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    Confederación empresarial descarta “cambio drástico” en reformas jubilatorias y de educación si el Frente Amplio gana en 2024

    El presidente de la supragremial, Diego O´Neill, espera que haya avances sobre la inserción internacional en lo que resta del gobierno. En contrapartida, sobre el bajo nivel del precio del dólar “no hay muchas expectativas” de cambio para el 2024

    Por la “tradición estatista” o porque no es un tema con buen marketing para el sistema político, la reducción del “peso” de la administración pública tuvo en este gobierno “escasos” avances, según la Confederación de Cámaras Empresariales (CCE). Pero si la “coalición republicana” se mantuviese al frente por un segundo período de gobierno, el presidente de la supragremial, Diego O’ Neill, dijo a Búsqueda que serán más exigentes.

    La confederación apoyó —en términos generales— las reformas de seguridad social y educación que se concretaron en el último año, y que de hecho formaban parte de la agenda de políticas públicas que en 2019 entregó a los candidatos de todos los partidos. Ahora, pensando en la próxima competencia electoral, la CCE descarta que pueda haber un “cambio drástico” en ellas si el Frente Amplio vuelve a dirigir el país.

    O’ Neill señaló las “luces y sombras” que tuvo el empresariado en materia económica y dijo que la CCE tiene expectativas de que haya avances sobre la inserción internacional en lo que resta del gobierno. En contrapartida, sobre el bajo nivel del precio del dólar “no hay muchas expectativas” de que cambie para el año próximo, reconoció.

    La supragremial cumplió su séptimo aniversario. Desde su nacimiento, uno de los objetivos era promover y mejorar la imagen del empresario en la sociedad. ¿Se logró?

    —No tenemos mediciones, pero entendemos que la confederación hace un aporte en ese sentido, porque todos los planteos en los grandes temas del desarrollo económico y social del país son con propuestas, con seriedad y desde la perspectiva de colaboración. Creo que eso contribuye a ubicar al empresario en su real dimensión, en su real lugar y valor para la sociedad, porque muchas veces la imagen del empresario se forma a partir de lo que se dice de nosotros y no de lo que hacemos y decimos de nosotros mismos.

    En este tiempo, analizaron diversos temas y propusieron medidas en materia de competitividad, empresas públicas, marco laboral, etcétera. ¿Lograron incidir en la agenda de políticas públicas del gobierno?

    —En 2019 presentamos a todos los presidenciables una serie de políticas públicas, algunas de las cuales se han llevado adelante en esta administración. No podría decir, si el resultado electoral hubiera sido distinto, si hubiesen sido los mismos resultados. Pero ha habido concreción de algunas de esas políticas, como la reforma de la seguridad social, que se aprobó este año y que en líneas generales apoyamos porque contempla los principios que impulsábamos. Lo mismo con la reforma educativa, o la creación de una regla fiscal o la incorporación a la legislación laboral de las observaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Es decir, hay una serie de políticas que considerábamos importantes y necesarias que se han concretado. ¿Cuánto incidió el planteo de la confederación en eso? Es difícil de decir, pero indudablemente era una voz que iba en esa dirección.

    ¿Están conformes? ¿Se sienten más escuchados?

    —En esos ejemplos que puse, sí, pero en otras cosas no. Durante todo este año ha habido una discusión sobre el atraso cambiario y cómo incidió en ello la tasa de interés... Ahí había puntos de vista diferentes desde el Banco Central. No en todo hay coincidencia. Apoyamos políticas, no apoyamos gobiernos. Cuando hay políticas que entendemos que están bien, que coincidimos, apoyamos las políticas, no apoyamos los gobiernos de turno.

    A menudo los empresarios dicen que si al gobierno le va bien entonces al país y a las empresas les va bien. ¿Qué balance económico hace de estos años?

    —Cuando al gobierno le va bien, le va bien a la gente, más que al empresariado. Este último año ha sido bastante complejo para los sectores empresariales. Ha habido circunstancias extraordinarias, como la sequía, que pegó muy duro a la agropecuaria, se habla de una pérdida de 2.000 millones de dólares en exportaciones, fue muy complejo también por la situación de atraso cambiario. El sector comercio y la industria nacional por la diferencia de precios con Argentina, que no se puede absorber de ninguna manera, tuvo una afectación fuerte en el comercio de frontera que después fue más general. Eso afectó también la recaudación de la DGI y el contrabando pega mucho en todo el territorio.

    La construcción este año, comparando con 2022, tendrá una caída. Pero es un sector que ha mantenido buen dinamismo, y el de las tecnologías de la información también. El sector turismo viene muy golpeado desde la pandemia y sigue con dificultades por la diferencia cambiaria con Argentina. El 2022 había sido un año de recuperación tras la pandemia, que había pegado fuerte, este tiene luces y sombras en lo económico.

