La imagen conforma parte del imaginario colectivo uruguayo: entrada a Montevideo por el oeste, de fondo el puerto y en primer plano la Refinería de La Teja, con su icónica chimenea flameando las 24 horas, todos los días del año.
La imagen conforma parte del imaginario colectivo uruguayo: entrada a Montevideo por el oeste, de fondo el puerto y en primer plano la Refinería de La Teja, con su icónica chimenea flameando las 24 horas, todos los días del año.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáConstruida entre 1934 y 1937, la refinería —propiedad de la estatal Ancap— se convirtió con el correr de los años en parte central del motor económico industrial de Uruguay. Así, las estadísticas oficiales sobre la industria manufacturera señalan en muchas ocasiones si estas comprenden o no a la refinería. Existen diversas razones para dejar por fuera del análisis a esa industria en particular.
Su peso en el total del rubro es una de ellas. Según los ponderadores que utiliza el Instituto Nacional de Estadística (INE), la refinería es el 11% de la estructura industrial relevada. Al utilizar como año base el 2002, deja de lado las dos plantas papeleras instaladas en la última década.
“La refinería es el 90% de nuestro negocio en números brutos”, explicó a Búsqueda la presidenta de Ancap, Marta Jara. Es la encargada de suplir el total de la demanda interna de combustibles, un negocio monopólico en manos de Ancap que cada cierto tiempo despierta polémicas y debates sobre la conveniencia de mantenerlo o si sería mejor importar todos los combustibles ya refinados.
El peso y relevancia de la Teja en la industria y la importancia que tiene en el negocio de la petrolera estatal hacen que su desempeño siempre esté en observación. Debido a que la demanda de combustibles sube de manera constante todos los años (ver cuadro), la capacidad de refinación diaria debe actualizarse y mejorarse para poder abastecer la demanda correctamente, explicó Jara.
“Es un proceso de buscar la mejora continua. La refinería tiene décadas y necesita constantemente que se replanteen los procesos para ver si puede haber mejoras. A veces las mejoras son ajustar la calidad de los procesos para acondicionarlos a los nuevos estándares. Como fue la planta desulfurizadora en 2013”, dijo la titular del ente.
Esas mejoras comenzaron en 1943 con la transformación de la Unidad de Cracking Térmico en Unidad de Destilación primaria para alcanzar la refinación de 9.500 barriles por día.
Entre 1958 y 1962 se hicieron otras ampliaciones. En 1995 se instaló una unidad de Craqueo Catalítico y se llevo la capacidad a 37.000 barriles diarios. Para 2003 y tras otras remodelaciones se alcanzaron los 50.000 barriles diarios.
Según la jerarca, ese nivel de refinado se fue perdiendo hasta quedar 10% por debajo de la capacidad. Con nuevas reestructuras en 2016 y 2017 “recuperamos efectivamente esa capacidad de refinar 50.000 barriles diarios”.
La refinería detiene su actividad cada cinco años por un período de tres meses para su mantenimiento y mejoras. “En el último paro de 2017 eliminamos un cuello de botella en el destilador primario y alcanzamos nuevamente la refinación original”, dijo Jara a Búsqueda.
La refinería detiene su actividad cada cinco años por un período de tres meses para su mantenimiento y mejoras. “En el último paro de 2017 eliminamos un cuello de botella en el destilador primario y alcanzamos nuevamente la refinación original”, dijo Jara.
Las pausas quinquenales en el proceso de las refinerías se conocen como “corridas”. Es durante ese tiempo “que se deben planificar los posibles proyectos y mejoras que nos ayuden a seguir exprimiendo, como si fuera una naranja, al máximo rendimiento de la planta”.
“En la medida que el mercado aumenta la demanda, hay posibilidades de ir eliminando cuellos de botella cambiando equipos y aumentando la capacidad de procesamiento, pero también hay que pensar en la productividad del trabajo que se realiza en la planta”, dijo Jara.
Según la jerarca, la mejora de la eficiencia y gestión en La Teja permitió un récord en el primer semestre de 8,2 millones de barriles procesados y se espera terminar el año con 16 millones de barriles procesados.
La productividad en la refinería se mide entre las horas trabajadas y la capacidad instalada de la planta. Así, ese cociente se redujo de 749 en 2014 a 550 en 2018, lo que representa una mejora de 26,6%, según los datos oficiales. Ancap participa de una encuesta mundial de refinerías que marca que el promedio en América Latina para refinerías pequeñas como la Teja es de 315. “Falta por hacer y quizás no lleguemos a ese promedio, pero el objetivo es acercarse lo más posible”, dijo Jara.
Todas las refinerías cuentan con un modelo matemático que representa las posibilidades de procesamiento. Todos los meses, antes de hacer las compras de crudo se recurre a ese programa que optimiza las posibilidades ante la demanda del mercado que se debe abastecer y las ofertas de crudo que se reciben.
El programa puede sugerir comprar un crudo más barato e importar producto refinado para balancear lo que falte o, al contrario, procesar más crudo y exportar los excedentes. Lo que hace normalmente el modelo en La Teja es comprar un crudo que se adecua a la demanda interna con mínimos volúmenes de importación, aunque “prácticamente no sucede esta importación”.
Para Jara no hay dudas de que “abastecer la demanda mediante refinación es la opción más conveniente” frente a la propuesta de importar todo el combustible ya refinado. Una de las últimas voces en proponer esto fue la senadora del Partido Nacional Verónica Alonso. Pero también se expresó de manera similar el director blanco de Ancap, Diego Labat (Búsqueda Nº 1.988)
“Hay que mirar toda la canasta cuando se habla de margen de refinación. Si mirás solo dos productos no es una comparación correcta. Además, esas comparaciones hablan de precios y no de costos. El precio se fija y no necesariamente refleja el costo”, señaló la jerarca.
“En Uruguay y en la región no hay exceso de productos refinados, estamos más cerca del crudo que de los productos. La logística de traer crudo es más eficiente que traer producto, esto favorece claramente a la refinación local”, añadió.
Pero para que estos números se mantengan, sostuvo Jara, “es fundamental que se cuide el margen que hoy nos deja la refinación”. Ese margen es la diferencia entre los ingresos por ventas y los costos operativos y de las materias primas. En el caso de La Teja el margen es de US$ 5 por barril, lo que representó en el primer semestre de 2018 US$ 61 millones a favor de Ancap, según los datos oficiales.
“Es muy difícil ponerle una fecha de vencimiento a la refinería, pero el tema de la demanda siempre creciente es un hecho. Tenemos que prepararnos para un escenario energético que está cambiando y para ello precisamos optimizar recursos y pensar en otras alternativas”, dijo Jara.
Entre esas alternativas surgió en la industria el combustible a base de hidrógeno, que se logra mediante la electrolisis del agua. “Ya estamos analizándolo y viendo si podemos generar algún proyecto piloto con este energético”, informó la jerarca. Para lograr el combustible se precisa energía, la cual en el caso de Uruguay “provendría de fuentes renovables”.
Otros aspectos de posible mejora tienen que ver con las nuevas tecnologías y su aplicación a las plantas de la refinería. “Internet de las cosas y el Big Data nos abren una posibilidad impresionante de mejoras y optimizaciones”, dijo Jara, quien adelantó que ya iniciaron proyectos piloto con estas tecnologías en las plantas de Alur Montevideo.