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    Con la “luz” de la vacuna, presidente del PIT-CNT reclama más políticas sociales y no descarta recurrir otra vez a las “cacerolas”

    El modelo "conservador" que "inspira a buena parte de la coalición" es lo que votó "la mayoría" de la sociedad, dice Fernando Pereira, quien asegura que hay más de 700.00 personas dispuestas a firmar contra la LUC y le pide al gobierno que extienda los plazos de recolección por la pandemia

    Para el presidente del PIT-CNT, Fernando Pereira, el 2020 es un año que va a quedar en la historia por lo “extremadamente negativo”. Además de una larga lista de retrocesos que apenas entrada la entrevista va a enumerar, en la víspera de las fiestas le tocó sufrirlo desde un costado personal: su madre tiene coronavirus y, aunque viene superando la enfermedad, no podrá pasarlas con ella.

    Al repasar el año y la situación del país, el balance es poco alentador. Empieza su lista: aumento del desempleo, disminución del salario, incremento de la pobreza, un Presupuesto con un recorte de US$ 380 millones, y una Ley de Urgente Consideración (LUC) “regresiva”. Además de ser negativo, el 2020 es atípico. Por eso, pese a ese saldo, el año pasó con los niveles más bajos de conflictividad. No es una tregua, es responsabilidad, sostiene Pereira, que asegura que la gente la está pasando mal y que para el 2021 no se puede esperar resignación: va a haber protesta. Será con cacerolas, con bocinazos o como se pueda. 

    En medio de la pandemia, considera que el gobierno tomó las “mínimas medidas” para atender la crisis social. Y aunque en la campaña electoral dijo que las políticas sociales y los salarios no corrían riesgo, pasados estos meses de gestión Pereira afirma que esos “fantasmas aparecieron”. Que cayeron las políticas sociales, que cayó el salario y que, sin embargo, hubo otro compromiso que mantuvo firme: el de no sumarles impuestos “a los poderosos”. 

    Pese a su análisis, Luis Lacalle Pou mantiene niveles de popularidad del 60%. Pereira retruca que el presidente es popular pero sus políticas no tanto. También que otros estudios de opinión pública muestran que hay más de 700.000 uruguayos dispuestos a firmar por el referéndum contra parte de la LUC.

    Lo que sigue es una síntesis de la entrevista con el presidente del PIT-CNT.

    —En abril decía que veía al movimiento sindical sin poder salir del knock out del cambio de gobierno y sin asumir el lugar en el que les tocaba pararse. ¿Cómo lo ve ahora?

    —Ha sido un año tan atípico. Si en otro momento un gobierno le hubiera votado al movimiento social y sindical una LUC, un Presupuesto de recorte de US$ 380 millones y una negociación colectiva con caída salarial en el sector privado, hubiera sido el año de mayor conflictividad de los últimos 25 años y, sin embargo, fue el de menor conflictividad. ¿Qué sucedió? Naturalmente la pandemia nos convocó a priorizar determinados temas que en muchos casos no tenían que ver con los nuestros. Colocamos la prioridad en las medidas que el gobierno tenía que tomar para abatir la crisis social: el salario básico de emergencia, una canasta de servicios públicos, que no hubiera desalojos, que se reforzaran las políticas de educación, vivienda y salud. Nos encontramos con todo lo contrario. Los maestros el año que viene van a cobrar 18 jornales menos, los funcionarios públicos en general lo mismo. Entonces, obvio que nos costó el cambio de rumbo de un gobierno que votó una ley regresiva como la LUC, con políticas realmente conservadoras. Por otro lado, una política económica que había sido anunciada en la campaña electoral. Se llegó a hablar de US$ 900 millones. La crisis sanitaria tal vez no lo permitió, pero redujeron US$ 380 millones, US$ 1.800 millones en el período. Es claro que va a haber menos dinero para políticas públicas.

    Teniendo en cuenta los resultados, ¿la estrategia del PIT-CNT fue la correcta?

    —Nunca vi ganar los partidos en 40 minutos. Los partidos necesitan de consensos sociales muy amplios, y cuando la gente está asustada, cuando vive un año con estas incertidumbres, naturalmente que eso debilita a organizaciones que tienen su mayor fortaleza en la movilización. Si lo que está contraindicado es agruparse, y nuestro mecanismo de lucha es agruparnos, ahí tenemos una dificultad. Igualmente, pobres de nosotros si dijéramos que solo vamos a proteger nuestro salario y el empleo y no vamos priorizar a los más débiles, no nos perdonarían Gatti, D’Elía, Duarte, Cuesta. Entonces, creo que priorizar, priorizamos bien. El problema es si el gobierno fue permeable a estos reclamos o no. Por ahora no, salvo en un aspecto que es la cobertura de seguro de paro. Esto, que dicho al barrer parece poco, cuidado que es mucho. Pensemos que en un momento 200.000 uruguayos estaban en seguro de paro. No es una política micro, es una gran política. ¿Qué faltó? Para mi gusto el gobierno debió haber tomado el pool de políticas sociales que propusimos nosotros u otro. Las medidas que se podían tomar eran múltiples, el gobierno tomó las mínimas. Esta falta de políticas sociales construyó un escenario negativo para decenas de miles de uruguayos. Se calcula que 100.000 uruguayos van a caer por debajo de la línea de la pobreza y probablemente 50.000 sean niños. Entonces, ¿el año fue negativo para el movimiento obrero? Sí, para el movimiento obrero, para la gente, y sobre todo para los uruguayos que se quedaron sin ingreso de ningún tipo. Es un año que va a quedar en la historia por lo negativo, por lo extremadamente negativo. Es un año sin duda de políticas de retroceso.

