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Mateo x 6 celebra los 50 años de Mateo solo bien se lame

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Nº 2143 - 7 al 13 de Octubre de 2021

escribe Javier Alfonso

A sus 60 años, Ney Peraza dice que sigue aprendiendo de la música de Eduardo Mateo. Para Popo Romano, este disco es Mateo en el máximo grado de pureza. Alberto Mandrake Wolf dice que cantar las canciones de Mateo “saca lo mejor de mí, nos pone de muy buen humor porque son muy espirituales”. Jorge Schellemberg está feliz por recuperar a la formación original de Mateo x 6: “Volveremos más viejos, más gordos y con menos pelo, pero siempre detrás de estas canciones maravillosas”. Juan Carlos Ferreira cuenta que pone a Mateo en su equipo de audio, se sienta en la batería y canta las canciones improvisando líneas percusivas en los parches y platos. Así se prepara Mateo x 6 para presentar, el miércoles 27 en el Auditorio del Sodre, el concierto Mateo solo bien se lame, 50 años, que conmemora el medio siglo de la grabación de este disco, el primero de Mateo como solista y piedra angular de su obra.

La historia es conocida, pero no por eso deja de ser asombrosa: en la primavera de 1971 Mateo viajó a Buenos Aires a grabar con Diane Denoir, sin planes de disco propio. La idea le fue propuesta por el técnico uruguayo Carlos Píriz, quien trabajaba en el mítico estudio ION y le habilitó horas de grabación por las noches, cuando la sala quedaba vacía, entre octubre y diciembre de ese año. Mateo no tenía un proyecto, solo un montón de papeles y servilletas con letras; las músicas estaban en su cabeza. La liturgia mateística relata que varias de las canciones encontraron su versión final en el momento de la grabación, cuando Mateo improvisaba voces, coros, arreglos de guitarra y de percusión. Pese a que al escucharlas renegaba de las tomas y decidía comenzar de nuevo, Píriz decidió conservar las cintas, hasta que un día Mateo dijo “ya vuelvo” y regresó a Montevideo. El resto se lo debemos a Píriz, quien armó y mezcló el disco, editado inicialmente por el sello De la Planta en 1972 y luego por Clave y por Sondor, que aún no ha concretado su ansiada reedición en vinilo (los ejemplares originales se cotizan en Internet desde 250 dólares en adelante). A escala global el disco fue publicado en CD por el sello estadounidense Lion.

Cinco de los seis integrantes de Mateo x 6 (el grupo se completa con Edú Pitufo Lombardo en percusión) describieron a Búsqueda el impacto de esta obra, que tiene canciones emblemáticas como Yulelé, Quien te viera, Niña, La mama vieja y De nosotros dos.

Cuando tenía 31 años, en 1993, tres años después de la muerte de Mateo, Ney Peraza fue el mentor del sexteto. Siempre ha sido su principal arreglador. Dice Romano entre risas: “El grupo debería llamarse Mateo por Ney”. Peraza contó que desde el vamos la idea para este concierto fue hacer el disco completo. Cinco de las 13 canciones ya integraban el repertorio del grupo: Niña, Tras de ti, Yulelé, Jacinta, La mama vieja y La la, además de Nene, que si bien no quedó en el disco, formó parte de aquellas grabaciones. Ahora creó los arreglos de las canciones del disco que nunca habían tocado. Descargó en su celular un par de aplicaciones que separan el sonido de cada instrumento. Sobre esas pistas aisladas trabajó los arreglos que propuso al resto del grupo. Cada uno trabajó libremente sobre esas consignas.

De los seis, Romano y Mandrake son los únicos que tocaron con Mateo. Para Romano, Mateo solo bien se lame es Mateo en estado puro: “Es un disco tan potente, refleja tanto lo que es Mateo, que es lo que recomiendo escuchar cuando alguien me pregunta por su música”. El disco tiene la particularidad de que no tiene bajo (voz, guitarra y percusión), lo que generó en Romano “la posibilidad de seguir madurando y, con modestia, respeto y mucho amor, crear el arreglo de bajo”. Pone como ejemplo La mama vieja, que toca en modo instrumental a dúo con Lombardo. “Me permite eso que tanto disfruto, que es liberarme en improvisar”.