    —El gobierno de Argentina anunció en los últimos días una serie de cambios en las reglas de juego, desregulaciones en varios mercados. ¿Qué opina de los anuncios y qué impactos prevé para Uruguay?

    —La situación de Argentina es dramática, las cifras de pobreza extrema son increíbles y requiere un cambio de políticas muy fuerte. También hay un entramado de regulaciones que hay que ir desarmando y que responde a políticas de las últimas décadas. Es muy pronto para hacer un juicio sobre lo que va a hacer el presidente (Javier) Milei. Algunas medidas parecería que van en la dirección correcta, sincerar el tipo de cambio, ir eliminando regulaciones y subsidios. Sí tenemos la expectativa de que en el correr del próximo año la diferencia de precios tan grande que venimos teniendo se vaya reduciendo, aunque no será de un día para otro.

    Lo importante es que a Argentina le vaya bien para que nos vaya bien a nosotros. También hay una expectativa en cuanto a que puede haber un rebalance a la interna del Mercosur, con una posición un poco más abierta para los planteos que ha hecho Uruguay. Habrá que ver si se concreta, la forma y el timing.

    Al desempeño económico de luces y sombras que mencionó a escala local, se agrega una desmejora de los números fiscales y una expectativa de aumento del gasto para el año electoral. ¿Cómo lo evalúa?

    —La expectativa es que el compromiso que el equipo económico tiene con la regla fiscal se mantenga y por tanto a pesar del año electoral se pueda cumplir o acercarse a la meta, que es exigente, de un déficit de 2,7% del Producto Interior Bruto. No esperamos que sea un año de canilla abierta del gasto. El déficit fiscal es un tema crucial para la competitividad; bajar el costo y el peso del Estado es muy importante.

    Uruguay sigue caro en dólares y la competitividad sigue sin mejoras sustantivas. Por el lado del peso del Estado, un reclamo que se reitera hace mucho tiempo, no hubo alivios. ¿A qué atribuye la falta de avances?

    —Es uno de los temas principales que nos preocupa. Es un tema difícil porque el país tiene una tradición bastante estatista, porque no es un tema que tenga mucho marketing. Para el sistema político tampoco es una cosa muy atractiva. Pero entendemos que es un tema imprescindible de encarar con profundidad. Los avances en la reducción del peso del Estado han sido escasos y vamos a seguir insistiendo el año que viene con todos los candidatos, por ser un año electoral. Por el lado de funcionarios públicos estamos prácticamente con la misma cantidad que en 2019, siempre decimos que el problema no es el número sino que es un poco el síntoma y que el tema va por la digitalización, por la regulación, por la desburocratización, por tener indicadores de productividad en la gestión pública. Cosas que hay que ir trabajando, como en el tema de los combustibles, que hubo avances, pero no todo lo que esperábamos. La situación del cemento portland de Ancap sigue incambiada y arrastra pérdidas millonarias desde hace 20 años. Son lastres en los que tenemos que insistir y seguiremos.

    Pienso que por la tradición estatista y que al ser la primera administración de la coalición republicana había otras prioridades. No sé quién va a ser el próximo gobierno, pero entendemos que si se mantuviese la coalición republicana, deberíamos ser muy exigentes en que se avance con esto. Porque si tiene dos períodos de gobierno y no le entra fuerte a este tema, entonces se cuestiona la voluntad de hacerlo. En la primera administración de (Tabaré) Vázquez se hablaba de la reforma del Estado como la madre de todas las reformas y han pasado más de 15 años y distintos gobiernos y los avances han sido escasos. Sea quien sea la próxima administración vamos a insistir mucho con ese foco.

    —¿Cree que hace falta una gestión más empresarial para mejorar la eficiencia del sector público?

    —Hace falta buenos gestores, hay limitaciones porque muchas veces el sector público no puede pagar salarios comparables al sector privado y es parte de la reforma del Estado pendiente. El Estado uruguayo paga muy bien cargos de baja calificación y muy mal los de alta calificación. Eso es lo que hay que mejorar y corregir, parcialmente quedó en la Rendición de Cuentas para una implementación futura. Hay lugares donde es muy importante tener un liderazgo firme, un dueño de los procesos, un gestor que lidere.

    ¿En qué área o empresa pública cree que falta ese tipo de timón?

    —Es en general. Hay que dar las condiciones para que pueda haber en los distintos organismos esos gestores necesarios.

    —¿Cree que si la oposición llegara al gobierno en el próximo período corren riesgo algunas de las reformas, como la de la seguridad social y la educativa, con las que el Frente Amplio ha sido crítico?

    —No tenemos temor en ese sentido, porque la tradición de Uruguay es por acumulación; todos los gobiernos van aportando cambios, mejoras. Pensamos que va a ser así. Indudablemente, el Frente Amplio puede hacer correcciones en cualquiera de esas materias, pero no nos parece que vaya a haber un cambio drástico, más bien pensamos en una continuidad con cosas nuevas.

