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A continuación de un tuit del destacado economista francés Olivier Blanchard admitiendo algunos errores de pronóstico en medio de la crisis por el Covid-19, Pablo Rosselli, socio de la consultora Exante, hizo su propio mea culpa en la misma red social el viernes 13: “Yo también pensé que una 2da ola tendría impactos muy adversos… Hoy parece mucho menos probable. También pensé que tendríamos muchos concursos y reestructuraciones en Uruguay… y no ha pasado”.
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Este año, hasta fin de octubre, se presentaron a concurso de acreedores 62 empresas, lo que se compara con las 77 que lo habían hecho en los 10 primeros meses de 2019, según el conteo que lleva la Liga de Defensa Comercial. Los más grandes por el pasivo involucran a la controversial fábrica Envidrio (Ebidgold SA), a sociedades del grupo dedicado a las energías renovables Tecnova Renovables-Lafemir y las del conglomerado automotriz Oferol-Chery. El concurso es una vía judicial para acordar refinanciaciones con acreedores, ante dificultades de pago de una compañía.
Tampoco explotó la morosidad bancaria. De hecho, a fin del mes pasado la proporción de créditos impagos estaba en niveles similares a los previos a la emergencia sanitaria (en torno a 3% de la cartera, en un promedio del que se escapa Bandes con más de 11%).
Sí se dio que, en el peor momento de la crisis por el Covid-19, muchas empresas declararon inactividad ante el Banco de Previsión Social para dejar de aportar: en junio había 4.084 unipersonales, 1.356 micro, 1.074 pequeñas y 444 medianas menos que en febrero. No son cifras despreciables —sobre todo si se piensa en que en muchos casos se trata de negocios de supervivencia—, aunque en total representan en torno a 4% de las firmas formales.
Al desahogo en los meses de baja o nula producción y ventas tras la emergencia sanitaria —en especial entre marzo y mayo— contribuyeron varias medidas adoptadas por el gobierno y el sistema financiero: desde postergaciones de pago de impuestos hasta refinanciaciones de créditos sin que eso tuviera que reflejarse en una peor calificación del cliente (una flexibilidad regulatoria que acaba de vencer, tras lo cual se espera un sinceramiento de los niveles de morosidad). Para las autoridades, la prioridad estuvo en las mipymes, que son la amplísima mayoría y, además, tienen menos espalda financiera que las grandes firmas. Una nueva disposición específica para estas últimas entrará en vigor el lunes 30: el llamado SiGa Plus.
Impacto acotado.
Según una encuesta entre más de 300 empresas de diversos giros difundida por la consultora Exante la semana pasada, casi cuatro de cada 10 (39%) declaró que ya está teniendo una actividad similar o superior que antes de la pandemia, aunque una proporción mayor (47%) espera que eso recién ocurra en entre seis meses y más de un año. “Mejorar la rentabilidad en un contexto de baja demanda” fue el principal desafío identificado por los ejecutivos; solo el 16% mencionó como problema el “gestionar el riesgo de liquidez” entre los tres principales.
Rosselli dijo a Búsqueda que de las 2.000 empresas que conforman la base de estados financieros que procesa Exante, 200 llegaban a la emergencia sanitaria con ganancias muy reducidas y unas 300 lo hacían dando pérdidas en el ejercicio pre-Covid-19. Eran también 300 las que enfrentaban niveles de deuda relativamente elevados, todo lo cual hacía pensar que “había un número importante de empresas en una situación relativamente frágil”.
Y aunque la economía se paró por algunas semanas, no se produjo un descalabro generalizado.
