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    Con instituciones públicas en lugar de ONG y por encima de las cuotas que se impuso, el Mides abrió su nuevo programa laboral

    Más del 70% de los participantes son mujeres y el 55% jóvenes de hasta 29 años; la cartera contratará una consultoría para desarrollar la segunda fase, para la que busca empresas “madrinas”

    Muchas cosas de la vida de Alfredo cambiaron en el último mes y medio. Buena parte de ellas se resumen en sus uñas, que antes se devoraba en su casa y que casi no se come desde que empezó su primera experiencia laboral. Desde los 19 años se postulaba sin éxito al Programa Uruguay Trabaja. Por eso, ya con 30 años, le costó creerle a su madre cuando un día, al volver del liceo, le dijo que lo habían llamado del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) para informarle que tendría su primera experiencia laboral en el marco de la primera edición del Programa Accesos.

    “Pensé que era una joda. Recién cuando firmé los papeles me quedé tranquilo”, dice Alfredo, que habla pausado, como separando las palabras en sílabas.

    El programa de inserción laboral impulsado por la administración del ministro Martín Lema marcó algunas diferencias respecto a su antecesor. Una de las principales fue la eliminación del sorteo para pasar a un sistema de derivación de participantes desde distintos programas del Mides en un orden de prelación determinado por un índice de empleabilidad con distintas variables (nivel educativo, experiencia laboral, conocimientos informáticos, conocimientos de idiomas y documentación). Otro cambio significativo fue la eliminación de las organizaciones no gubernamentales (ONG) a través de las que se ejecutaba el programa en territorio. La primera fase del Programa Accesos se basa en convenios con otras instituciones públicas en las que los participantes desarrollan una experiencia laboral de siete meses y, en paralelo, reciben cursos de formación.

    El alcance se mantuvo en 3.000 cupos. La primera edición empezó con unos 2.800 porque parte del presupuesto está comprometido en algunos convenios de Uruguay Trabaja que siguen vigentes.

    Alfredo trabaja en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, en el área de gestión humana. Se encarga de tareas de control y registro de los legajos de los funcionarios de la cartera.

    Martha Moure, jefa del Departamento de Capacitación del Ministerio de Trabajo, cuenta que se enteraron de un día para el otro que debían gestionar el ingreso de unos 41 participantes del Programa Accesos. “Casi nos viene un ataque”, dice. Rápidamente formaron un grupo con profesionales de distintas unidades ejecutoras de la cartera, empezaron a hacer entrevistas y a definir las tareas que podían cumplir en función de sus perfiles y habilidades.

    Actualmente, los participantes del Programa Accesos allí son 34, algunos renunciaron y dos tienen licencia maternal. La mayoría —unos 25— son derivados, como Alfredo, de la Dirección de Discapacidad. De los miedos iniciales, Moure pasó a la satisfacción por ver los resultados del programa no solo en los participantes sino también en aprendizajes para los funcionarios del ministerio.

    “Hay chicos en situación de calle que los certifican porque están enfermos y quieren venir igual a trabajar. Te dicen: ‘Lo que pasa es que si no vengo, no tengo a dónde ir’”, cuenta.

    Carolina Murphy, directora departamental del Mides en Montevideo, subraya como otra de las novedades positivas de Accesos el hecho de haber cambiado la lógica de trabajo de cuadrillas por la integración a equipos de trabajo. “Es un desafío para las instituciones. Es mirarnos y repensarnos todos. Ya no son cinco personas pintando un semáforo. Hay que integrarse”, dice.

    Alfredo, que antes pasaba la mayor parte de las horas en su casa, hay días en los que casi no ve a sus padres. Sale a las 7.30 de Flor de Maroñas y, cuando tiene que estudiar —está cursando materias de 4º de liceo—, no llega a su casa hasta la noche. La responsabilidad es el principal aprendizaje de estos primeros meses, dice. También cuenta sobre sus primeros pasos administrando su propio dinero, con el que tiene pensado comprarse una laptop.

    Aunque vuelva cansado, su nueva rutina le genera alegría. “¡Obvio! Yo llegaba a casa y me comía las uñas. Menos mal que apareció este trabajo. Si no, la pobre uña… No iba a tener uña”, exclama ante la pregunta de si le hace bien pasar tiempo fuera de su casa.

    Despliegue

    La primera fase de Accesos tiene un enfoque socioeducativo y laboral, con una experiencia de trabajo de siete meses en un organismo estatal y cursos de capacitación. La carga de las tareas de los participantes es de 30 horas semanales y reciben un pago equivalente a un salario mínimo nacional.

    Según dijo a Búsqueda el director nacional de Gestión Territorial del Mides, Alejandro Sciarra, para la implementación de las experiencias laborales firmaron más de 40 convenios con instituciones públicas. Entre ellas, las 19 intendencias más municipios, ministerios, empresas públicas y servicios descentralizados.

    La reglamentación, aprobada el 20 de junio, establece que el 60% de los participantes deben ser mujeres, el 50%, jóvenes de entre 18 y 29 años. Además, se propone respetar los cupos especiales dispuestos por ley para personas afrodescendientes (8%), con discapacidad (4%) o trans (1%). Acorde a las cifras proporcionadas por el Mides, la cantidad de participantes mujeres supera el 70% y la de jóvenes ronda el 55%. En tanto, el cupo de personas con discapacidad se ubica cerca del 7%, la de afrodescendientes lo hace en el 16% y la de personas trans, en 3%.

    Algunos de los programas del Mides con más participantes en Accesos son la Tarjeta Uruguay Social, Inju Avanza, Uruguay Crece Contigo, Discapacidad, el Sistema de Cuidados, el Programa Calle y mujeres atendidas por el servicio de violencia.

