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    domingo 14 de julio de 2024

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    Cuanto más demoren los partidos en reconocer que la seguridad es una política de Estado, peor será el daño en el “tejido social”

    “Hay muchas evidencias de que estamos en el buen camino, el gran problema es la ansiedad de resolver las cosas inmediatamente”, dice el director nacional de Policía, Mario Layera, que duda de que la oposición haya estudiado las medidas que propone en la campaña y le preocupa que el objetivo real sea llevar “agua para su molino”

    Mario Layera luce cansado. Sin embargo, tiene decidido continuar al frente de la Policía mientras el ministro Eduardo Bonomi siga siendo su jefe. Asumió ese cargo desgastante después de que su antecesor, Julio Guarteche, renunciara por problemas de salud y de ahí deriva su compromiso con las autoridades políticas de la secretaría de Estado.

    Layera considera que, si bien tiene trabajo por delante, hay “muchas evidencias” que muestran que van por “buen camino”. Pero agrega que no todo está en manos de la policía. Como su mentor, el fallecido Guarteche, Layera piensa que para mejorar la seguridad en el país los actores políticos, judiciales y la opinión pública deben tener una percepción compartida de la amenaza trascendental que significa el crecimiento de los grupos de narcotraficantes.

    Si fuera un médico, diría que a su paciente —la seguridad pública— le aqueja una enfermedad “leve”, aunque el panorama global incluye “situaciones realmente graves. Y todo puede ser peor con la cercanía de las elecciones, porque en la campaña todos usan “el problema de la seguridad para llevar agua para su molino”.

    En desacuerdo con la mayoría de las políticas que propone la oposición, confía en la estrategia actual que el Ministerio del Interior aplica y es más optimista que en mayo, cuando reclamó públicamente más decisión al gobierno para introducirse en territorios como Casavalle con operativos que, desde entonces, sí se están llevando adelante. “Estamos convencidos de que la peor parte del tema comienza a estabilizarse y vamos a volver a recuperar los resultados que teníamos hace dos años”, señaló en una entrevista con Búsqueda.

    —¿Los operativos contra el crimen organizado que vienen realizándose marcaron un antes y un después en el accionar de la Policía durante este gobierno?

    —Lo entendemos como el principio de una estrategia diferente para profundizar la acción del Estado en forma integral en los enclaves que creemos que el crimen organizado uruguayo quiere dominar. En ese sentido sí es un antes y un después. Es una mirada diferente, por eso los llamamos Operativos Mirador, a situaciones que desde hace mucho nos preocupan y son las que tienden a otorgar poder a las estructuras criminales.

    —¿Con estos operativos la Policía ha generado más temor, o preocupación tal vez, en los grupos criminales?

    —Creo que el temor no existe en el ámbito criminal, pero sí han notado el cambio y va a haber una reacción frente a eso que está en cierta manera ya evidenciándose con un mayor enfrentamiento con la Policía. Hemos tenido más lesionados, más atentados a policías y más amenazas a policías; sabíamos que esa era una de las primeras consecuencias que íbamos a encontrar. Y además, otros operadores también son objeto de amenazas y se convierten en objetivos de estas personas cuando los visualizan como elementos que están participando en esta disputa sobre el territorio que ellos quieren ganar. Es algo que venimos observando con mucho cuidado cómo evoluciona.

    'Ese concepto de comisaría es de los años 80, es de un minicuartel donde los policías están recluidos esperando que suceda algo para salir, no se equivale con el concepto que se necesita hoy, de los policías en la calle moviéndose'.

    —Su antecesor, Julio Guarteche, decía que para mejorar la seguridad era necesario que los políticos, jueces y la población tuvieran una “percepción compartida de la amenaza”. ¿Es finalmente así?

    —Algunas personas percibimos la amenaza más temprano y otros no la perciben tanto y necesitan que ocurran las cosas para poder verlas, por lo tanto, no se llegó a ese punto. Se llegó en alguna parte, como indudablemente al gobierno, que es el que tiene la mejor información, porque generalmente los que están en la parte ejecutiva la observan mejor. Pero alguna otra parte tiene otra idea o asumen el diagnóstico, pero no quieren una intervención igual a la que se está haciendo. Y ahora también tenemos el factor político interviniendo por el tema electoral, y ahí sí que se produce una separación importante de cómo percibir la amenaza.

    —¿Por qué?

    —Porque es necesario un equilibrio y el equilibrio justo se logra solo con información detallada, con estudio, con conocimiento de causa exacto para emitir programas y políticas de seguridad que tengan fundamento. Creo que la seguridad de un país es tan importante que su política en esa materia debiera ser consensuada por la gran mayoría de los partidos políticos. Hubo intentos de realizar este tipo de acuerdos, pero no han tenido los resultados esperados y eso lleva a que el ciudadano se confunda y entienda que las cosas se convierten en blanco o negro, cuando hay una serie de colores en el espectro y en la realidad no estamos fluctuando entre blanco y negro sino pasando por esos colores. Se quiere definir la situación como blanco o negro: mano dura, ejercicio de la autoridad, Ejército a la calle… ¿Ese tipo de cosas están realmente analizadas? No podemos decir que algunas cosas van a ocurrir de un día para el otro como por arte de magia. En seguridad no hay magia, hemos aprendido que hay que estudiar mucho y estudiar cosas para que, dentro de diez, veinte años sean solución.

