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    jueves 06 de junio de 2024

    Decano de Enfermería cree positivo legalizar la eutanasia porque es una práctica que “ya se da” en un “espacio oscuro”

    Desde marzo, Fernando Bertolotto es el decano de la Facultad de Enfermería de la Universidad de la República. Es el primer hombre que encabeza ese instituto constituido en 2004 en el que el 80% de los estudiantes son mujeres. En cuatro sedes, en Montevideo, Salto, Rivera y Rocha, cursan unos 7.000 alumnos. Por año, egresan entre 200 y 300 licenciados, aunque licenciadas sería el término más adecuado cuantitativamente.

    El decano trabajó 15 años en Francia en una clínica oncológica donde se acostumbró a convivir con pacientes terminales y la inminencia de la muerte. “Me impactó mucho el sufrimiento imposible de mitigar en esa gente, los dolores, el verse morir de a poco y tener que soportarlo sin alternativas cuando se podría ofrecer otra alternativa”, cuenta. Esa “alternativa” es la eutanasia, prohibida pero existente, tanto allá como en Uruguay.

    “Muchos pacientes me lo pedían. Incluso niños, que no tienen la carga cultural o moral de los adultos, pedían no sufrir más”.

    Bertolotto y la facultad están balconeando la votación para legalizar la eutanasia, que el jueves 6 obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados. Es un proyecto surgido de la fusión de dos: uno presentado por el colorado Ope Pasquet en 2020 y otro por la bancada del Frente Amplio en 2021. Si bien no hay una postura institucional, el decano habla de un “sentido común” que ve positivamente legislar sobre una situación que “ya se da”, en “procesos de fin de vida que son indicados por el médico” y que no considera bien que se mantengan “en un lugar oscuro”.

    Lamenta que el Parlamento no los haya convocado a dar su postura. Todavía guarda la esperanza de que en el Senado se escuche la opinión de la facultad, pero su expectativa es limitada porque, dice, el “modelo dominante” a la hora de pensar la salud gira en torno a los médicos.

    Los licenciados en Enfermería tendrían un rol fundamental de aprobarse la norma. El artículo 3 de este proyecto define a la eutanasia como el “procedimiento realizado por un médico o por su orden”, lo que pone en sus manos la ejecución. Si bien el texto habla de “equipo asistencial” a la hora de eximir la responsabilidad penal o civil, el decano cree que eso es insuficiente.

    Los licenciados son minoritarios en el mundo de la enfermería: hay 7.000 licenciados, una carrera universitaria, y otros 23.000 auxiliares en el sistema. Estos últimos egresan tras cursar 18 meses, en su mayoría en escuelas privadas, y sin necesidad de bachillerato terminado. Hay actos técnicos que solo pueden hacer las nurses. Bertolotto subraya que hay un déficit de 9.000 personas en esta profesión, algo que también debería atenderse a la hora de aprobar semejante legislación.

    ¿Cómo vio la discusión de la ley de eutanasia en el Parlamento?

    —Este último tramo se enriqueció y se complejizó un tema que ya era complejo. El encare del proyecto inicial del diputado Pasquet tenía una impronta muy orientada a la despenalización de la función que cumplen los médicos en este proceso. Creo que los otros aportes han permitido que se pueda poner más énfasis en el lugar de la persona que está en esa situación y en su entorno. Creo que igual debería tener margen para desarrollar lo relativo a los actores que intervienen. Este es un proceso complejo que moviliza a mucha gente, a muchos estamentos en la salud, pero particularmente a la enfermería, que es un actor clave en estos procesos y a los que no se contempla en lo que efectivamente hacen, ni en su experiencia acumulada. Muchas veces somos los que implementamos los procesos de fin de vida que son indicados por el médico y los que acompañamos al paciente y a su familia en su proceso de sufrimiento.

    —Usted dice que son los que están más cerca.

    —No sé si los que estamos más cerca, pero estamos cerca. Permanentemente y con interacción más frecuente (que el médico), y con responsabilidades legales.

    —¿El Parlamento nunca los llamó a la discusión?

    —No. Hemos manifestado que podía ser interesante dar nuestro parecer, nuestra experiencia. Por eso hicimos una declaración pública, pero no. Organizamos en julio un webinar sobre el tema e invitamos a participar a los diputados de la Comisión de Salud y solo estaba Ana Olivera (Frente Amplio). También vino la directora del Programa de Cuidados Paliativos del Ministerio de Salud Pública, Adriana Della Valle, a dar su postura. Asimismo invitamos a una colega del Hospital de Clínicas para, más allá del debate filosófico esencial, hablar de qué pasa en los hechos. Entre la teoría y la práctica hay un camino a considerar.

    —En Uruguay nadie asume que la eutanasia existe, pero casi todos conocemos una historia del “cóctel lítico” en pacientes terminales.

    —Sí, el acto de cesar la vida de una persona ya… desahuciada por diferentes razones, sin vuelta y con un sufrimiento imposible de soportar, como señala el proyecto de ley, ya se da.

    —¿Y quién lo decide?

    —El médico es el que tiene la llave de ese tema. Pero es una decisión que se toma colectivamente con la familia y a veces, raramente, con la propia persona. La experiencia clínica nos enseña que cada caso es un mundo. Y hay que disponer de las herramientas que se necesitan y manejarlas con responsabilidad. Por eso, no está mal que esta situación quede encuadrada en un marco legal.

    —¿La Facultad de Enfermería está a favor de legalizar la eutanasia?

