En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
A Iris le interesan dos cosas en la vida: la literatura y todo lo demás. Los escritores, sus vicios y virtudes. La playa, la depilación definitiva, las amigas. Los mitos griegos, la calidad de los libros que lee. Los hombres, la infidelidad, el suicidio. Así es Iris, el personaje que escapó de la imaginación de la escritora uruguaya Mercedes Estramil para protagonizar las 18 entregas de su columna Iris Play en la revista Bla. Estos textos frescos, ingeniosos e impecablemente escritos se publican ahora en un libro al que se agregan tres columnas más. Iris Play (editorial HUM) tiene apenas 115 páginas en las que el lector va conociendo los avatares de la vida de esta mujer que expresa lo que piensa y siente sin vueltas, en un monólogo íntimo regado de humor e ironía.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Iris puede ser sarcástica y lúcida, o candorosa e inocente. Sobre todo quiere ser escritora y opina sobre mitología, sobre García Márquez o Borges. Pero a su vez se emplea como “criada”, trabaja en un sex shop de nombre Sturm und Drang (como el movimiento literario alemán de mitad del siglo XVIII). Nada de lo humano le es ajeno. Y nada hay que quede sin desmenuzar por su ojo escudriñador. Para los prejuiciosos que creen que a la gente de letras no le suceden esas cosas, Iris cae presa, pierde trabajos, fracasa en el amor. Se cae y se vuelve a levantar. Como todo el mundo.
Iris Play funciona, además, como un mapa de preferencias y disgustos personales. En Prospecto adjunto, por ejemplo, se ríe de los cánones literarios. “Aclaro que mi animadversión por el cine ruso excluye a todos los consagrados, como corresponde. A mí me va el canon siempre. Es una cuestión de orden y respeto. Jamás me oirán hablar mal de Onetti o Benedetti, ni de Edgar Allan Poe ni de Stephen King, ni de esa chica J. K. Rowling ni de María Elena Walsh. Nada más patético que entrar a la literatura como un elefante a un bazar, con esa seguridad y contundencia maloliente de un paquidermo”.
En cada entrega aborda una temática diferente, como el capítulo que dedica a los escritores presos o asesinos (como William Burroughs, que mató a su mujer al errarle a la manzana sobre su cabeza, o Paul Verlaine, que intentó asesinar a su ex amante Arthur Rimbaud), u otros que hablan de sus preocupaciones acerca del éxito o el fracaso en la escritura de La Gran Novela Uruguaya, todo matizado por los comentarios de una especie de vocecita interna que opina al margen, con reflexiones breves y cómicas.
La escritura fluida de Estramil da la impresión de que todo lo que piensa el personaje cae distraídamente de su cabeza. Así, Iris llega a confesar que a la literatura se puede llegar por “desesperación, soledad y miedo”. “En general se va llegando a los tumbos, después de varios recodos de fracasos, de carreras deshechas, de intentos hasta de suicidios que no funcionaron, y que no funcione un suicidio ya es decir”.
Iris concuerda con Vila-Matas en que la literatura es una enfermedad, con lo cual ella concluye: “¿Qué escritor conocen ustedes que exude salud y combine en sí mismo un físico exterior envidiable y los órganos internos en condición de ser donados? En lo personal, la verdad es que permanecer hasta altas horas de la madrugada rumiando un verbo no me ha traído precisamente energía y belleza. Ahora, si hablamos de cefaleas, cólicos, colchoncitos abdominales, alopecía, insuficiencia respiratoria y callos ahí vamos bien rumbeados. No es fácil, no”, sentencia, capicúa.
Estramil es genial en la construcción de definiciones breves: “Literatura: lo más parecido al infierno”, “Desistir, tanto en la literatura como en la vida, puede ser una elección a no desestimar”, “Si algo tiene la Verdad es infinidad de versiones”, “La literatura es como las infecciones: se reproduce en el encierro”. Y ante tanta desazón, su personaje se pregunta “si no será más productivo y menos estresante un cursito de maquillaje, de reiki o de controlador aéreo”.
El libro habla también de comienzos y finales. O de comienzos que no prosperan, como en Campanas de cristal, en la que Iris decide “invertir en mí” y en lugar de irse a una playa del Caribe, hace una cita con un psiquiatra analista, que resulta ser un escritorzuelo en ciernes que guarda su libro en la biblioteca. Iris pelea la pulseada de convertirse en paciente, hasta que el profesional la saluda sugiriéndole que no haga “la gran Alfonsina”, algo que Iris considera un “ejemplo extraído de la obviedad más profunda del anecdotario suicida rioplatense”.
En lo que se refiere a finales, el único happy end que Iris conoce es el de las películas porno. “Fingido o no, en un lugar o en otro, con o sin crema, ese es el final más transparente, no solo porque suelen estar todos los protagonistas desnudos, sino porque hablan poco (recuerden que la palabra es mentira las más de las veces) y en general alcanzan un clímax que si no es parece epifánico. Y porque no deja abierta a la imaginación la puerta del después. Ese final clausura de verdad”.
Tanto como desconfía de sus dotes literarias, la antiheroína de Estramil descree del concepto de “amor” en cualquiera de sus formatos, sea el matrimonio, el noviazgo o la pareja: “eufemismos para lo que un día será desamor”.
Más adelante alternará sus horas de empleada de sex shop con momentos de sano esparcimiento en la playa, en los que recuerda la lectura de El completo manual del suicidio, una guía nipona escrita por Wataru Tsurumi y publicada en 1993. Y otra vez la reflexión aguda: “¿Quién precisa aquí manuales para suicidarse, con lo seductor que resulta el canon nacional en angustioterapia?”
Entre otras cosas, y ya sin esperanza de llegar a escribir alguna vez La Gran Novela Uruguaya, Estramil-Iris crea su propio decálogo para autores. Algunos de los puntos más jugosos son: “2) Pensar en el dinero y actuar en consecuencia. Los escritores que mueren en la miseria dan lástima; 5) No dar a leer manuscritos a nadie; después se creen que te ayudaron a escribir. Publicar de una y que sea lo que Dios quiera; 9) Jamás tener relaciones íntimas con otros escritores. Tus coitos se harán públicos y no le interesarán a nadie”.
Además de notas de crítica literaria en El País Cultural, Estramil ha publicado el libro de poesía Ángel sólido (Premio Municipal, 1994) y con editorial Hum editó las novelas Hispania Help (2009), Irreversible (2010), Rojo (Premio Nacional de Narrativa/EBO-Fundación Lolita Rubial, 1996) y el libro de cuentos Caja negra (2014).
Estramil es afilada, inmisericorde, graciosa, precisa, ocurrente: creativa. Hace uso de las palabras como ese repostero talentoso y top que cuida y retoca cada detalle de su última torta de casamiento de tres pisos, cuidando desde los detalles más esenciales hasta los más superfluos. Escribe con maestría y sin pedantería. Es llamativo, y también triste, que una pluma como esta no tenga un espacio de opinión fijo en algún medio de prensa. Porque vamos, escribir así no es frecuente. Ni sencillo. Como lo que hacen los reposteros talentosos.