    —Tras la última asamblea de la confederación, exhortó a que no se adelante la campaña electoral porque queda tiempo para concretar cambios en esta administración. ¿Qué expectativa concreta tiene de que ello suceda?

    —Fue una reflexión a que la campaña electoral no nos absorba. Es importante que no aceleremos, que no pongamos todas las energías en la campaña, faltan 14 meses para el cambio de gobierno. El sistema político, naturalmente, tiene un ojo en lo electoral, pero es muy importante seguir trabajando en las mejoras necesarias, en la competitividad, en la modernización del mundo del trabajo, en bajar los costos internos, en los temas de educación, con la primera infancia. No podemos perder un solo uruguayo, hay mucho para hacer. También fue un llamado a reflexión para mantener el tono, la altura cívica, que tanto valoramos para el país y que hay que cuidar entre todos.

    —Y siendo realista, ¿en qué temas ve posibilidades de mejoras o definiciones en 2024?

    —Puede haber avances y novedades en inserción internacional en relación con el acuerdo Mercosur-Unión Europea. El presidente (de Brasil) Lula ha insistido y Uruguay apoya y estaría dispuesto a firmar mañana. El presidente (Lacalle Pou) ha dicho que va a seguir insistiendo con la flexibilización del Mercosur. Eso es muy importante, porque es parte de la competitividad tener acuerdos comerciales con mercados donde nuestros competidores de repente tienen tasa cero o de 2% y nosotros pagamos 12% o hasta 18%. En otros temas, como puede ser bajar el costo del Estado, probablemente los tiempos ya pasaron.

    ¿Y prevén algún cambio en la política monetaria que pueda provocar un repunte del precio del tipo de cambio?

    —Sobre el tipo de cambio más bien bajo, no hay muchas expectativas de que se vaya a modificar en 2024. Es un tema complejo el debilitamiento global del dólar, no es solo la tasa de interés del Banco Central. Eso hace más imprescindible trabajar en otros temas que no son solo tarea del Estado, también es de los empresarios. Tenemos que trabajar mucho más fuerte en lo que es la mejora de la productividad, para lo cual hay que incorporar tecnología, hacer que eso sea transversal a todos los sectores y a todos los tamaños de empresa. Allí puede haber políticas públicas para impulsar. El tema de la capacitación de la gente también es importante que sea una bandera compartida.

    En materia de modernización del marco laboral tampoco hubo cambios relevantes. Y la productividad que menciona sigue como un deber ser. Es un tema que hace a la voluntad de todos los actores...

    —La productividad es un tema que indudablemente hay que incorporar a la negociación colectiva. Algo que sería importante es que el país tuviera institucionalidad para tener mediciones sectoriales y poder poner información a disposición de los actores. El Ministerio de Trabajo ha convocado al Consejo Superior Tripartito, veremos cómo se avanza. En lo demás, el reglamento para descuelgues está dentro de la modernización necesaria para tener un mecanismo más efectivo y menos rigidez. La décima ronda está culminando con bajo nivel de conflictividad, eso es positivo porque se incorporaron la mayoría de las observaciones de la OIT a la ley de negociación colectiva y no se vio afectada la negociación.

    —Algunos jerarcas de gobierno han señalado que la gestión realizada los va a defender y posicionar bien frente al electorado para continuar por otro período. ¿Qué evaluación hace de la gestión general del gobierno?

    —Una evaluación de tipo político no vamos a hacer. Hay políticas que valoramos y que mencioné, también fue muy acertado el manejo de la pandemia, pero la gente será la que tendrá que valorar si la gestión defiende o no defiende al gobierno, yo no lo voy a hacer.

    —En los últimos meses hubo una crisis en el gabinete por la difusión de audios vinculados al “caso Marset”. ¿Eso desmejoró la imagen del gobierno a los ojos del empresariado? ¿Afectó de alguna manera la estabilidad que suelen destacar como capital institucional del país?

    —La confederación acompañó la visita del presidente a China y cuando uno ve la forma en que esa potencia mundial recibió a la delegación uruguaya, la importancia que le dio, más allá del interés geopolítico... Creo que el país ha construido una reputación a nivel internacional y para adentro también muy fuerte, muy sólida, que hacen que sea muy considerado. Seguramente, dificultades siempre hay, conflictos siempre hay, errores siempre hay, pero la forma en que esas situaciones se resuelven es parte de ese capital reputacional. Creo que en todas las administraciones se ha ido construyendo esa reputación y que esta lo ha hecho también, así que creo que la forma en que se resuelven, superan o enfrentan esos desafíos es una buena señal de esta y de las administraciones anteriores también.

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