En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Aunque se anuncian un par de conciertos extraordinarios, el del jueves 26 fue el último de la temporada regular de la Filarmónica de Montevideo en el Teatro Solís y fue totalmente Made in Uruguay: Coro del Sodre, cantantes, pianista y director uruguayos.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
La primera parte se ocupó de Beethoven (1770-1827), con dos obras pertenecientes a un mismo prolífico período del compositor: la Obertura Coriolano op.62 y el Concierto para piano Nº4 Op.58. Por esos años —1806,1807— en que compuso estas obras, Beethoven dio a luz también la Cuarta y la Quinta sinfonía, el Triple concierto para violín, cello, piano y orquesta, los Cuartetos Razumovsky, la Sonata Appassionata y la ópera Fidelio.
La Obertura Coriolano es Beethoven desde el primer compás. Acordes en fortíssimo interrumpidos por silencios sorpresivos de expresividad pareja con los acordes y varios subito piano, van preparando un clima de tensión que de pronto se quiebra con el canto de una melodía sublime, que también es beethoveniana hasta el tuétano. Esteban Louise condujo la orquesta con mano firme y consiguió una lectura muy expresiva de la obra. Si algún descuento puede hacerse es quizás la falta de algún otro ensayo para lograr de las cuerdas unos ataques más precisos y un sonido más homogéneo.
El Concierto para piano Nº4 opus 58 es para muchos el más importante de los cinco escritos por Beethoven, opinión bastante compartible si se tiene en cuenta que uno no se cansa de escucharlo y es muy difícil distraerse mientras se lo está oyendo. Con todo, la versión de Enrique Graf al piano, con Esteban Louise en el podio, si bien generalmente correcta, no llegó a levantar mucho vuelo. Diversas variables pueden haber incidido en esto: la posible falta de ensayos que permitieran un mejor ensamble del solista con la orquesta; la posible discrepancia no zanjada entre el solista y el director en el tiempo con que se abordaron algunos pasajes, sobre todo en el primer movimiento Allegro moderato, que pareció poco “moderato”; una atención del director visiblemente más concentrada en la orquesta y algo escasa en el solista, lo que puede haber comprometido el logro de una versión donde solista y director fueran uno solo. Fuera de programa, Graf hizo una excelente versión de Muchachas en el jardín, de Federico Mompou (1893-1987), que dedicó a la memoria de Nybia Mariño.
Con la Misa de la Coronación IK.317 de Mozart (1756-1791), que cerró el concierto, Esteban Louise pareció mucho más suelto y a gusto que como director acompañante del piano. Esto no es grave ni extraño; el trabajo de ensamble intelectual y mecánico con el solista es un capítulo aparte en la dirección orquestal. Louise es un director joven con enormes posibilidades que seguramente irá puliendo este aspecto. Pero volviendo a la Misa, que dicho sea de paso Mozart compuso a los 23 años, es una obra de menos de media hora, cuya brevedad debe atribuirse a las estrictas indicaciones que en ese sentido Colloredo, el Príncipe Arzobispo de Salzburgo, daba al compositor.
“Si breve, dos veces bueno” es un adagio aplicable a esta Misa, porque a la maravilla de su música se agrega esa sensación de gusto a poco cuando termina, tanto más saludable que la sensación de plenitud o empacho que se sufre después de otras obras del género sacro. Louise estuvo aquí en su salsa con el género musical y sacó del coro y los solistas un espléndido rendimiento. El Coro del Sodre brilló en el Kyrie inicial, el Gloria y el Sanctus. El cuarteto de solistas integrado por Marcela Redaelli (soprano), Manuela Rovira (mezzo), Andrés Barbery (tenor) y Marcelo Otegui (bajo) se manejó en general con corrección, sobre todo en el Benedictus, que es donde tienen mayor participación.
Quedaba una perla para el final que es el Agnus Dei, quizás el fragmento más inspirado de esta Misa, con una línea melódica de gran belleza que se va desgranando sobre un fondo de pizzicatti en las cuerdas y suaves aportes de las maderas, todo dentro de un clima de enorme serenidad. Fue cantado en forma excelsa por la soprano Redaelli, integrante del Ensemble De Profundis. Especializada en música del Renacimiento y el Barroco, la soprano lució un precioso timbre despojado de vibrato y cantó con el alma y las vísceras esta página maravillosa. Fue ese momento de levitación que envuelve a músicos y público cuando se interpreta la música con semejante entrega.