Hace unos 40 años operaban en la plaza uruguaya 16 casas de cambio mientras que ahora son cerca de 60 las autorizadas. Hay además otras 23 empresas que, entre otras cosas, prestan el servicio de canje de monedas, y están también los bancos. Ese negocio se hizo muy competitivo, y para algunos cambistas, sobre todo los que tienen poca escala, es difícil sobrevivir sin incorporar otro tipo de operaciones.
La actividad de las casas de cambio quedó en el centro de la atención pública luego de que una empresa del rubro, con fuerte presencia en Maldonado y otros departamentos del interior, cerrara sin previo aviso, un caso que pasó a la Justicia porque el dueño —el empresario y dirigente colorado Francisco Sanabria— se dio a la fuga. Su Cambio Nelson recibía dinero a modo de depósito, por fuera de lo que le permite la regulación, pero los allanamientos realizados en los últimos días por la Policía y la Dirección General Impositiva podrían detectar otro tipo de ilícitos.
“Hay gente a la que no le llamó la atención” la captación de dinero por el cambio, dijo una fuente bancaria a Búsqueda. Y sostuvo que existen zonas del interior en donde prima la confianza que empresarios de ese rubro, e incluso vinculados a escritorios rurales o consignatarios de ganado, puedan generar con los “depositantes”.
Consultas que Búsqueda realizó entre casas de cambio de varias zonas del país revelan que sus ejecutivos ven al sector “inviable” solo con la ganancia que obtienen del canje de moneda, a menos que se tenga una cierta escala. La mayoría pidió anonimato para hablar sobre la situación que atraviesa el negocio.
Desde una casa de Montevideo aseguraron que en el interior “se manejan diferente. Se les fue de las manos: descuentan cheques, toman depósitos. Cambios como Nelson hay varios”.
Los cambistas del interior consultados describen su negocio como chico y que se basa en las cercanías que los pueblos permiten para hacerse de clientes.
Carlos Antúnez, dueño de uno de los cuatro cambios de la ciudad de Rivera, dijo que negocios pequeños como el suyo tienen números como los de “un almacén: da para llegar a fin de mes, no para ser rico”. Relató que en Rivera “desde la terminal a la (calle) principal hay cambistas por todos lados” incluso fuera de las casas habilitadas. Pero él “trata de tener buen precio y recibe muchos minoristas”, según contó.
Un cambista del departamento de Colonia se quejó también por la fuerte competencia que hay en el rubro: “Acá cambia hasta la verdulería. Muchos lo hacen como cosa puntual, pero cuando se hace habitual ya es un delito”. Allí la subsistencia depende de la “confiabilidad y de ser del mismo pueblo, con un trato más verbal” apuntó. Es un negocio que es “malo, pero funciona, si no, no habría tantos”, evaluó.
Tras estallar el caso del Cambio Nelson el Banco Central (BCU) aclaró que la normativa solo lo obliga a autorizar a ese tipo de empresas y a vigilar que no sean utilizadas para el lavado de activos. De esa forma, el monitoreo al sistema financiero difiere según de qué instituciones se trate: los bancos y cooperativas que hacen intermediación (captando depósitos y dando préstamos) están sometidos a regulación y supervisión más estrictas. Desde los bancos aseguran que el BCU “está siempre presente”. Sin embargo, el ejecutivo de uno de los cambios más importantes instalados en Montevideo reconoció que en su caso los controles “no son periódicos” ni anuales, aunque cuando los visitan “se quedan unos días y piden la apertura de todas las carpetas”.
La habilitación que les da el BCU les permite a las casas de cambio realizar compraventas de monedas y billetes extranjeros, operaciones de arbitraje y canje, compraventa de metales preciosos y cheques de viajero, cobranzas y pagos, giros y transferencias domésticas, transporte de valores, emisión y adquisición de órdenes de pago a la vista en moneda extranjera, así como actuar como subagentes de empresas que realicen transferencias al exterior. Son casi 60 las casas de cambio autorizadas.
En el sector se entiende que el negocio de cambio de moneda “está muy competitivo” y para los actores se ha vuelto un “problema” lograr rentabilidad con tantas firmas autorizadas. Una fuente de una de las grandes empresas cambiarias de Montevideo recordó: “En 1976 había 16 casas y después de la década de 1980 el BCU empezó a dar patentes indiscriminadamente”. Opinó, además, que para los cambios chicos es casi imposible acceder a los puntos del país donde es rentable el negocio minorista como lo son los centros comerciales. Otra fuente identificó ese “boom de licencias” a partir de 2010, en el contexto de un fuerte crecimiento económico.
