El sistema de transporte público en Montevideo y el área metropolitana es “poco intuitivo”, tiene información en tiempo real “deficiente”, paradas “de mala calidad” y falta de cobertura en zonas periféricas. Esas características explican el “declive estructural” de su uso, que se exacerbó en los últimos años.
El análisis es parte de un documento elaborado por el Colectivo Ciudad Abierta, un grupo independiente de profesionales que buscan impulsar cambios para hacer de las ciudades espacios más amigables. El documento, publicado en noviembre y al que accedió Búsqueda, reúne las principales conclusiones planteadas por diversos expertos vinculados al transporte durante el primer encuentro del ciclo de charlas Ciudades más disfrutables, humanas y sostenibles.
Según el diagnóstico, la velocidad del transporte es otro de los factores que influye en la baja sistemática de venta de boletos experimentada durante las últimas décadas en la capital del país. Pero también lo hacen aspectos como el modelo operativo (con paradas cada 200 metros, de a un pasajero y con pago a bordo), la falta de prioridad semafórica o en el tránsito o el propio sistema de remuneración a operadores basado en la venta de boletos.
“Este esquema de incentivos fomenta la competencia entre líneas, dificultando la coordinación y la complementariedad”, sostiene el informe. En esa línea, denuncian una “falta de visión global” de la movilidad, al ser un sector gestionado por diferentes dependencias nacionales y departamentales.
“Esto produce que no haya integración del transporte público con otros medios de transporte”, agrega el documento.
Visiones
Gonzalo Márquez, economista especializado en movilidad, transporte y energía y exdirector de Transporte de la Intendencia de Montevideo, comparte esta visión. Durante su exposición en el encuentro, el especialista explicó que actualmente “hay dificultades” para reestructurar líneas y recorridos. Tener operadores privados hace que “los equilibrios sean más difíciles”, porque los cambios afectan de forma distinta a las empresas, indicó.
Para Márquez, hoy las compañías “se juegan su viabilidad en los boletos”, lo que “no necesariamente es óptimo”. Como ejemplo, mencionó que se produce “la existencia de líneas rentables y no rentables”, dependiendo de la zona, lo que produce una asignación de recorridos que puede ser beneficioso para los operadores pero no para la población. También hace que las “inadecuaciones” entre la oferta y la demanda sean difíciles de resolver, agregó.
“Los choferes intentan llegar a las paradas antes que sus competidores y luego se generan momentos de tiempo sin cobertura”, criticó. En ese sentido, aseguró que la opinión pública “no tiene una visión positiva del sistema”.
Como consecuencia, Montevideo y la zona metropolitana registran una reducción estructural de la cantidad de pasajeros, una problemática que se profundizó debido a la pandemia del Covid-19. Incluso, se estima que en 2022 se venderá la mitad de boletos que en 1982, ilustró, una tendencia que está “fuera del alcance” del actual sistema de transporte público.
Tim Vosskämper, magíster en Tránsito y Transporte por la Universidad de Darmstadt, Alemania, también se refirió a la situación de Montevideo. Durante su exposición en el encuentro, el experto, que se desempeñó como consultor en el desarrollo del metro de San Pablo, así como en planes de movilidad urbana sostenible para ciudades de Turquía, se mostró bastante crítico.
Opinó que en Montevideo hay demasiadas paradas de ómnibus, que no hay un mapa del sistema ni se da información sobre próximos viajes y pocas veces las flotas permiten un acceso nivelado. Por otro lado, señaló que las líneas no van en forma recta, por lo que el sistema “no es amigable” para alguien que lo usa por primera vez.
En ese sentido, Vosskämper propuso una serie de alternativas de mejora. Entre ellas, planteó la posibilidad de establecer carriles segregados para buses en avenidas grandes, una idea de “bajo costo y con efecto inmediato”; la integración con líneas interdepartamentales, con el fin de que estas realicen muy pocas paradas dentro de la ciudad o que incluso conecten ciudades vecinas a través de transporte colectivo expreso.
Sobre todo, afirmó que es fundamental “presionar como sociedad” al sistema político para que dé a conocer sus planes de movilidad, con el fin de lograr una reestructuración “clave” de las líneas.
Márquez cree que la única forma de revertir la tendencia decreciente del uso del transporte colectivo en Montevideo y área metropolitana es elaborar “un plan integral de transformaciones estructurales” que permita implementar innovaciones en la forma de financiamiento de los servicios y en el esquema institucional y regulatorio del sistema. Es por eso que el experto planteó crear directamente una nueva red de transporte público.
Según explicó, la nueva red “no debería competir, sino complementarse” con la red común. Entre sus características principales, incluiría una “priorización total” de circulación para disminuir tiempos de viaje, una alta frecuencia y embarque a la unidad de manera simultánea por todas las puertas. Además, debería implicar “un marco presupuestal ampliado” y con más recursos, cambios institucionales como la creación por ley de una Agencia Metropolitana de Transporte que centralice todas las operaciones y modificaciones regulatorias que incluyan, por ejemplo, el cumplimiento de indicadores de calidad.
“También será necesario modificar el esquema de remuneración a las empresas operadoras, generando un pago por kilómetro, sujeto al cumplimiento de estándares de calidad”, propuso Márquez.
Motivaciones
La integrante del Colectivo Ciudad Abierta, Ana Inés Morató, dijo a Búsqueda que con los encuentros que promueven buscan “incidir en la agenda pública”, de cara a las próximas elecciones nacionales y departamentales. Según explicó, la movilidad y la gestión de espacios públicos —temática que se abordará en el encuentro celebrado hoy 1o de diciembre— “no forman parte de los discursos de los candidatos”.
Morató indicó que desde la agrupación no ven que el sistema de transporte público esté intentando ser más amigable; incluso, opinó que los cambios que se anunciaron en los últimos años “son bastante cosméticos”, lo que habla además de una discusión “muy empobrecida”.
“Se trata de un deterioro muy estructural que no se va a frenar con cambios accesorios”, cuestionó, y opinó que, para funcionar, un plan debe ser “creíble y muy pensado”, en vez de reflejar cierto grado de “improvisación” como han mostrado los actores involucrados hasta ahora.