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    De la “época de oro” a una facturación con “el mismo valor” que hace 30 años

    La “época de oro” de la industria electrónica en Uruguay tuvo lugar durante el período de industrialización por sustitución de importaciones, recuerda Marcel Keschner, empresario y excoordinador de la mesa sectorial que funciona dentro de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI).

    Según contó ese ingeniero a Búsqueda, una de las “razones” que dio paso a la sustitución de importaciones ­—un modelo caracterizado por la “fuerte protección a la industria nacional”— fue el “advenimiento de la Segunda Guerra Mundial” y, en particular, lo que eso significaba en cuanto a un “corte, y ya no recorte”, de los elementos tecnológicos que llegaban a Uruguay. A su vez, Keschner ubica el final del período a comienzos de los años 80, cuando la liberalización comercial y la entrada en juego de multinacionales inviabilizaron una industria poco competitiva que se sostenía en las políticas proteccionistas.

    Durante esa época dorada, por ejemplo, empresas como General Electric y Phillips decidieron instalarse en Uruguay, sumándose a los “varios precursores” que ya habían comenzado a construir lo que en aquel tiempo era “el equivalente al Internet: las radios”. Además, se fabricaban pilas, baterías, tocadiscos e incluso —más adelante, en los años 40— transmisores de radiodifusión, generando una “expansión horizontal” de la industria: la metalúrgica, la “megacarpintería” y la química, entre otros sectores, comenzaron a desarrollarse para abastecer de insumos la demanda de la electrónica, recuerda Keschner.

    Durante ese auge de la electrónica en Uruguay el sector daba empleo directo a cerca de 6.000 personas y generaba un valor agregado “altísimo, del orden del 37%” del producto final, según el empresario. Esto, a su vez, volcaba “riqueza hacia la sociedad” y causó un “movimiento” que atrajo nuevas empresas al mercado.

    Más tarde, en la década de los 60, egresó de Facultad de Ingeniería una “generación de oro” que “marcó el camino” de la industria, según Keschner. Estos ingenieros fundaron empresas que fueron “paradigmáticas” —recuerda­—, sumando nuevos productos a la industria, desde cardioestimuladores y otros equipos electromédicos hasta el tablero electrónico del Estadio Centenario, además de sentar las bases para el correo electrónico. “Generaron valor agregado propio desde el punto de vista tecnológico, mientras que antes copiábamos o seguíamos los planos e indicaciones”, recalcó.

    Sin embargo, el valor agregado que produce hoy el sector es, según el ingeniero, mayor al de la “época de oro”. La gran diferencia con la actualidad pasa por el lado del “volumen” y de cómo esto “permea” en el resto de la sociedad, que en aquella época era “mucho más cuantificable” en términos de familias que trabajaban. Hoy en día, asegura Keschner, la facturación absoluta de la rama de la electrónica está “en el mismo valor” que cuando participó como delegado de la Cámara de Industrias de la primera reunión del Grupo Mercosur en 1991 (US$ 50 millones). Además, agregó, “el dólar se debe haber depreciado a la mitad de su valor, o sea que en moneda constante se facturaba el doble de lo que se factura hoy”.

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