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El trailer es más emocionante y coherente que la película que promociona. El fin de la saga iniciada hace 42 años por George Lucas —que ha tenido altibajos notables, por cierto— está demasiado pendiente de complacer a la mayor cantidad de fans posibles, en especial a la franja que se sintió decepcionada tras Los últimos jedi (2017), la más arriesgada de esta nueva trilogía, que saca de la manga personajes y situaciones sin que tengan demasiado sentido.
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Detrás de cámaras está J.J. Abrams, responsable de El despertar de la fuerza (2015), película con la que se relanzó la franquicia, una combinación de remake, reboot, continuación y homenaje de Una nueva esperanza (1977), el título con el que se inició todo. Abrams es un director que filma estupendamente, es muy hábil con las escenas de acción y las tramas paralelas. Nada de eso falta en esta última entrega, que incluso tiene escenas bellísimas e impactantes y momentos emocionantes (como un buen trailer), pero son tantos los parches y las reescrituras y las escenas que apelan a la nostalgia y no a la historia que se narra que al fin de cuentas en El ascenso de Skywalker pasa de todo y no pasa nada.
En esta suerte de “todo para el fanático”, la máquina de la nostalgia se echa a andar, tenga o no tenga sentido y coherencia. Vuelve el Emperador Palpatine (Ian McDiarmid), villano de las dos trilogías anteriores, que supuestamente había muerto. Vuelven, de la nada, decenas de flotas imperiales. Vuelve Lando Calrissian (Billy Dee Williams), capaz de reclutar naves rebeldes en tiempo récord. Vuelven, en plan cameo, los ewooks. Además, se usaron escenas descartadas de Leia (Carrie Fisher, fallecida en 2016) y se crearon diálogos en función de esas escenas (y se nota demasiado). A su vez, junto a la invocación nostálgica, también se cierran las historias de Rey (Daisy Ridley), Finn (John Boyega), Poe (Oscar Isaac) y Kylo Ren (Adam Driver), todo a los ponchazos. También se borra del mapa a personajes que en las dos anteriores tenían cierto peso. Y también queda claro que la Fuerza es realmente fuerte y con ella prácticamente se puede hacer cualquier cosa.
El guion es de Abrams y Chris Terrio, que escribió mamarrachos como La liga de la Justicia y Batman vs Superman: el origen de la justicia (y también Argo, que está bastante bien), lo que en parte explica las incoherencias y las arbitrariedades que desfilan por la pantalla.
Así como en la trilogía de las décadas de 1970 y 1980 George Lucas contó una historia ya contada en mitos y leyendas, en esta nueva trilogía se vuelve a lo que Lucas contó en El retorno del jedi. En 144 minutos, entre viajes por nuevos planetas y el regreso a Tatooine, entre luchas con sables de luz y viajes a la velocidad de la luz, entre el relato del droide que pierde la memoria y la infaltable escena en una cantina galáctica o en una cueva oscura, surgen algunas respuestas y revelaciones, de las sorprendentes y de las inverosímiles y tramposas. Quizás lo peor de todo es que en esta lucha a muerte entre el bien y el mal si alguien muere no es tan grave: si es un personaje importante después seguramente va a aparecer. O simplemente en realidad no murió.