    ¿Hubo una tregua del PIT-CNT al gobierno?

    —No se trata de tregua, se trata de responsabilidad. Se hizo lo mejor posible. A donde llegamos es a donde mejor podíamos llegar. Si uno compara con el mundo, no estamos mal en la tabla desde el punto de vista de lo que hizo el movimiento sindical uruguayo. También es verdad que otros países en el mundo han aplicado políticas sociales complementarias. Eso no quiere decir que Uruguay esté peor que esos países, quiere decir que Uruguay podría generar mejores condiciones. Por ejemplo, con un poco de endeudamiento o gastando una mínima parte de las reservas internacionales que son de US$ 16.000 millones. Nadie va a una olla popular si está pasando bien.

    El gobierno plantea que la emergencia y el déficit heredado le impiden tomar más medidas.

    —Está equivocado. Todo el mundo ha tenido mayor déficit fiscal que el que tenían y que el que deseaban. No digo que Uruguay tenga que copiar, pero claramente hay algunas políticas que han sido más exitosas que otras. Además, hoy el gobierno tiene una ventaja. ¿Qué nos decía en marzo? “No puedo aplicar una política social provisoria porque no sé cuánto va a durar esto”. Ahora hay una luz al final del camino que dice que hay una vacuna. En algún momento va a llegar la vacuna. Entonces, ahora colocá políticas sociales.

    Hace un tiempo elogió la capacidad de escucha de Lacalle Pou y decía que era bastante más Pou que Lacalle. ¿Cambió su opinión?

    —Para mí sigue siendo más Pou que Lacalle, pero me como más puteadas cada vez que digo esto… Lo que digo es: con Lacalle Pou se puede hablar.

    ¿Pero después tienen resultados?

    —En algunas cosas no, en otras sí. Lo que pasa es que cuando nos dicen “sí”, no es noticia para ustedes.

    Pero en los temas de mayor profundidad, como su plataforma para atender la emergencia social, en salario, en el Presupuesto no tuvieron buenos resultados...

    —Antes de la elección yo decía que había dos modelos de país… y ganó el otro.

    En la campaña los actuales integrantes del gobierno intentaron despejar ciertos “fantasmas”, como que no se iba a eliminar la negociación colectiva, que las políticas sociales no estaban en riesgo, que el salario no iba a caer. ¿Qué evaluación hace?

    —¿Las políticas sociales se tocaron o no se tocaron? ¿El salario cayó o no cayó? El salario cayó, las políticas sociales cayeron, los jubilados van a cobrar menos a partir de enero. Entiendo que hay una pandemia, pero otra parte del compromiso se mantuvo: la de no cobrarles más impuestos a los poderosos. Es decir, los fantasmas aparecieron. Algunos los adjudicarán a la pandemia, otros creemos que hay un modelo que inspira a buena parte de la coalición que es conservador. Y que tiene sustento ideológico; es lo que piensa una parte de la sociedad que hoy es la mayoría. La mayoría eligió a Lacalle Pou presidente y con eso eligió un recorte, una serie de políticas que se han intentado desarrollar y otras que se complicaron por la pandemia. Pero no hay duda de que cuando uno recorta US$ 380 millones del Presupuesto toca políticas sociales. Es indiscutible. Por ejemplo, está en el presupuesto de la ANEP la expansión del tiempo pedagógico, es decir escuelas de tiempo completo, pero el financiamiento es cero.

    Usted tenía dudas acerca de promover un referéndum contra la LUC. ¿Qué pasó con ellas? ¿Lo convencieron sus compañeros o siguen ahí?

    —Cuando los sindicatos resuelven, los dirigentes van a fondo, a morir. Acá la decisión fue muy amplia, hasta llegar casi a la unanimidad. Después la discusión fue si se iba contra toda la ley o contra una parte. Se terminó definiendo ir contra 135 artículos. Eso supone un desafío muy grande que es juntar 700.000 firmas en seis meses con pandemia. No va a haber carnaval, ni vuelta ciclista ni grandes concentraciones. ¿Cómo se juntan esas firmas? Capilarmente. O llegamos a los 400.000 afiliados con la papeleta y ese afiliado se encarga de juntar las firmas de su familia o tenemos grandes chances de fracasar. Y los plazos son los que marca la Constitución. Por una ley se podrían cambiar, pero no creo que quieran hacerlo. Si hubiera racionalidad se modificarían los plazos. El sistema político tiene que entender que en medio de una pandemia los mecanismos de recolección de firmas no pueden ser los mismos. No podemos poner en riesgo ni a quienes les pedimos las firmas ni a quienes van a recogerlas. No se puede pensar que se puede posponer una elección departamental y no se puede modificar un plazo que notoriamente es nocivo para la actividad que decidimos desarrollar.