Cuenta Ney: “Estamos copadísimos con lo que está sonando. Es un mundo muy rico. Se suele decir que es un disco austero y lo es en cuanto a la cantidad de instrumentos pero lo que pasa ahí adentro es muy complejo y muy rico. Uno pensaría que por cómo fue grabado, tendría que haber salido un disco muy divagado, muy hippie, y sin embargo tiene una precisión admirable. Por ejemplo, si tomás la percusión de La chola, parece que es simple, que va con el toco (estilo de percusión muy habitual en Mateo). Pero el patrón rítmico sugiere una clave de candombe, hay varios planos de escucha. Por no hablar del virtuosismo rítmico de Mateo, las subdivisiones tan inesperadas.

Para Schellemberg, Mateo x 6 es, “parafraseando a Jaime, un milagro de amor; de amor por Mateo y por su música. Es una hermandad. Después de tantos años, esto fluye, y esta vez se da algo distinto. La felicidad que tenemos es inmensa, sin atenuantes”. El cantautor que hoy está al frente del Teatro Politeama de Canelones, recuerda la experiencia iniciática de escuchar por primera vez Mateo solo… a sus 12 años en el tocadiscos de un amigo. Es “un disco fundacional para la música uruguaya y también para mí. Aún recuerdo el impacto de esa primera vez”.

Romano explica que en algunos temas nuevos como ¿Quién te viera?, “que tiene una armonía muy rica”, se sintió como un niño de escuela cuando sabe la respuesta de la pregunta que acaba de hacer la maestra: “Levanté la mano y pedí solo de bajo”, cuenta entre risas. “En otros temas me muevo sobre el concepto de permitirme creer que la que hago podría llegar a ser la línea de bajo que a Mateo le hubiese gustado incluir en sus temas”.

Todos coinciden en subrayar la poderosa influencia de este disco, como una luz que aún hoy los ilumina. Peraza señala que Mateo solo… “sigue dando sorpresas al detenerte en un detalle, en cualquier momento, en cualquier canción”. Para Romano, “tenía una gran cuota de curiosidad y te estimula la investigación; fue descubrimiento, supermovilizador”.

Mandrake Wolf compró el LP en vinilo en El Astro de los Discos cuando tenía 13 años. “Estaba impresionado por Musicasión 4 y ½, pero esto era muy distinto. Trajo un sonido muy nuevo, muy distinto a todo. Pasan los años y me sigue dando nuevas visiones, por su austeridad y por la espacialidad de esas músicas. Tan sencillo y a la vez tan complejo”. Dice que al escucharlo percibe “soledad, desgarro y luminosidad”, y lo define como “un manual para componer canciones en clave de candombe, con una increíble cantidad de soluciones musicales; es una obra esencial de la música del mundo”.

Después de una década, Ferreira se reencuentra ahora con la banda en la que tocó durante 20 años. Cuenta que como Mateo solo… no tiene batería, le propusieron buscar un sonido más sutil, más crudo, y encontró la manera de ensamblar su instrumento en esas canciones a través, esencialmente, del cuero y las semillas. Agrega que suele escuchar y leer entrevistas a Mateo. “A través de su palabra me conecto con los motores de su música, con sus motivaciones; complemento un montón de cosas que aprecio al escucharlo”.

“Bo, Píriz, cualquier cosa, me entendés, dejala ir igual…”, dice Mateo al inicio de Uh, qué macana. Es una de las frases proverbiales que el sonidista, sabiamente, dejó en la mezcla final. Y es parte de la mitología de la música uruguaya. Si hay alguien que encarna en los recitales de Mateo x 6 ese “espíritu burlón” al que le cantó Mateo en la canción así bautizada, es Mandrake. “Eso que se me atribuye es lo que más me encanta de Mateo. Los shows eran desopilantes y provocaban en la gente ganas de acercarse a la música. Aprendí mucho de esa forma de introducir las canciones que tenía Mateo. El tipo era supermístico, profundo y melancólico pero a la vez transmitía una tremenda alegría de vivir”.

Vida Cultural
2021-10-06T23:53:00