    —¿Como cuáles?

    —Hay que trabajar en programas que ya hace dos años tuvieron resultado de baja del delito y hay que adaptarlos en este nuevo escenario de administración de justicia. Esa es la esperanza, porque por suerte nosotros conocemos los resultados que dieron ciertas herramientas para reducir el delito, como el PADO, como las cámaras de videovigilancia, como la movilidad, no se trata de poner muchos soldados en la calle o que los policías estén dentro de las comisarías.

    —¿Rechaza esos planteos que pide parte de la oposición?

    —Cuando me hablan del Ejército en la calle, creo que es un respaldo del Estado que lo tenemos a mano, pero que se debe evaluar cuándo colabora con la Policía. El poder político puede definir una participación puntual, como en el perímetro de las cárceles o en el control de la frontera. El Ejército no va a desaparecer ni la Policía va a desaparecer porque no lo hicieron en la dictadura, pero toda la seguridad ciudadana va a ser de la Policía.

    —Parte de la oposición plantea volver a dar peso a las comisarías, en sentido contrario a lo que hizo la actual administración.

    —La evolución de la táctica policial indica que la tecnología que tenemos a nuestro servicio nos otorga la facilidad de una alta movilidad, porque la delincuencia la está utilizando también a la movilidad. Entonces, ese concepto de comisaría es de los años 80, es de un minicuartel donde los policías están recluidos esperando que suceda algo para salir, no se equivale con el concepto que se necesita hoy, de los policías en la calle moviéndose, distribuidos a partir de un método científico que estudia los fenómenos en tiempo real y decide dónde van los policías. En ese tema se están formando los nuevos policías. Entonces, no puedo creer cómo se puede pensar en volver a esas comisarías, cuando en el pasado además la gente se quejaba de que los policías estaban tomando mate y dormían. El futuro en seguridad será de origen cibernético, lo estamos viendo en otros países. No solo vamos a tener el problema de las rapiñas y los homicidios, el cibercrimen es una amenaza que está a un paso y es muy peligrosa. ¡Y todavía nosotros hablamos de las comisarías de la década de los 80!

    'Cuando me hablan del Ejército en la calle, creo que es un respaldo del Estado que lo tenemos a mano, pero que se debe evaluar cuándo colabora con la Policía. El poder político puede definir una participación puntual, como en el perímetro de las cárceles o en el control de la frontera'.

    ¿Tampoco está de acuerdo en aumentar las penas para determinados delitos?

    —Eso corresponde a la justicia. Pero cuando leo las resoluciones, cuando se establecen las condenas, en el 80% de los casos no veo que alcancen la máxima pena para cada delito. Entonces, si no se aplican las penas que ya tenemos, no sé cuál es el sentido de poner penas más duras.

    ¿Por qué cree que surgen esas propuestas sobre seguridad si están tan erradas como usted dice?

    —Porque no se estudian: ¿cuál es la estrategia detrás?, ¿cuál es la táctica detrás? Es difícil llegar a entender que solo el conocimiento, el estudio, nos puede defender de los problemas que tenemos. Hay mucha gente que piensa que somos una isla, que el problema de la seguridad es un problema interno, ignora que estamos rodeados de dos países enormes que fácilmente nos pueden afectar. Creo que también se buscan los fines políticos. En cierta manera es un menosprecio a los policías, se piensa que determinadas acciones y estrategias están decididas desde el nivel político y no desde la Policía. Y no es así, antes tal vez era así. Ahora nosotros definimos la táctica, la inteligencia, es un proceso que comenzó hace siete años, que por supuesto debe ser reafirmado por mucho tiempo más y ese es uno de los desafíos que viene al futuro.

    ¿Ciertas propuestas electorales confunden a la población?

    —Cuando hay un problema y ese problema afecta nuestra calidad de vida, es como una enfermedad, se vuelve difícil lograr comprender su alcance y responder equilibradamente. Generalmente se responde emocionalmente y esa emoción produce miedo, temores, desconfianza, discusión, alteración. Hoy tenemos una red de comunicaciones virtuales tan importante y en tiempo real que esas emociones fluyen mucho más. Y todo eso se mete en la cabeza y genera confusión: ¿cómo puede ser que ante un mismo problema expertos tengan soluciones tan diferentes? A veces mi duda es si los intereses electorales definen antes que el conocimiento y el objetivo general de toda la población. En todos los países que yo he estudiado se ha observado la tendencia de usar el problema de la seguridad para llevar agua para su molino.

    Sin embargo, más allá de reacciones emocionales, un sector importante de la población ha apoyado propuestas incluidas en la iniciativa de reforma constitucional impulsada por el senador Jorge Larrañaga. ¿Qué opina de la idea de crear la Guardia Republicana?

