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    Defensor de la “carne sintética”, Sartori tiene intereses económicos en una empresa que busca producir proteína animal con plantas

    “Los países ricos deberían comer carne 100% sintética”. Ese título elegido por el periodista de la MIT Technology Review para encabezar la entrevista que mantuvo con Bill Gates fue el resumen perfecto para atrapar el interés en Uruguay. La posición del multimillonario estadounidense, que atribuye a la explotación agropecuaria tradicional un impacto negativo en el cambio climático, desató una controversia en ámbitos empresariales y políticos locales. Uno de los pocos que se expresó con claridad a favor de la “carne sintética” fue el senador Juan Sartori (Partido Nacional), quien tiene intereses económicos en el rubro.

    Durante muchos años y hasta comienzos de la década de 1920, el desarrollo económico de Uruguay se basaba en un modelo agroexportador, que consistía —como su nombre lo indica— en la exportación de productos de origen agropecuario, en particular ganaderos. Sin embargo, por motivos que —según el análisis que se haga— involucran desde el problema del latifundio hasta aspectos vinculados a racionalidad económica de los terratenientes e incluso algunos a la falta de innovación tecnológica impulsada por el Estado, esta forma de crecimiento resultó finalmente agotada. En adelante, los sucesivos intentos por encontrar la vía adecuada tuvieron sus momentos de auge, sus problemas y, claro está, sus respectivas crisis.

    Más cerca en el tiempo, algunos economistas consideran que el auge de los commodities a principios de este siglo llevó a que en Uruguay se diera un proceso de reprimarización de la economía, y otros coinciden en que en los últimos años no hubo en los hechos un cambio de la estructura productiva. El ingeniero Juan Grompone hizo alusión a este problema en el programa radial En Perspectiva, cuando debatía sobre los dichos del magnate estadounidense en relación a la carne sintética: “Creo que es necesario seguir atentamente el desarrollo de la tecnología, porque un concepto que podemos ver de la historia del Uruguay productiva es la existencia de ciclos de las materias primas”.

    En Uruguay, el debate sobre la “carne sintética” ya se había instalado algunos meses atrás en torno a la aprobación del artículo 292 de la Ley de Presupuesto, que prohíbe el uso de este nombre con fines comerciales.

    Entre los detractores de esta nueva tecnología, el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Carlos María Uriarte, invitó a Gates a que visite el país y vea “cómo produce el Uruguay antes de emitir ese tipo de comentarios. Estamos convencidos de que producimos un producto confiable y cuidadoso con el medio ambiente”, apuntó en el marco de la inauguración de la Unidad Agroalimentaria Metropolitana.

    La invitación del ministro, sin embargo, ya había sido extendida al empresario estadounidense, días antes, por el presidente del Instituto Nacional de Carnes (Inac) Fernando Mattos. En un comunicado oficial, el ingeniero agrónomo aseguró que Uruguay es “un país con más de 400 años de explotación ganadera en base a pasturas naturales y que es ejemplo de sostenibilidad”.

    Mattos acusó a Gates de “promocionar” empresas de las que es accionista, además de señalar que, aunque no se oponen al progreso técnico ­—algo que sí ocurre en otros casos—, desde el Inac tampoco comparten la denominación del nuevo producto ni los comentarios del empresario: “No estamos en contra de ese producto, ni consideramos a estas iniciativas una amenaza. Respetamos a los consumidores que tomen esa opción, pero nos defenderemos de ataques infundados (en relación a las acusaciones de contaminación) y reclamaremos el derecho a respetar las denominaciones, rechazando cualquier intento de apropiación genérica con el ardid del falso beneficio. ¡Llámenlo como quieran, pero no es carne!”, sentenció.

    En tanto, las Cooperativas Agrarias Federadas y la Federación Rural (FR) apoyaron las declaraciones del presidente del Inac. En el último caso, además, el comunicado agregaba —en forma de nota al pie y en un tono casi irónico­— una entrada de la Real Academia Española donde aparecen tres acepciones para la palabra carne.

