El área de Negocios Energéticos de Ancap participa en todo el proceso: desde la elección y compra del barril más conveniente, la llegada del petróleo por tuberías a Montevideo, y la refinación y el envío de los combustibles y otros productos por tierra y por río hasta plantas de distribución. Desde allí se abastecen las estaciones de servicio y otros expendios. Se trata de un largo camino de un barril para abastecer a los automóviles, barcos, aviones, garrafas y otros consumidores.
El petróleo
Las compras de petróleo son el primer paso, y para ello Ancap debe decidir qué cantidad y tipo de crudo le conviene, teniendo en cuenta el precio y su composición química. No siempre más barato es mejor, y por ello los técnicos de la empresa utilizan programas de simulación para estimar cuál sería la producción con cada tipo de petróleo y la calidad de los productos finales con el fin de decidir qué oferta es la más conveniente.
Por eso, salvo los contratos ya pactados, Uruguay adquiere crudo de distintos países en función del provecho que le pueda sacar la refinería; Rusia, Nigeria, Camerún, Angola y Brasil son algunos de los que abastecieron a Ancap recientemente, después de pasar por una licitación. Esas compras se hacen luego de completarse los cargamentos pactados por contrato, por ejemplo con Venezuela, ya que ninguna de las opciones puede igualar las condiciones a las que llega el petróleo de ese país, explicó a Búsqueda José Pastorino, gerente de Negocios Energéticos del ente estatal.
Durante el primer gobierno del Frente Amplio se puso en vigencia un acuerdo con la administración de Hugo Chávez que le permite a Ancap adquirir petróleo venezolano en plazos y a tasas de interés ventajosos.
Esta semana, los precios del barril de petróleo —que contiene 159 litros— fueron de entre U$S 90 la variedad West Texas Intermediate y U$S 110 el Brent.
Con la compra ya hecha, el petróleo llega a Uruguay por vía marítima. El barco debe dirigirse hacia José Ignacio, en Maldonado; a tres kilómetros de la costa una boya recibe el crudo y lo envía a tierra por un oleoducto submarino a la costa. Allí están dispuestos ocho tanques donde se almacena y luego se bombea por otro gran tubo situado bajo tierra hacia La Teja. A una velocidad de 450 metros cúbicos por hora la refinería recibe la materia prima; son unos 7.200 metros cúbicos por día que llegan durante 16 horas de bombeo.
Cada 22 días aproximadamente llega un cargamento de crudo. Son entre 14 y 16 viajes al año de alrededor de un millón de barriles cada uno, seis de ellos provienen de Venezuela.
En promedio, de cada barril se obtiene 30% de gas oil, 23% de otras gasolinas, otro 23% de fuel oil pesado, 6% de supergás y otras sustancias como solventes, queroseno, jet fuel, diesel oil, fuel oil para calefacción, fuel oil marino y asfalto componen el restante 18%.
Ya en La Teja, para conseguir esos productos el petróleo debe pasar por varios procesos, con cambios de presión, altas temperaturas y modificaciones en la estructura molecular. Todo eso atravesando un inmenso complejo lleno de estructuras con innumerables tubos, hornos y torres que son tantas y ocupan tanto espacio que son necesarias algunas calles señalizadas (con nombres como Paraíso, Cambrí, Espinillo, etc.) para circular dentro de la refinería sin perder el rumbo.
Unos 300 operarios trabajan en la planta en cuatro turnos que ocupan toda la jornada. Todos llevan mamelucos, casco y antiparras; hombres y mujeres recorren esas instalaciones y se detienen delante de aparatos, canillas y salidas de vapor que hay por doquier. Algunos circulan en bicicletas o en automóviles para ir de un lado a otro.
La refinación
Al entrar a la planta, el petróleo es sometido a un proceso de destilación “atmosférica” a unos 350º de temperatura en una torre de cerca de 30 metros de altura. De esa primera etapa se obtiene supergás, gasolinas, gas oil y queroseno.
En el fondo de esa torre queda un residuo que se somete luego a un nuevo proceso de destilación, esta vez al vacío y a mayor temperatura (380º a 420º) para fraccionar la parte más “pesada”. Se extraen nuevas partes de gas oil liviano y pesado, y a esta última le espera otra fase llamada “cracking catalítico” para llegar a la especificación requerida. De esos últimos procesos también se extraen solventes, como disán y aguarrás.
Luego de la destilación al vacío queda un nuevo residuo (fondo de vacío) que luego de un proceso para reducir la viscosidad se transforma en fuel oil; también se puede extraer asfalto si las características del crudo lo permiten. El fuel oil es la versión más pesada del combustible; es tan viscoso a temperatura ambiente que debe mantenerse caliente para que sea bombeable.
El gasoil y las naftas que salieron de los primeros destilados son sometidos a varios procesos; pasan por una unidad estabilizadora de la que a su vez se extrae el gas licuado (supergás), atraviesan una hidrotratadora y de acuerdo con su composición pasan por las unidades de isomerización o de octanizing. También pasan por un equipo que elimina los mercaptanes que generan el mal olor de los combustibles y son sometidas a procesos de desulfurización para reducir los niveles de azufre. Con esos procesos, y la nueva tecnología que está incorporando Ancap, se llegará a combustibles con menos de 30 partes de azufre por millón en las gasolinas y menos de 50 partes por millón en el gas oil.
