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Comúnmente los empresarios de la construcción dicen que su sector tiene mucha “inercia” para explicar que cuando la economía se retrae esa industria tarda en caer y cuando se recupera también demora en levantarse. Asimismo, hay consenso en que dicha actividad es gran generadora de empleo y que moviliza o arrastra a otros sectores.
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Ese tipo de interrelaciones fue medido por el Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción (Ceeic) en un análisis, titulado “Encadenamientos del sector construcción en la economía uruguaya: una aproximación a partir del modelo insumo-producto”.
En ese documento se define al sector como “impulsor” más que receptor, es decir, que es capaz de generar derrames a otras actividades, pero que le cuesta absorber los estímulos que recibe de aquellas. Así, por ejemplo, “tira” o “arrastra” de otros rubros al demandarles bienes intermedios o insumos (“encadenamiento hacia atrás”) como hierro, cemento, asfalto, etc., que a su vez dinamizan la extracción y molienda de piedra caliza, transporte de clinker, maquinaria, combustible, entre otros.
El Ceeic —una organización privada sin fines de lucro financiada por la Cámara de la Construcción y que lleva adelante el estudio CPA/Ferrere para generar análisis en torno al sector— calculó que el incremento de una unidad monetaria de la “demanda final de la construcción genera encadenamientos totales que implican un incremento del valor bruto de producción global por 4,41 unidades monetarias”.
Sector clave.
En su investigación buscó medir los efectos directos e indirectos al analizar la contribución directa y el empleo de la construcción, así como la capacidad de generar el impulso de otras actividades.
Para realizar esas estimaciones, el centro se basó en el modelo insumo-producto, una matriz para 2005 elaborada por el Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad estatal. Como no hay datos que hagan posible ese cálculo para años más recientes, los resultados que se obtuvieron a 2005 constituyen la “imagen más actualizada de las relaciones intersectoriales” del rubro de la construcción, indica. Sin embargo, advierte que deben considerarse “con cautela” porque si bien la base que sustenta el cálculo es la última disponible, en los 10 años más recientes hubo cambios en precios relativos, de tipo tecnológicos y estructurales en la economía.
La metodología utilizada supone que los insumos para elaborar un producto se relacionan en base a una función de costos lineal que depende de los coeficientes insumo-producto y los precios de los mismos.
Detalla que el encadenamiento “hacia atrás” mide la capacidad de un sector para arrastrar directamente a otros que están relacionados, mediante la demanda de insumos intermedios. En tanto, el encadenamiento “hacia adelante” mide la capacidad de estimular a otros sectores a partir de su oferta de insumos.
El Ceeic calcula que 37,5% de la producción final del sector se destina a la utilización intermedia por parte de otros sectores, y el resto (62,5%) se dirige al consumo final y se considera como inversión o formación bruta de capital.
Desde el punto de vista de los costos, el Ceeic encontró que 62,5% corresponde a la compra de insumos a otros sectores de la economía y la diferencia (37,5%) se distribuye entre salarios, excedente de explotación bruto e ingreso mixto bruto. Los impuestos a la producción son 1% del valor bruto de producción sectorial.
Al analizar los encadenamientos, afirma que la construcción “puede considerarse como un sector clave tipo A” para la economía uruguaya. Es decir que un incremento de su actividad lleva a un aumento “relativamente grande y generalizado” de la demanda final de los demás sectores. Indica que muestra un nivel de encadenamiento “hacia atrás” superior al promedio de la economía pero levemente inferior “hacia delante”. Estos últimos están dados por el valor agregado que generan los sectores que compran los bienes producidos por la construcción. Por ejemplo, el sector “transporte, almacenamiento y comunicaciones” utiliza en su ciclo productivo los parques logísticos que produce la industria de la construcción, o los servicios portuarios prestados en un muelle.
El centro estimó que los encadenamientos totales hacia delante son de 1,55, muy similar a la media de la economía. Ese coeficiente debe interpretarse “como el estímulo que recibe el sector, directo o indirecto, ante un shock que genere un incremento unitario en la demanda global de la economía”, explicó en el análisis.
Con esas estimaciones, el Ceeic concluye: “Los shocks que recibe el sector impactan sobre el resto de la economía en forma significativa”, aunque la construcción “no logra beneficiarse en gran medida de los estímulos” que recepciona.
Agrega que esta industria posee fuertes “interconexiones sectoriales”, y destaca que es el sector con mayor nivel de encadenamientos totales.
En los últimos años la actividad de la construcción se mostró recesiva: en 2014 cayó 1,8%, lo hizo 5,4% en 2015 y en enero-setiembre de 2016 acumula una retracción de 4,6%, al comparar con el año previo, según el Banco Central. El Ceeic estimó una contracción tendencial de su nivel de producción cercana a 5% para este año y en torno de 4% para 2017.
El jueves 22 el centro divulgó los resultados de la encuesta efectuada entre fines de noviembre y principios de diciembre entre empresas socias de la cámara sectorial y de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción. Sobre la situación presente, predominaron las opiniones neutras (71%) y solo 3% la catalogó como “buena”, pero al responder sobre el futuro de la industria prácticamente un tercio (32%) auguró una evolución positiva.
Mientras que hoy solo 6,5% de las empresas se encuentra con más de 90% de su capacidad instalada operando, la expectativa hacia el futuro es que esa proporción llegue a 19,4%. De todos modos, casi dos tercios de los encuestados (64,5%) le asignan baja probabilidad a la incorporación de nueva maquinaria, lo mismo que a la contratación de más personal (61%).