    —La facultad no pretende una posición única porque en la profesión, como en toda la sociedad, hay opiniones diversas sobre este tema. Pero sí es algo que hay que abordar en su complejidad y a lo que la enfermería no escapa, lo vivimos regularmente, no es un problema ausente de la experiencia profesional. Como tenemos que implementar las prescripciones, se nos plantea el problema legal. Pero también estaríamos amparados (con este proyecto) por la objeción de conciencia.

    —¿Y eso último no pasa también ahora, más allá de que no se haya legalizado?

    —Raramente, que yo sepa. Está prohibido, pero por compasión o por mil razones es algo que de hecho pasa, es falso pensar que no. Pasa que está en un lugar oscuro de las prácticas profesionales y no le hace bien que esté ahí. Por eso es importante legislar.

    —Ahora la discusión pasa al Senado. ¿Creen que ahí podrán ser escuchados?

    —Siempre dispuestos a ser escuchados. Nos manifestamos antes de esta votación, pero no tuvimos respuesta. El único diputado que se manifestó fue (el nacionalista Rodrigo) Goñi, que me llamó y tuvo un intercambio con el Consejo de Facultad, donde explicó su postura, que es ya conocida. Me llamó también la diputada (del FA) Cristina Lustemberg, pero solo fue un intercambio telefónico. De Goñi me llamó la atención el enfoque que dio sobre los riesgos de judicializar esta situación, sobre todo con la enfermería, diciendo que había muchas cosas que no estaban claras. Eso nos llamó la atención porque ya habíamos tenido un debate importante en la facultad.

    —¿Y piensa que este proyecto respalda su accionar?

    (Piensa.) Habla de los “equipos asistenciales”… los legisladores con los que he hablado piensan que eso es suficiente. Yo pienso que no, que ameritaría que las profesiones más directamente implicadas estén mejor consideradas en el proyecto de ley y que las reglamentaciones y los decretos (que se generen) lo contemplen.

    —El texto parece darle al médico un rol de patrón de estancia y a ustedes el de peones que deben acatar su decisión. ¿Lo ve así?

    —Y... ese es el modelo dominante acá (Sonríe.). En el lenguaje y en la letra jurídica eso se refleja fuertemente. Es verdad que el médico tiene un rol central. Pero este no es un acto puntual o técnico, sino un proceso que pone en juego cuestiones morales, sociales, filosóficas, más allá de lo técnico.

    —Usted puede hablar por los licenciados en Enfermería. ¿Y qué puede pasar con el resto del personal de enfermería? ¿En qué condiciones queda?

    —Legalmente el personal auxiliar de enfermería no puede efectuar actos técnicos que están delegados al licenciado, que es el garante de la calidad de la asistencia. Eso está reglamentado. Pero en la práctica eso pasa de otra manera, porque en Uruguay faltan actualmente 9.000 licenciados en Enfermería en todo el Sistema Nacional Integrado de la Salud (SNIS). Eso está asumido en el país, hay una opción política de aceptar un sistema que funciona mediocremente. Así, las cosas disparan para todos lados. En la historia reciente hubo situaciones con mucha repercusión en la prensa por hechos realizados por funcionarios que no eran licenciados (N. de R.: Se refiere a los famosos “enfermeros asesinos” procesados en 2012 por cometer 15 homicidios entre los dos, y absueltos tres años después), lo que le hizo mal a toda la enfermería. Con mucho respeto por las tareas que hacen, los auxiliares no están autorizados para administrar un medicamento o monitorear un paciente. En la práctica, tenemos un servicio que se sostiene en los auxiliares.

    —Usted trabajó mucho en Francia y acá también, ¿cómo es la actuación más habitual?

    —Yo hablo de procesos, no es algo que se dé de un día para otro, ni del lado del paciente, de su familia, ni del lado de los profesionales. Cuando se plantea el tema es porque antes hubo todo un proceso donde la situación se decanta y se llega a un momento en el que se concluye que no hay solución. Creo que la postura mayoritaria en la Facultad de Enfermería, en la profesión, es de sentido común: hay situaciones donde no hay otra cosa para hacer, y si uno respeta a la persona, el sufrimiento y el libre albedrío... No es verdad que esas personas (en situación terminal) no sean capaces de entender lo que están viviendo. Entonces, disponer de esa posibilidad no está mal. Lo que sí está mal es hacerlo de manera informal, en un espacio oscuro, donde no se puede controlar ni informar nada, que es lo que ahora está pasando. En general transcurre bien, pero puede dar margen a muchas otras situaciones.

    —Hay una ley de cuidados paliativos, cuyo acceso es considerado un “derecho universal”, que ya tiene media sanción y no ha avanzado en el Senado. ¿No sería un contrasentido que la eutanasia sea aprobada antes que esto otro? ¿No sería poner la carreta delante de los bueyes?

    —Ya hay un marco de intervención en cuidados paliativos. Es verdad que antes de pensar en la eutanasia todos deberían poder acceder a cuidados paliativos, pero bien hechos. Hay un supuesto tramposo. Uno piensa que por tener todo el mundo acceso a los cuidados paliativos no se llegaría a la eutanasia. Yo creo que las dos cosas pueden ir juntas, oponerlas es un error. Muchas veces el argumento que las opone es de orden moral. Y en estas cuestiones, los temas morales no son los únicos que tienen que ser considerados. Eso es una trampa en el discurso.

    Información Nacional
    2022-10-05T18:46:00