Con el volumen en doce

8 minutos Comentar

Nº 2093 - 15 al 21 de Octubre de 2020

El verano de 1982 me agarró en Denver (EE.UU.). Con mi cuadro de fútbol, el América de México, fuimos a jugar un torneo y estuvimos en la ciudad durante dos semanas. Como decía el chico que me recibió entonces, ya siendo adulto, fue “un verano que cambió nuestras vidas”. Y así fue de verdad: primer viaje sin mis padres, primera visita a un país donde se hablaba otra lengua, primera vez en estar únicamente acompañado por mis iguales. Además de jugar ese torneo (cuya final perdimos 2 a 1 contra un cuadro de Texas), con mis amigos del equipo aprovechamos para visitar los centros comerciales de la ciudad. En esos centros comerciales (que apenas comenzaban a eclosionar en México), había de todo. Ahí fue donde, en una tienda especializada en remeras de bandas, compré mis dos primeras camisetas rockeras: una gris de los Doors con la cara de Morrison y una negra con la portada del disco debut de Boston.

También fuimos de cabeza a la disquería que estaba al lado. Ahí, entre álbumes de Kansas, Genesis y Pat Benatar, sonaba una canción que no conocía. Le pregunté al encargado, quien ponía lo que sonaba en la tienda, qué era lo que estaba sonando a todo volumen. “Van Halen”, me dijo con un acento que no entendí. Cuando me repitió y al ver que no entendía del todo (mi inglés era rústico, por decir lo menos), me pasó la funda del vinilo. El disco se titulaba Diver Down y la portada era solo una franja blanca atravesando un fondo rojo.

Lo que sonaba en los parlantes de la tienda era algo distinto y no parecía relacionarse con los colores chatos de la portada. La guitarra sonaba poderosa al frente, la batería era sólida, el cantante era solvente, con aires de crooner. Aquello era Van Halen haciendo (Oh) Pretty Woman, de Roy Orbison y Bill Dees, a toda pastilla. En la contra del vinilo leí que también versionaban a los Kinks y pensé: “Esto mal no puede estar”. Y así fue como Van Halen se unió a Journey (en casette), Devo y Rush, los discos que compré en ese viaje. Ese mismo año salía Thriller de Michael Jackson y Eddie escribía para el tema Beat It uno de los solos mas icónicos del rock. Después vendría su popular disco 1984, el maravilloso riff de sintetizador de Jump y lo demás sería historia conocida. Van Halen, la banda, cruzaría el hard rock con el pop y el mundo se terminaría de prender fuego con el estilo de Van Halen, su guitarrista.

Nacido en 1955 en Países Bajos como Edward Lodewijk, Eddie Van Halen se trasladó con su familia a EE.UU. en 1962, fijando su residencia en California. Tanto Eddie como su hermano Alex, quien a la postre sería el baterista de Van Halen, asistieron a clases de piano con Stasys Kalvaitis, un prestigioso pianista y director de coros de origen lituano. A pesar de que sus padres querían que se dedicaran a la música clásica, los dos hermanos estaban más interesados por la creciente escena del rock. Originalmente Eddie se interesó por la batería y su hermano Alex por la guitarra, aunque luego invirtieron sus roles.

En 1972 los hermanos Van Halen se reúnen con el cantante David Lee Roth y el bajista Mike Stone para formar Mamooth. Dos años más tarde deciden reemplazar a Stone por Michael Anthony y cambiar su nombre a Van Halen. En 1977 el sello Warner les ofrece un contrato discográfico y un año después, en 1978, editan su debut. ¿A qué sonaba esa primera versión de Van Halen? Eddie ha declarado en varias entrevistas que su principal influencia en la guitarra en aquellos tiempos era Eric Clapton, de quien aprendió, nota por nota, todos sus solos de su época en Cream. “Siempre he dicho que Eric Clapton fue mi principal influencia, pero en realidad yo soy más como Jimmy Page, con ese estilo imprudente y abandonado”, dijo el guitarrista en una entrevista de 1990. Sin embargo, Van Halen no sonaba a ninguna de sus referencias: la plasticidad del sonido del grupo era algo fresco, algo que comenzaba a alejarse del sonido setentero que los inspiraba.