    ¿Cómo piensan llegar a la gente? ¿Cómo explicarán una iniciativa que abarca 135 artículos? ¿O esto es una votación a favor o en contra del gobierno?

    —Esto es una tarea pedagógica. La gente, en general, no conoce el contenido de la LUC, tiene una percepción de si está a favor o en contra. Creo que hay una parte explicativa. ¿Qué es lo que tiene la LUC? Por ejemplo, la desaparición del Consejo de Primaria. Cuando vas a seguridad, por ejemplo, cargas punitivas más altas, mucho más tiempo la gente a la sombra. Parto de la base de que en algún momento eso le puede caer simpático a la gente, pero son sociedades que después revientan.

    Es un esfuerzo “pedagógico” grande.

    —Si somos capaces de mostrar cómo va a afectar a la educación, cómo va a afectar a la inclusión financiera, cómo afecta al Instituto de Colonización, cómo afecta a la empresa Ancap; si nosotros logramos todo eso, aunque no logremos la cantidad de firmas necesarias porque haya muchos impedimentos, vamos a haber construido una cantidad de conocimiento en la gente de por qué nos opusimos a la LUC. Además de que creo que es probable llegar. Los análisis que tenemos de cuánta gente estaría dispuesta a firmar son bastante más de 700.000. La gente para firmar está, el problema es si logramos llegar con la papeleta, si logramos darle trazabilidad, si le damos un buen centro de cómputos que las contabilice y luego —si llegamos a las firmas— si tenemos argumentos más potentes que los senadores y ministros del gobierno. Yo creo que es posible.

    El presidente tiene índices de popularidad que le dan bien…

    —Bien a él y mal a algunas políticas, ¿no? Al presidente le da muy bien, por encima del 50% siempre, apenas abajo del 60%; pero cuando mirás políticas, ya no dan por encima del 50%. La política de seguridad no da por encima del 50%. Y esto son fotos. A medida que vaya pasando el tiempo, la foto puede ir modificándose. El presidente navegó en una tormenta y la gente consideró que fue de manera positiva. Nosotros no estamos discutiendo con el manejo sanitario, estamos discutiendo contra una ley que cercena el derecho de huelga, limita los piquetes, elimina una buena parte de la Ley de Educación, en términos de seguridad es negativa.

    Aún llegando a las firmas, corren riesgos que eran parte de las dudas que usted tenía. Advertía que si bien esta ley tenía un valor simbólico relevante, podían venir después otros proyectos más conservadores y de mayor impacto. ¿Jugarse el tiro contra la LUC no los deja sin margen de maniobra más adelante?

    —Es un riesgo, eso es evidente. El tema es cómo prepararnos. Cuando se corre ese riesgo, el acto seguido es prepararse para la segunda contienda. Hay una fecha y una segunda fecha y una tercera, hasta que se termina el campeonato. Podemos tener más de una dificultad, también tenemos un campo popular en Uruguay muy fuerte. Había dos caminos: renunciar o jugar. Analizamos todos estos aspectos y decidimos correr el riesgo. Es un partido desventajoso, la cancha está barrosa, a los arcos no se les ve la línea, no se puede salir, no hay actividades populares. Es un partido con mucha desventaja, pero decidimos jugarlo.

    El Frente Amplio no se metió de lleno en la discusión. Pareciera que siguió el tema un poco de costado mientras ustedes lo resolvían. ¿Cómo lo vio? 

    —No hay que subestimar al Frente Amplio, tiene una estructura como pocas. Tiene una estructura de base y una inserción territorial muy potentes. Se tiende a mirar al Frente Amplio allá arriba y el Frente Amplio es muy potente también allí abajo. Pensemos lo que pasó en la segunda vuelta de la última elección.

    ¿Confía en que el Frente Amplio va a moverse?

    —Sí. En estas circunstancias dificultosas y sabiendo que hay diferencias, como las hubo acá y en todas las organizaciones.

    ¿Cómo van a pelear ustedes a partir de ahora por su plataforma de reclamos?

    —Es todo un debate. Creo que las cacerolas no deberían estar descartadas nunca, por más que nos hayan hecho una pinza interesante desde la derecha. Porque alguna protesta hay que hacer. Y si no la podés hacer en la calle, la tenés que hacer en tu casa. Y no me imagino a la gente en la casa bailando, porque nadie se va a enterar de que la gente bailó, saltó, gritó. Entonces, algún ruido hay que hacer. Será este u otro método. Si a la gente la caceroleada le hace acordar a la dictadura, no hay problema, cambiaremos por bocinas. Lo que no se puede esperar del movimiento sindical es resignación, que abandone la lucha. Lo que tampoco se puede esperar es que seamos irresponsables. Eso no se puede esperar.

    • Recuadro de la entrevista

    Cabildo Abierto no es “tan uniforme” como la “caricatura” que se hace de él y puede tener “propuestas” que el movimiento sindical comparta

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