    —La población todo lo que sea en razón de protección hacia el ciudadano lo va a ver muy bien, va a pretender que se defina por esos lados. Pero la responsabilidad de los profesionales de la seguridad es como la responsabilidad de los profesionales en la salud. Hace unos años compraba antibióticos a mi gusto, pero los médicos establecieron que no se puede comprar antibióticos sin receta médica porque surgieron estudios científicos que dicen que quizás un antibiótico que pensamos puede dar una solución a un problema de salud en realidad puede manifestarse de manera negativa y causar más daño. Entonces necesitamos que un médico nos diga qué antibiótico tomar.

    'Si a una persona en la vía pública le robaron la matera, llama al 911 y le dice a la patrulla lo que sucedió, la patrulla lo va a registrar como rapiña en la tablet. Antes ese delito de rapiña de monto menor quizás la patrulla no iba, y esa persona tampoco iba a la comisaría, o si iba alguien anotaba la denuncia en una hojita y luego la tiraba a la papelera'.

    ¿Como médico, qué análisis hace del paciente seguridad pública?

    —Creo que tenemos síntomas de muchas cosas, pero principalmente de enfermedades leves. En algunos lugares, en algunas zonas y en algunos grupos sociales sí tenemos situaciones realmente graves. Uno de los grandes problemas es el conflicto criminal: los homicidios este año aumentaron considerablemente, pero si los estudiamos en forma particular, observamos que el 58% corresponde a un conflicto criminal; entonces, dentro de ese ascenso en realidad lo que ascendió es la violencia entre las personas que están involucradas en la actividad criminal. Esa es una situación grave.

    ¿El aumento de las rapiñas también es una situación grave?

    —Cuando estudiamos las rapiñas, que este año crecieron, observamos que lo que creció es la rapiña de monto menor, un tipo de delito que en los últimos 20 años no se denunciaba. Entonces no podemos comparar los registros de hoy con los que teníamos hace 20 años, porque esas rapiñas no se denunciaban o no se registraban, y hoy las registramos. Si a una persona en la vía pública le robaron la matera, llama al 911 y le dice a la patrulla lo que sucedió, la patrulla lo va a registrar como rapiña en la tablet. Antes ese delito de rapiña de monto menor quizás la patrulla no iba, y esa persona tampoco iba a la comisaría, o si iba alguien anotaba la denuncia en una hojita y luego la tiraba a la papelera.

    ¿El mayor registro de denuncias es lo que da a la Policía parte del conocimiento al que usted refiere?

    —Sí, eso nos permite visualizar el problema y nos permite elaborar programas específicos para atender esta situación. Tenemos expertos internacionales que tienen conocimientos de otras policías, y diagnostican de la misma manera que nosotros, y también nos evalúan, y entendemos que estamos aplicando los programas que debemos aplicar. Y nos permite decir que no estamos equivocados en el camino profesional que estamos realizando, creemos en él y estamos convencidos de que la peor parte del tema provocado a partir de noviembre con el nuevo Código del Proceso Penal comienza a estabilizarse y va a tener la tendencia de retrotraerse, y vamos a volver a recuperar los resultados que teníamos hace dos años. Hay muchas evidencias de que estamos en el buen camino, el gran problema es la ansiedad que tenemos todos de resolver las cosas inmediatamente. Pero hay que estudiar mucho para encontrar la solución. Estudiar, mantener un método científico y evaluar los resultados. Mientras eso se mantenga yo tengo la esperanza.

    'No estamos equivocados en el camino profesional que estamos realizando, creemos en él y estamos convencidos de que la peor parte del tema provocado a partir de noviembre con el nuevo Código del Proceso Penal comienza a estabilizarse y va a tener la tendencia de retrotraerse'.

    ¿Para ello no es necesario alcanzar un acuerdo multipartidario, como usted mismo dijo?

    —Esa es una responsabilidad que tiene principalmente la clase política. Yo creo que en forma natural los hechos van a obligar a que suceda eso, el problema es que cuanto más tiempo pase los daños van a ser muy importantes en el tejido social. Todos vamos a sufrir más.

    Más allá de la clase política, ¿los integrantes de la Policía están de acuerdo en que el camino a seguir es este?

    —No todos, hubo una reestructura policial y hubo que cambiar el chip. Y se hizo, pero no estoy seguro de que el policía con muchos años acepte ese chip. Entonces eso genera resistencias, pero si se continúa así, las nuevas generaciones de policías van a disminuir esa brecha y un día todos pensarán de la misma forma. Es decir, ya no van a estar atados a una tradición de 70, 80 años de decir “entro a la Policía para ser un cazador de delincuentes”. Necesitamos mucha más vocación, elevar la calidad y no la cantidad de policías, capacitarlos con las nuevas tecnologías para lograr mejor calidad de información. Nos faltan muchos más analistas policías.

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    2018-12-20T00:00:00