Aunque popularmente se lo considera el inventor de la técnica llamada tapping, Van Halen fue en realidad su gran divulgador dentro del mainstream del rock y el pop. El tapping, que se ejecuta utilizando los dedos para presionar las cuerdas del mástil del instrumento, haciendo sonar esas notas, es usado por los guitarristas de flamenco y por músicos clásicos desde hace muchísimos años. Incluso fue usado por guitarristas eléctricos más recientes, como Jimi Hendrix o Steve Hackett de Genesis, por lo cual difícilmente se pueda considerar a Van Halen creador de dicha técnica. De lo que no cabe duda es que Van Halen fue quien convirtió esa técnica en una parte integral del vocabulario en la guitarra y que es el principal responsable de que ese recurso sea asociado hoy con el hard rock y, sobre todo, con el heavy metal.

Ahora, ¿por qué sería relevante una técnica de guitarra hasta el punto de lograr que se considere a Eddie Van Halen uno de los guitarristas más revolucionarios del rock? Quizá porque esa técnica venía acompañada de una serie de elementos musicales que la hacían accesible y visible para gente que no es necesariamente nerd de la guitarra eléctrica. Esos elementos son, a grandes rasgos, las canciones y la banda que las interpreta. Si algo mostró la banda Van Halen desde su primer disco, es que su música podía atraer por partes iguales a los fans del hard rock más tradicional, el de los 70, y a gente más joven, interesada por el desenfado de la new wave que comenzaba a reinar a comienzos de los 80. Sus melodías tenían pop y, más allá de los solos desenfrenados, las canciones eran accesibles y dinámicas.

El sonido macizo del grupo y el carisma, tan indudable como por momentos excesivo, de su vocalista David Lee Roth, se daban la mano con el desenfado lúdico, típicamente californiano, de las canciones de la banda. En los shows de Van Halen, incluido el que dieron en el Cilindro Municipal de Montevideo en 1983, la energía que volaba era más bien optimista. La banda jugaba con la imaginería rockera en sus letras y fue desarrollando un estilo único, derrochando calidad y carisma en el escenario. Quizá fue ese empaque lo que logró que esa técnica de guitarra terminara siendo el plus, ese elemento particular que hizo de Van Halen el grupo algo distinto.

En Van Halen la banda, el todo es más que la suma de las partes, incluso aunque una de las partes sea Eddie. Incluso aunque su larga sombra de virtuoso haya opacado siempre un poco al resto, incluido Alex, talentoso baterista que tuvo la fortuna/desgracia de armar una banda con un hermano superdotado para el instrumento. Sin embargo, no es posible explicar el éxito del grupo ni la construcción de la épica figura guitarrística de Eddie Van Halen si no se asume el peso que tienen en el resultado final el baterista y su cantante (en Van Halen también cantaron Sammy Hagar y Gary Cherone, pero el vocalista es Lee Roth). Hasta me animo a decir que tampoco sin su bajista Michael Anthony, aunque este punto suele ser discutido por muchos fans del grupo.

Siguiendo al pie de la letra el estilo lleno de excesos que se supone viven los rockeros, Eddie Van Halen lidió durante casi toda su vida adulta con el alcohol, el tabaco (fumó desde los 12 años) y toda clase de drogas, especialmente la cocaína. Y aunque eso no le pareció pasarle factura mientras fue joven, las cosas se complicaron al pasar los 40. Cuando entró en rehabilitación por culpa del alcohol, en 2007, el guitarrista ya se había tenido que operar de la cadera y había recibido tratamiento para el cáncer de lengua que le fue diagnosticado en el 2000. En una entrevista de 2015, cuando ya llevaba sobrio siete años, Eddie explicaba: “No bebía para ir de fiesta. El alcohol y la cocaína eran cosas privadas para mí. Las usaba para el trabajo. La cocaína te mantiene despierto y el alcohol reduce tus inhibiciones. Estoy seguro de que hubo cosas musicales que no habría intentado si no estuviera en ese estado mental”. Ese mismo año comenzó el tratamiento para el cáncer de garganta que finalmente lo mataría el pasado 6 de octubre.

Si la importancia de un artista puede medirse en el impacto que su obra tuvo entre sus pares, el sentimiento unánime que emergió tras su muerte entre los colegas de Eddie Van Halen puede funcionar como un buen resumen. Desde Tony Iommi de Black Sabbath, pasando por Kirk Hammett de Metallica, llegando hasta Jack White, parece claro que el estilo de Van Halen no pasó ni pasará desapercibido. Y si la importancia de un artista se mide en su impacto en el público, más de una generación de fans del grupo y del virtuoso guitarrista la viene dejando clara. Y ahora disculpen, termino por acá porque tengo que escuchar alguna versión en vivo de Panamá para subir los niveles de energía al máximo en lo que resta de esta fresca tarde de primavera montevideana.

Vida Cultural
2020-10-14T19:09:00