniones frecuentes y fuimos desarrollando una estrategia.
—La iniciativa cuenta con el apoyo del ministro de Defensa y del presidente. ¿Por qué no fue impulsada por el Poder Ejecutivo ni incluye a la Armada ni a la Fuerza Aérea?
—La necesidad de hacer algo venía ya determinada en mí, pero se fue desarrollando motivada por nuevas circunstancias. No fue solo una impronta personal. Fue un proceso que fue hablado con los mandos superiores, tanto con los generales como posteriormente con el ministro, y supongo que el ministro con el presidente. No fue coordinado con las otras fuerzas porque en ningún momento pensamos en arrastrarlos a ellos a este proceso que entendíamos que era necesario para nosotros. Cada uno tiene su propio contexto y sus realidades. Les expliqué a los comandantes de las otras fuerzas cuál era nuestra intención.
—¿Qué tan dura fue la resistencia interna en el Ejército?
—Hay gente que pensó que de repente iba a provocar que una mayor cantidad de gente caiga presa a consecuencia de esto. Sí, hay gente que lo pensó por ese lado, que tal vez lo vio como una aceleración de circunstancias. Seguramente cometí un error al no comunicar con anticipación lo que íbamos a hacer, aunque eso se hizo pensando en que no queríamos aparecer como oportunistas ante la prensa, parecer que ahora íbamos a ser distintos, que iba a ser un lavado de cara para dar una buena imagen y pronto. No buscamos un impacto efectista. Tratamos de concentrarnos en el trabajo, en no hacer una discusión permanente. Esa fue la razón por la que no se hizo una comunicación previa. Pasado el lanzamiento y el primer evento académico en noviembre, y viendo los temblores y las consecuencias que eso estaba provocando, aceleré los contactos con los presidentes de las unidades simbólicas, con los presidentes de los clubes sociales, para explicar nuestro propósito. Obviamente que a partir de una empresa de estas circunstancias se suscitan algunas opiniones en contra y algunas que tienen su visión sobre lo que la fuerza debe seguir haciendo y continuar mostrando, y asumo yo que lo hacen a partir de un entendimiento de lo que consideran lo mejor para el Ejército. Obviamente que hemos tenido algunas críticas y dificultades, el camino no ha sido fácil. Al tocar distintas vertientes, distintos universos, se nos ha dificultado un poco, pero también eso contribuye a darle mayor riqueza a lo que estamos haciendo.
—Dijo que uno de los objetivos de este análisis histórico es reforzar la esencia de ser soldado. Algunos militares opinan lo contrario.
—Ese es otro de los puntos que algunos nos criticaron, que el Ejército podía perder la esencia del soldado. Yo entiendo que no, yo entiendo que la esencia de ser soldado se construye de muchas maneras. Que podamos comprender lo que pasó y comprender otras realidades creo que al soldado no lo hace más blando, sino que lo hace más flexible para poder relacionarse con la sociedad, a la cual necesariamente va a tener que defender. Nosotros tenemos un cometido fundamental que es en última instancia constituir la última razón del Estado en un conflicto que pueda llegar a un empleo de violencia máxima. Necesariamente tenemos que preparar a nuestros soldados para esa misión esencial, que pasa por el empleo de los instrumentos de violencia que el Estado y la sociedad le confían al Ejército. Esa es su esencia. Y esto se refleja en el sistema educativo, que no solo va a hacer un ajuste en los programas de historia o historia militar, sino que va a tener elementos que son transversales a distintas materias, de los cuales se pueden sacar enseñanzas para por ejemplo reforzar el concepto de la esencia del soldado. Materias como ética y moral militar, liderazgo, derechos humanos, derecho constitucional, todo lo que es el marco jurídico y normativo que ha ido cambiando en todos estos años y de repente nuestros soldados no lo han incorporado. Hay todo un cambio del marco jurídico que nos obliga necesariamente a actuar de determinada manera, que si juramos acatar y defender ese marco jurídico tenemos que primero entenderlo y entender las limitaciones y las imposiciones que nos hace ese nuevo marco jurídico. Entonces hay líneas transversales hacia varias materias del sistema de enseñanza. Y creo que cuanto más conocimiento, más capacitación y más competencias tengan nuestros soldados va a ser mejor. Va a ser una persona más informada, más flexible para adaptarse a las cambiantes circunstancias no solo en el Ejército, sino en la realidad nacional e internacional. El soldado necesariamente tiene que ampliar sus conceptos, su flexibilidad, porque hasta la función más simple que se haga si se hace mal puede tener un efecto estratégico en contra de la institución, y a veces hasta del país si sucede en las misiones de paz.
—¿Puede una iniciativa de este tipo romper las barreras que separan al Ejército de ciertos sectores de la sociedad?
