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    Cuando el comisario se vistió de luto

    Andrea Camilleri (1925-2019), creador de la saga más famosa de Italia

    Tenía 93 años y decía que desde que había quedado ciego, sus sueños estaban llenos de colores, y posiblemente fueron esos sueños los que siguieron alimentando su poder creativo. Andrea Camilleri tuvo que dictar sus últimos libros, entre ellos el más reciente, La liebre que se burló de nosotros (2019), relatos que tratan la relación entre las personas y los animales. De la misma forma dictó sus memorias aún inéditas, Cartas a Matilda, dedicadas a su bisnieta, que la editorial Salamandra piensa publicar en noviembre. Desde hacía unas semanas, Camilleri estaba internado por problemas cardiovasculares en un hospital de Roma, donde murió el miércoles 17.

    Fue guionista, director de cine y teatro, y poseedor de una narrativa vigorosa que dio nacimiento a la saga más famosa de la literatura italiana, con 27 novelas protagonizadas por el comisario Salvo Montalbano. Además de esta serie policial, escribió otra veintena de libros de diversos temas.

    Camilleri nació en 1925 en Porto Empedocle, un pueblo costero del estrecho de Sicilia que inspiró la invención de Vigàta, ciudad donde vive y trabaja el comisario Montalbano. Hoy parece extraño que Camilleri le haya escrito a los 10 años una carta a Mussolini para participar como voluntario en la invasión italiana a Etiopía en 1935. Pero pasó el tiempo, y la pobreza y violencia que instauró el régimen fascista, así como los horrores del nazismo, le hicieron volcarse al otro extremo. La lectura de La condición humana de André Malraux también hizo lo suyo.

    En 1944, Camilleri se unió al Partido Comunista Italiano, y aunque mantuvo sus creencias hasta su muerte, se terminó alejando de sus filas. “Hay partidos de izquierda que realmente tienen objetivos de derechas”, dijo decepcionado en una de sus últimas entrevistas con eldiario.es.

    En su novela Privado de título (Salamandra, 2007) narró, con una original estructura, los hechos que se dieron en una ciudad de Sicila en 1941, cuando asesinaron a un joven de 18 años, “el último mártir fascista siciliano”. El acusado había sido un comunista. A través de recortes de diarios, partes médicos, cartas y declaraciones de testigos frente al juez, Camilleri fue armando una historia que se contradice a sí misma, a la vez que pone en evidencia la inocencia tanto del muerto como del supuesto asesino y los delirios del régimen de Mussolini. Una muestra de su maestría narrativa, más allá de su famosa serie policial.

    Un comisario hedonista

    Pensar en Camilleri es pensar en Salvo Montalbano, aunque a su creador le pesaba bastante. El personaje lleva en su nombre un homenaje al escritor catalán Manuel Vázquez Montalbán, fallecido en 2003 y creador del detective Pepe Carvalho. Camilleri y Montalbán eran amigos y sus policías literarios se parecen.

    El de Camilleri apareció por primera vez en 1994 en la novela La forma del agua, pero allí era solo “una función, no un personaje con todos sus atributos”, según relató el propio autor. De aquella primera vez hasta el éxito absoluto del personaje, que traspasó fronteras y se transformó casi en héroe nacional, pasaron muchos años y muchas tramas policiales, hasta que llegó el fastidio de Camilleri. Porque el padre renegaba de esa criatura que lo hizo millonario. Incluso rechazaba las preguntas que sobre él le hacían en las entrevistas.

    “No digo que no me guste decir que Montalbano se ha convertido en un chantajista porque es demasiado invasivo en mi producción literaria. Estoy muy feliz de que él tenga muchos fans y le deseo muchos más”, dijo pocas semanas antes de ser internado. Todos temen que en la última novela de la saga, aún inédita, haya matado a Montalbano, aunque Camilleri lo negó. La novela se llama Riccardino y seguro que la editorial Sellerio, que publicó todos sus libros, ya la estará enviando a imprenta.

    Lo cierto es que con tanto comisario que le ha salido a competir en series y novelas, Montalbano mantuvo su especial atractivo y a Camilleri no le fue fácil dejarlo ir. Mucho menos cuando apareció la serie televisiva El comisario Montalbano, protagonizada por Luca Zingaretti, que interpreta a un policía fornido y pintún, un poco malhumorado, que se viste con camisas a la moda, vive en una casa increíble frente a la playa y se alimenta con exquisiteces sicilianas que le prepara Adelina, de las mejores cocineras de la región.

    Es que este abogado cincuentón encarna el espíritu hedonista del sur de Italia, y a pesar de sus achaques y de la presbicia que avanza, nunca abandona ni su gusto por los clásicos italianos ni mucho menos los salmonetes a la livornesa, ni los arancini, ni los spaguettis con frutos del mar ni el buen antipasto que saborea en un pequeño restaurante de playa.

    El atractivo está también en la imaginaria Vigàta y en su caótica comisaría, donde suena un italiano salpicado de dialectos sicilianos.

    —Oiga, dottori, ¿hablo con usted en persona personalmente? ¿Me reconoce? Soy Catarella.

    —Sí, te reconozco, Catarella. ¿Qué quieres?

    —No quiero nada, dottori.

    —¿Entonces por qué me llamas?

    Más o menos así son las conversaciones con el agente Catarella o Cataré —así como Montalbano es Montalbé—, el recepcionista atropellado que entrevera todos los nombres. Además está Mimi Augello, que se pasa más tiempo conquistando mujeres que trabajando, y el fiel y un poco inoperante agente Gattuzo. Además está Livia, la novia que vive en Génova. En conjunto todo es bullicioso y alborotado. Todo muy siciliano.

    Camilleri fue sepultado en el Cementerio Acatólico de Roma en una ceremonia privada. Allí estuvo el actor Luca Zingaretti, aunque en realidad quien realmente lloraba detrás de los lentes negros era Salvo Montalbano.

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