    Para el eje de formación, Sciarra informó que el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop) brindará cursos de “habilidades blandas” a unos 2.000 participantes. Allí, detalló, se abordan asuntos como “la importancia de llegar en hora, la presencia, el respeto, el trabajo en equipo o la comunicación asertiva”.

    Además, en algunos departamentos con perfil turístico (Montevideo, Canelones, Maldonado, Colonia) se brindan en convenio con la Alianza Cultural Uruguay-Estados Unidos cursos de inglés básico. En otros, como Artigas o Salto, se identificó la necesidad de formación en portugués para acceder a empleos y se puso en marcha. También en Artigas, a través de conversaciones con posibles empleadores, se decidió capacitar a algunos participantes en convenio con la UTU en el tratamiento de amatistas.

    En los organismos receptores de la “Fase 1” también se desarrollan algunos cursos específicos. Varios de ellos se ven anunciados en una cartelera del Ministerio de Trabajo: Habilidades Laborales, Aproximación a los Derechos Laborales Individuales, Seguridad e Higiene en el Trabajo. Hay también iniciativas espontáneas. Moure cuenta, por ejemplo, que un grupo de pasantes de la Universidad de la República en el ministerio está ayudando a Alfredo a preparar su examen de Literatura.

    El trampolín y las madrinas

    Matías y Newton, además de compartir hoy seis horas de trabajo diarias, tienen una historia que los une. Cuando no se conocían, los dos vivieron accidentes de tránsito mientras viajaban en moto. A Matías, que era delivery, el impacto le partió el casco y también el cráneo. Estuvo dos meses en coma y quedó con algunas secuelas, imperceptibles en la conversación. Newton se fracturó una pierna, que dice que tiene llena de fierros. Recuperarse le llevó dos años y con el choque perdió el último trabajo regular que tuvo.

    A través del Programa Accesos sus dos historias confluyeron en un destino laboral inesperado y paradójico. En la Dirección Nacional de Policía Caminera, en camino Maldonado, hoy realizan tareas de jardinería, mantenimiento, pintura, acondicionamiento. De pie, a unos metros, los escuchan contar su experiencia laboral el comisario mayor Fabio Bidarte y Loreley Rosselli, jefa de Notificaciones.

    Newton y Matías cuentan que el trabajo los “encaminó”, los “ordenó”, los alejó del ocio. Newton llegó a Accesos derivado del Programa Calle. En enero del 2021 se quedó sin casa y desde hace unos seis meses pasa las noches en un refugio del Mides en la calle Juan Mac Coll, en el barrio Colón. Fue ahí que lo postularon al programa de inserción laboral. Matías, que vive en la casa de su madre y cursa el bachillerato biológico, fue derivado por la Dirección de Discapacidad.

    En la charla se repite el concepto de “trampolín”. Lo usan Matías y Newton, enfocados en cumplir lo que se les pide y ansiosos, pensando en sus posibilidades de inserción laboral una vez que termine la primera fase del programa. También Bidarte y Rosselli, que explican que decidieron organizar la experiencia como un “trabajo real”, porque los participantes del programa deben adaptarse a las condiciones que deberán enfrentar después.

    Wlakiria Varela, referente técnica territorial del Programa Accesos en Montevideo, intenta poner en su lugar las ansiedades de Newton y Matías. Les pide que disfruten también la etapa en la que están.

    El “trampolín” del que hablan refiere a la llamada “Fase 2” del programa, que apunta a la “inserción laboral formal” de quienes culminen exitosamente la “Fase 1” en empresas u organizaciones que se ofrezcan voluntariamente a contratarlos. Para ello el Mides creó en la reglamentación del programa el sello de empresas “madrinas”. Uno de los principales beneficios que obtienen a cambio es la “exoneración de los aportes patronales a la seguridad social” de esas contrataciones hasta por un año. El sello, además, pretende funcionar como “reconocimiento” al compromiso empresarial con esa política de empleo y el Mides se compromete a dar “la mayor difusión posible”.

    La “Fase 2” todavía está en construcción. Mediante financiamiento acordado con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, el Mides está en proceso de contratación de una consultoría que servirá como base.

    Sciarra explicó que el análisis a desarrollar tiene varias dimensiones. Una de ellas es estudiar las “oportunidades laborales por departamento” y generar un “mapeo de las principales potenciales empresas madrinas”. Otra línea de trabajo consiste en estudiar las posibilidades de inserción de los participantes del programa en relación con esa demanda empresarial. Un tercer eje de acción apunta a la capacitación de los referentes técnicos del programa y, finalmente, la consultoría prevé un monitoreo de la inserción laboral de los participantes durante los primeros meses.

    En paralelo, el Mides lleva a cabo un proceso de difusión nacional de los beneficios de ser empresa madrina. Igual que en sus otras etapas, la estrategia apuesta a la diversificación. “Apuntamos a empresas grandes y chicas, a capitales departamentales y al interior profundo”, dice Sciarra.

    El director, en muchas ocasiones junto con el ministro Lema, hizo visitas por casi todos los departamentos y se reunió con empresarios para difundir el programa. En los próximos meses esperan que los intercambios llevados a cabo se cristalicen en convenios similares a los que el ministerio ya suscribió con unos 20 privados.

    Para el primer año se trazaron una meta de 10% de incorporación al mercado formal de trabajo de los participantes de Accesos. En el segundo año el objetivo es llegar al 15% y en el tercero, al 20%. Las últimas experiencias de Uruguay Trabaja tuvieron niveles de inserción de 8% (Búsqueda Nº 2.130).

    “La idea es que este sea un programa de egreso. Si los participantes tienen que volver una y otra vez al Mides es que estamos haciendo las cosas mal”, subraya Sciarra.

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