    Dentro del ámbito del MGAP, el director de Desarrollo Rural Carlos Rydström se mostró más conciliador: “está perfecto” que Gates promocione la “proteína sintética. Antes de atacar al empresario o dejarnos llevar por el lobby, razonemos con respaldo científico. Uruguay no es lo mismo que Texas”, agregó, adjuntando dos fotos que muestran las formas de producción en cada lugar. “Debatir el consumo de carnes desde la perspectiva de los derechos de todos los seres vivos es una cuestión filosófica y personal. El debate en materia de cambio climático debe ser sustanciado con datos científicos, no haciendo una huella de carbono y una simple regla de tres”.

    Parlamento

    Las repercusiones de los dichos de Gates, sin embargo, sobrepasaron la frontera del ámbito estrictamente agropecuario y llegaron incluso al Parlamento, donde varios senadores —todos vinculados a explotaciones ganaderas­— se manifestaron al respecto.

    El líder de Cabildo Abierto y senador, Guido Manini Ríos, lo hizo a través de su cuenta de Twitter. “Ya nos indicaron quiénes tienen derecho a usar las redes y quiénes no, cómo pensar, quiénes pueden o no nacer, cómo vestirnos… Ahora nos dicen qué deberíamos comer…”, publicó.

    El senador blanco Juan Sartori expresó su respaldo a la “carne sintética” en un tuit, porque considera que es “más bienestar animal, menos emisión de carbono y costos más baratos”. Al respecto, agregó: “La natural será enfocada a mercados premium que pagan más caro y no competirá con producción sintética. Usemos la tecnología y tradición para ser un país referente en carnes, sea cual sea”.

    Su correligionario Sebastián da Silva le salió al cruce apenas 10 minutos después. “No, Juan. La carne sintética es un invento artificial. Hay ejemplos de sobra que ejemplifican fracasos de estos inventos. El Uruguay es líder en bienestar animal y producción de proteínas naturales. Más naturaleza, menos laboratorio. Máxime en el país más agropecuario del mundo”, le respondió en Twitter.

    Da Silva escribió después, haciendo mención directa a Gates, que en el debate sobre la Ley de Presupuesto había planteado su oposición a que se use el término “carne sintética”. En la sesión del 1º de diciembre, el senador nacionalista y empresario vinculado al agro afirmó que Uruguay “va a ser pionero en el combate a la carne sintética”, según surge de la versión taquigráfica. “¡Desde este Senado nos declaramos enemigos acérrimos de la carne sintética! La principal amenaza al Uruguay productivo es esa carne que se produce en el laboratorio. Y por primera vez en el mundo habrá un país, el nuestro, que tendrá una norma que impedirá que eso, que debería tener el nombre de antibiótico, se llame carne. Eso se logró con el apoyo de todos los partidos políticos, lo cual felicitamos. En nuestro escudo hay una vaca: este es el país de mayor cantidad de vacas por persona, el de mayor consumo de carne en el mundo, tenemos los mejores productores pastoriles de carne del mundo y, a partir de este presupuesto, seremos pioneros en la defensa de la carne natural, orgánica y pastoril. Y que quede claro que esto ha sido apoyado en forma unánime”.

    La posición favorable de Sartori a esos avances tecnológicos no es solo a nivel de discurso. El millonario devenido en político tiene intereses económicos en el sector de producción tradicional, a través de sus acciones en Union Agriculture Group, y también del de generación de proteínas animales por métodos alternativos.

    El holding Union Group, del que Sartori es fundador y único accionista, es uno de los dueños de Moolec Science, una compañía que trabaja en la utilización de ingeniería genética para crear proteína animal de manera más rentable y a mayor escala que la “carne sintética” desarrollada en laboratorios. La tecnología que aplica, denominada “agricultura molecular”, busca producir la proteína animal con plantas.

    El objetivo de la empresa, de acuerdo con un video promocional en el que se menciona el apoyo de “varios inversores como Bioceres y Union Group”, es “mejorar la asequibilidad de las soluciones libres de animales a favor de una verdadera sustentabilidad”.

    Bioceres es una multinacional argentina con la que Sartori hizo negocios en 2019. De hecho, Moolec Science es un spin off de Bioceres que busca más financiación y su directorio está integrado por jerarcas de esa multinacional y por personas vinculadas a Sartori, según registros públicos.

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