—Hoy no tengo una herramienta metodológica para juzgarlo, pero creo que sí, que es un puntapié inicial, porque esto no termina aquí. El hecho de escuchar a toda la sociedad, a los distintos universos, y trasladarlo al sistema de enseñanza da cierta continuidad y certeza de que las generaciones más jóvenes están dispuestas a mirar hacia adelante. Seguramente los que me sucedan a mí lo continuarán de algún modo y, si no, de otra manera habremos sembrado una semilla en los más jóvenes dentro y fuera de la institución para tener un futuro mejor. Los hechos pasados siempre van a estar presentes, y va a ser difícil superar algunas cosas, pero es un proceso que es positivo y puede ser sanador de heridas, al menos de intentar zurcir esas heridas abiertas.
—Relacionado a la dictadura, actualmente se discute si corresponde una reparación económica para las víctimas o las familias de quienes fueron víctimas de la guerrilla. ¿Está de acuerdo con la idea?
—Sí, ahora hay una propuesta que está en el sistema político y sobre este tema el ministro de Defensa ha expresado su opinión. Sobre el fondo preferiría no emitir opinión, pero cada vez que se quiera enfatizar el sentido de justicia en el más amplio concepto obviamente que la institución y en lo personal estoy de acuerdo con todo aquello que realmente sea justo, más allá de esta propuesta en particular.
—En cuanto a lo operativo: suelen repetirse las dificultades de equipamiento que tienen la Armada y la Fuerza Aérea. ¿El Ejército está mejor?
—Nosotros también tenemos una situación que necesariamente debe atenderse, de muchos sistemas y plataformas, particularmente porque Naciones Unidas tiene mayores exigencias y porque los ambientes operativos donde van nuestros contingentes de las misiones de paz también tienen mayores exigencias. Los ambientes de conflictos hoy son mucho más complejos de lo que eran en el pasado. Nos obliga a reponer mucho el equipamiento que va hacia afuera. También provocó mayor desgaste el patrullaje en frontera, que llegó para quedarse, especialmente de vehículos multipropósito. Por la falta de presupuesto se ha ido incrementando a lo largo del tiempo la necesidad de recurrir a los recursos que nos da Naciones Unidas, que a su vez se usan para tapar otras áreas. Esa combinación ha aumentado la presión sobre la necesidad de equiparnos adecuadamente. Es una realidad compleja y no quiero compararla con los hermanos de otras fuerzas; pero sí, el Ejército es del que se habla menos en este tema.

Gerardo Fregossi. Foto: Nicolás Garrido / Búsqueda
—Recientemente el Ejército creó una división especial para enfocarse en la ciberseguridad. ¿Está Uruguay preparado para una amenaza de este tipo?
—Aunque en Uruguay tal vez no tengamos un desarrollo muy profundo de sistemas dependientes de la parte informática, consideramos que es un tema muy importante, un elemento esencial, no solamente desde el punto de vista de la seguridad de los estados, sino porque además constituye un medio de agresión permanente de un Estado sobre otro, de determinadas corporaciones sobre los estados, de determinados agentes sobre un Estado. No solo es el ataque cibernético. Ahora los conflictos se están dando a través de las redes sociales donde se buscan obtener efectos sociales. Hay países que manejan el concepto de guerra de la información, que incorpora elementos más complejos que un ataque cibernético. Eso nos preocupa mucho. Nuestra primera obligación es protegernos y empezar a capacitarnos en esta nueva dimensión. Como forma de crear una semilla empleamos la Unidad de Ciberdefensa del Ejército y esta División de Proyectos Especiales, que procura reducir las vulnerabilidades que tenemos y empezar a entrenar a agentes jóvenes para este trabajo. Estamos pensando en otras cosas como incorporar la prospectiva en los análisis estratégicos que hacemos. Todavía el Ejército no lo ha podido desarrollar en su sistema de planificación y de análisis operacional del futuro: llegar a visualizar y comprender cuáles son los escenarios futuros que va a enfrentar la fuerza.
—La Armada y el Ministerio del Interior sufrieron ataques cibernéticos. ¿El Ejército también?
—Afortunadamente, no hemos recibido ataques máximos y tampoco tenemos como otros países una dependencia muy grande de lo tecnológico. En el Liceo Militar hacen tiro con arco y les decimos a los alumnos que están practicando con las armas del futuro, porque cuanta más tecnología hay más posibilidades de ser afectado por la tecnología, por lo tanto, en algún momento vamos a tener que volver a lo básico. Nosotros en el Ejército hicimos una evaluación y nos dio que tenemos un nivel de protección que debemos mejorar, pero no hemos sufrido mayores ataques.
- Recuadro de la entrevista
“El tiempo conspira para contribuir” con información nueva sobre hechos de la dictadura
Contratapa
2021-07-28T23:28:00
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