La calidad de los productos de la refinería es buena, teniendo en cuenta los requerimientos del mercado en cuanto a niveles de octanaje y azufre, dijo Pastorino.
El proceso industrial se realiza todos los días a unos 50.000 barriles, casi 8 millones de litros de petróleo.
Actualmente, Ancap está estudiando una eventual expansión de la capacidad de procesamiento de la refinería; se podría incrementar de 5% a 10% eliminando algunos “cuello de botella” en el proceso actual y sin necesidad de realizar inversiones, y otro 10% a 15% destinando recursos a aumentar la infraestructura.
El típico paisaje desde la rambla portuaria con el “fósforo” gigante de Ancap cambió hace unos diez años cuando una segunda antorcha de 80 metros comenzó a arder a la par de la original. Esas antorchas están prendidas permanentemente por seguridad; son unidades de emergencia que queman cualquier residuo inflamable que elimine la refinería. Actúan como una especie de válvula de escape.
El único momento en que se detiene el proceso fabril es cuando se realiza el mantenimiento. Eso se lleva a cabo cada unos cuatro años y normalmente demanda uno o dos meses.
En 2007 y 2011 fueron las detenciones más recientes para mantenimiento de La Teja. El último se extendió por cinco meses porque las tareas tuvieron un alcance mayor y también por conflictos sindicales, lo que significó una caída importante de la producción industrial e incluso una desaceleración del crecimiento del PBI de Uruguay en ese lapso.
El volumen de producción de la refinería en 2012 aumentó casi 42% frente a 2011, cuando la planta estuvo parada casi medio año.
En el mismo predio de La Teja y al lado de la refinería principal se encuentra también la planta de lubricantes, que comenzó a funcionar en 1945 y desde 1999 exporta lo producido a Paraguay y Argentina. En el mercado local Ancap abastece cerca del 50% de la demanda de esos productos.
Desde la década de 1960 el ente también fabrica y distribuye portland en dos plantas ubicadas en Minas y Paysandú.
Cualquier persona que entre caminando por la planta de La Teja se verá avasallada por un montón de enormes aparatos, senderos con máquinas, chimeneas y tubos plateados que se extienden en todas direcciones. Parece interminable, pero Pastorino indicó que se trata de una refinería “chica” frente a otras en el mundo, aunque destacó que allí se realizan todos los procesos que llevan a cabo las plantas más grandes.
Una inversión que está en curso apunta a reducir los niveles de emisiones gaseosas y líquidos, para preservar el medioambiente.
La demanda
Todo el proceso de refinación de combustibles tiene como principal fin llevar a los consumidores los productos de Ancap. La demanda total que enfrenta la empresa es cerca de 1,8 millones de metros cúbicos, y se ha expandido en los últimos años principalmente por el mayor consumo de gasolinas. La de gasoil se redujo levemente, si bien es más de la mitad de la demanda total.
Eso incluye el llamado mercado bunker, que son los combustibles de barcos y aviones. Su consumo es de entre 15% y 20% de la demanda total.
Por otra parte, la demanda por parte de UTE es un factor que hace variar fuertemente las cifras totales de consumo de combustible. Pastorino explicó que cuando no hay generación hidroeléctrica en las represas esa empresa consume en un día lo mismo o más que todo el país. En esas situaciones prácticamente toda la demanda se cubre con importaciones.
El consumo de gas tampoco llega a ser totalmente cubierto por Ancap. Durante el año la producción deja entre 30% y 40% de la demanda insatisfecha y también se debe importar ese combustible.
Para la distribución el ente utiliza dos barcazas que llevan los combustibles al litoral del país y salen de los muelles que hay en la misma refinería en la bahía de Montevideo. Esas embarcaciones no tienen el problema de calado que se presentaba con el barco “Ancap 9º”, sobre todo cuando ocurrían bajantes del río Uruguay.
El tren se usa para abastecer las zonas centro y norte principalmente; de esa manera se evitan los costos más elevados del transporte por ruta.
La planta La Tablada es el principal centro de almacenamiento y distribución de Ancap. De allí y desde La Teja se envían los productos de la refinería a las plantas de Treinta y Tres, Durazno, Paysandú y Juan Lacaze.
Las finanzas
Ancap —la mayor empresa del país por sus ventas— pertenece al Estado, y en su segmento principal, el de combustibles, opera en condición de monopolio. Su desempeño tiene incidencia en el resultado fiscal y a su vez permite al gobierno incidir sobre los precios con la fijación de las tarifas de los productos que comercializa.
En 2012, Ancap arrojó pérdidas por U$S 150 millones y fue luego de UTE la de peor resultado entre los entes estatales, según datos del Ministerio de Economía y Finanzas. Ese año la escasez de lluvias impactó fuertemente en los balances de ambas empresas.
Las ventas de Ancap alcanzaron el año pasado los U$S 4.242 millones —más de 8% del PBI del país—. Si se descuentan los impuestos y márgenes de los intermediarios, los ingresos netos por esas ventas rondaron los U$S 3.000 millones. A su vez, el ente pagó U$S 72 millones por concepto de sueldos.
Economía
2013-02-28T00:00:00
2013-02-28T00:00:00