Escala.
Otras 23 firmas están habilitadas a operar como empresas de servicios financieros, que les permite realizar otro tipo de transacciones, incluso dar préstamos (tras pedir el ingreso a la Central de Riesgos del BCU, algo que la mayoría no ha solicitado). Lo que convenció a varios cambios a pasarse a esta figura —creada en 2010— fue la posibilidad de mantener corresponsalías con el exterior.
“La corresponsalía te da un posicionamiento y suma servicios. Pero la actividad de cambio sigue siendo la base. La rentabilidad es buena si bien ha venido bajando. No hay que hacer cosas raras para sobrevivir pero es un negocio de escala”, opinó una fuente del sector. De los balances de las siete mayores empresas de servicios financieros surge que mientras las ganancias por su operativa de cambio ascendió a casi $ 900 millones durante 2016, apenas superaron los $ 100 millones las surgidas de otros servicios.
El ejecutivo de una empresa de servicios financieros comentó que si bien esta categoría les permite ser “más poderosas que los cambios” también implica una regulación diferente. “Tenemos que presentar balances mensuales, cosa que a los cambios no les piden”, observó.
Algo en lo que tanto fuentes de casas de cambio como de las empresas de servicios financieros coincidieron es que su principal rival son los bancos. Uno dijo: “A partir de 2007 empezaron a competir, nos cerraron las cuentas y hasta las cinco de la tarde no te atienden”. Si bien el Banco República (BROU) aún les permite tener cuentas corrientes, les cobra por mantener esos depósitos, acotó.
De todas formas, los mayores costos que enfrentan las firmas que basan su negocio en el cambio de moneda son los salarios y el alquiler de locales. Algunas empresas de servicios financieros logran palear la situación gracias a tener varios puntos de atención. Daniel Lussich, de Cambios SIR, explicó que “si a una (sucursal) le va mal, se compensa con otra; pero los chicos no tienen esa posibilidad”.
La llegada de las redes de cobranza actuó como un sostén para las firmas del rubro. “Redpagos es un aporte muy importante y en algunas sucursales representa más de la mitad de las utilidades. En su momento era un agregado, pero no esperábamos que fuera lo que es hoy”, destacó Lussich.
Esto también sucede en el interior del país. Ejecutivos consultados apuntaron también que la Ley de Inclusión Financiera —que, entre otras cosas, obliga al pago de salarios y pasividades a través de medios electrónicos— “tiende a concentrar el negocio en los bancos”.
Fuera del sistema.
Esta semana en radio Carve, a quien se lo conoce como el “valijero” de la ex familia Kirchner reveló supuestas conexiones entre Wilson Sanabria y la denominada “ruta K”, una red de lavado de dinero que investiga la Justicia argentina por sus vínculos con los ex mandatarios Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Sanabria era dueño del Cambio Nelson, que tras su fallecimiento pasó a manos de su hijo, hoy fugado.
Este tipo de situaciones —además de las precauciones que les imponen sus casas matrices— son las que ha llevado a la mayoría de los bancos a tomar distancia de las casas de cambio. “Si hacen una operación contigo es por extrema necesidad”, indicó una fuente de los cambios.
Solo el BROU y el Bandes les permiten a los cambios tener cuentas corrientes. Trabajar con una casa de cambio puede ser un problema para un banco que quiera importar billetes, ya que el Bank of America (que abastece con dólares a la plaza) puede removerlo de su lista por ese tipo de clientes, explicaron.
En febrero la Cámara de Empresas de Servicios Financieros del Uruguay envió a sus afiliados un mail informando del trabajo que llevan adelante para intentar mejorar su imagen. En el mensaje, al que accedió Búsqueda, la gremial habla de las “dificultades que desde hace tiempo” tienen por la “no apertura de cuentas en el sistema bancario local” así como “el cierre de las corresponsalía de bancos en el exterior y la casi imposibilidad de apertura” de nuevas cuentas. La problemática fue transmitida al presidente del BCU, Mario Bergara, y también al recientemente fallecido titular de la Secretaría Antilavado de Activos, Carlos Díaz, entre otros.