Como una hipótesis para explicar por qué el impacto en la cadena de pagos resultó menor a lo previsto, Rosselli señaló que aunque la contracción de la actividad en abril-junio fue “muy fuerte rápidamente se comprendió que en el tercer trimestre habría un rebote importante. Es posible entonces que la expectativa de una afectación relativamente transitoria haya contribuido a que las empresas no implementaran medidas excesivas de reducción de costos y de postergación de pagos a sus proveedores”. Otra hipótesis es que medidas como la ampliación de la cobertura del “seguro de paro”, el subsidio por desempleo parcial y la postergación de algunos pagos de impuestos “probablemente dio bastante aire” a las firmas, permitiéndoles gestionar mejor su caja. Un tercer factor, “muy importante” en opinión del socio de Exante, es que los bancos extendieron “fuertemente el crédito, postergando proactivamente los vencimientos de los préstamos amortizables y renovando líneas”, en el contexto de un sistema financiero bien capitalizado y con liquidez para prestar y en el que los cambios regulatorios implementados por el Banco Central permitieron que las “readecuaciones resultaran, en general, relativamente rápidas o fáciles”. Para Rosselli, el SiGa también fue “muy muy eficaz”.
Al hablar de perspectivas, el consultor observó que la actividad económica tuvo un “rebote fuerte” en el tercer trimestre y probablemente haya una “recuperación adicional pero notoriamente más moderada en los siguientes”, por lo que “serán necesarios unos cuantos trimestres para borrar definitivamente la caída” que se produjo a raíz del Covid-19. “Tenemos por delante una temporada turística con niveles muy bajos de actividad. El salario real está cayendo y hay un ajuste fiscal en marcha. Por lo tanto, la ‘batalla’ todavía no está ganada. Es probable que en los próximos meses veamos cierto aumento en el número de casos problemáticos”, si bien “todo parece indicar que los impactos en la cadena de pagos y en el financiamiento de las empresas terminará siendo bastante menor del que temíamos en abril, en medio de la incertidumbre” por la irrupción” del virus, comentó.
Grandes empresas.
Después de meses de preparación, el SiGa Plus fue anunciado el viernes 13 por las autoridades del Ministerio de Economía y de la Agencia Nacional para el Desarrollo (Ande), que administra el esquema estatal de garantía de préstamos.
Plus es una línea de garantía para empresas medianas y grandes, con facturación anual superior al equivalente a US$ 1.110.000. Permitirá respaldar —en hasta 1,8 millones de unidades indexadas (UI) a la inflación, es decir unos US$ 200.000— los nuevos créditos para capital de trabajo e inversión que contraten con el sistema financiero. La Ande fijó una comisión base de acceso de 1,5% para pesos y UI y 2,5% en dólares.
SiGa Plus estará operativo hasta el próximo 4 de abril.
En junio pasado, el presidente del Banco República, Salvador Ferrer, había estimado que, por la crisis, se precisarían US$ 1.500 millones para respaldar a las mipymes y otros US$ 1.000 millones para las grandes empresas. El gobierno previó capitalizar el SiGa para que pudiera apalancar préstamos por, precisamente, hasta US$ 2.500 millones. Pero ahora, consultado por Búsqueda, Ferrer se expresó más optimista: “Personalmente creo que la demanda a escala de grandes empresas no va a ser tan relevante como se pudo pensar en algún momento, porque la situación ha sido menos compleja de lo previsto”, si bien hay unos sectores más complicados que otros, como el turismo.
En atención a eso, las autoridades también anunciaron el SiGa Turismo para rubros afectados por el cierre de fronteras, con cualquier nivel de facturación. Operativo desde el lunes 23 y hasta el 4 de abril de 2021, respaldará hasta 1,8 millones de UI en nuevos créditos para capital de trabajo y refinanciaciones. La comisión por la garantía estará subsidiada en 70%.
Por otro lado, Economía y la Ande presentaron como un “rediseño” del SiGa Emergencia —creado para darle aire a las mipymes— una rebaja en el subsidio a la comisión (desde el 70% al 50% en pesos y en UI, y a 23% en dólares); aunque no dieron mayores explicaciones, quizás sea porque, al menos hasta ahora, la crisis del Covid-19 no arrasó con todo.