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Lo que en Uruguay son chuchos en algunas partes de Bolivia se le llama tiritona. Calofrío, como lo podría denominar algún venezolano, se acerca más al término correcto: “escalofríos, estremecimientos involuntarios donde la persona siente frío, tiene la piel pálida y a veces piloerección, que puede preceder a una fiebre y que en los casos más extremos puede venir acompañado de castañeteo de dientes y temblor muscular generalizado”. Su equivalente en lengua inglesa es chill o shiver.
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Con el fin de unificar terminología médica en la América hispana, donde incluso hay países con distintas maneras de referirse al mismo síntoma o malestar según la región, se presentó en noviembre en Madrid el Diccionario Panhispánico de Términos Médicos (DPTM). Se trata de un compendio de más de 70.000 términos con su correspondiente traducción al inglés, pensado para todo el universo hispanoparlante y disponible para todo el mundo, de forma gratuita, en el sitio web dptm.es. El principal impulsor para su confección, que insumió ocho años, fue la Real Academia Nacional de Medicina de España, pero contó con la participación de doce academias médicas del continente, entre ellas la de Uruguay.
“Ya había un diccionario similar de términos médicos que tenía unos diez años, elaborado en España. Pero en una de las reuniones de las academias, que se dan cada dos años, se comentó que algunos términos eran ‘demasiado’ españoles y que en algunos países latinoamericanos estos resultan poco comprendidos”, dijo a Búsqueda Enrique Pons, el médico de la Academia de Medicina del Uruguay que la representó en la elaboración del DPTM.
Como ejemplos prácticos, en momentos que hay una mayor inmigración a Uruguay desde distintos países de América, es útil que un médico local sepa que lo que para un venezolano, peruano, costarricense o mexicano es el coqueluche, acá se refiere a la tos convulsa (que a su vez en España es la tosferina). El trancazo en Ecuador, Costa Rica y Venezuela puede equivaler a “gripe” y en México a la “fiebre generada por el dengue”. Todas ellas tienen su correlativo en inglés.
Entre los aportes particulares que hizo Uruguay están términos como culebrilla, arrojar, empacho o cotonete, en referencia al “herpes zóster”, a “vomitar”, a la “gastritis aguda” o a los “bastoncitos de algodón”, respectivamente.
Los flujos migratorios tuvieron mucho que ver en la necesidad de también traducir al inglés el concepto unificado. Pons señala que hace unos cinco años la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, les manifestó a las academias hispanas su desesperación e impotencia: el programa de formación en español para futuros médicos que ellos brindaban resultaba absolutamente insuficiente para entender decenas de maneras distintas de referirse al mismo síntoma.
Base actualizada
El 75% de los términos utilizados cotidianamente entre médico y paciente son comunes a todos los países de habla hispana, puntualiza Pons. Está lejos de ser imposible hacerse entender si uno tiene una emergencia en Cuba o México. Sin embargo, se estima que una cuarta parte es propia de un país e incluso de una región (coto, trapicarse, abatelenguas, chistate, lechina).
“En los países andinos hay términos médicos que son completamente inentendibles para el Río de la Plata”, indicó Pons.
El nuevo diccionario tomó como base la versión anterior, que se analizó término por término. O “lemas”, como se los llamó. Cada uno de ellos debió analizar entre 150 y 200 por mes. Luego un comité tuvo la última palabra sobre cuál lema correspondía incluir, con su correspondiente definición técnica y traducción al inglés, además de los sinónimos. “Se fue muy cuidadoso en no apelar a términos groseros, como los vinculados a la sexualidad”, apuntó.
Más allá de tratarse de un diccionario panhispánico, no se dudó nunca de apelar a la traducción al inglés, que más allá de ser el lenguaje universal es el predominante a la hora de enviar un artículo en las revistas médicas arbitradas y en los congresos internacionales. Es lo mismo que pasó en el mundo: el predominio que tenía el francés hasta el siglo XX fue arrasado por el inglés. Eso también se reflejó en Uruguay, donde los médicos de los siglos XVIII y XIX trajeron un galicismo que perdura hasta hoy: de hecho, el DPTM tiene aportes uruguayos notoriamente afrancesados como surget (“sutura continua”), curetaje (“legrado”), morcelación (de morceler, “fragmentar”).
“Algunos términos en inglés sí se castellanizaron, pero no todos, porque también se respetó la imposición por el uso. El stent no tiene sentido traducirlo. Hay una llamada al pie en el que se reconoce que es un anglicismo, pero que se acepta en pos del uso generalizado”, dice Pons.
Stent, para el que la Real Academia Española admite estent, y que tiene un equivalente en “endoprótesis vascular”, es admitido por el DPTM porque “se ha consolidado en el uso” aunque reconoce que “puede suscitar rechazo por considerarse anglicismo innecesario”.
Para el futuro
“Esto no es un libro para la biblioteca, es un sistema online que es algo vivo y dinámico, pensado también para facilitar el aprendizaje de la medicina”, valoró el presidente de la Academia de Medicina del Uruguay, José Pedro Arcos.
Se considera que en el primer año de la carrera de medicina los estudiantes aprenden más de 1.000 términos médicos. Eso, señala Arcos, implica un proceso cognitivo y actitudinal que significa llegar a hacer una especie de “traducción” de lo que le dice el paciente cuando llega a una consulta. Según contó existen numerosas historias “jocosas” de practicantes “asombrados” ante algunos términos.
“Lo primero que tiene que saber un futuro médico es que hay un término médico que define especialmente todo lo que él escuchó como relato. Es el acto donde un paciente se abre y se comunica para pedir ayuda y un médico debe tener la suficiente perspicacia para entenderlo. Y cuando tenga la palabra, puede empezar un proceso inductivo-deductivo que lo lleve a un diagnóstico, luego hay un pronóstico y un tratamiento. Además, hay que hacer una nueva traducción para comunicarle a la familia del paciente que su ser querido tiene, por ejemplo, un asma bronquial”, dijo Arcos a Búsqueda.
Y para rematar añadió: “Si yo hubiese tenido este diccionario de estudiante, todo hubiera resultado más fácil”.