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    Depósito alucinante

    Madrugada en el convento, donde residen tres monjas. Un hombre detiene su coche ante el portón y llama por teléfono para que le abran. La madre superiora, de 94 años, se ha tomado su pastilla (*) y no la despierta ni el diablo. El hombre se altera, insulta, baja una serie de bolsas del auto y las tira por encima del portón. Luego escala el portón. Un vecino que trabaja como repartidor de pollos y se llama Jesús (*), avisa a la Policía. Cuando los agentes llegan al convento, el hombre y sus bolsas —que contienen nueve millones de dólares, relojes (*), euros, yuanes, pesos argentinos y moneda de Qatar (*)— ya está en el interior, en la cocina, hablando con las monjitas. Ex secretario de Obras Públicas durante varios años y hombre de confianza del Poder K, dice que trajo una “donación” (*). El hombre fue a depositar en un lugar de retiro. El convento estaba a cargo de un obispo —enemigo de Bergoglio— muy cercano al Poder K. Allí se confesaban o buscaban espiritualidad o absolución o huían del mundanal ruido o iban a relajarse o entregaban su corazón o su generoso diezmo, altos funcionarios del Poder K. Llegan más agentes del orden al convento y traen una maquinita para contar los fajos de dólares, que están húmedos, mojados, con hongos, como si estuviesen recién desenterrados, y la maquinita se tranca (*). A ojo, y hasta las cinco de la mañana, los agentes cuentan: 8.982.047 dólares. Y los relojes, claro, Rolex y Omega, con sus estuches. Y un fusil de asalto, porque hoy en día uno debe estar preparado para defenderse. En tiendas del Poder K no saben cómo encajar el golpe, perdón, el diezmo. Antes de que este funcionario generoso en sus donativos explique de dónde salió el dinero, se cruza su abogada, una señora de piel estirada y generosos pechos, conocida cantante de cumbia (*), que dice: “Dejame a mí, vos no hables”. Risas estruendosas y aplausos de comedia grabada durante varios minutos. No se puede más, el listón ya está muy alto, parece inalcanzable. Esto es ficción pura, no confundir con la realidad. ¿Qué banda de cómicos, dementes, intoxicados, geniales, inescrupulosos, delincuentes libretistas escriben las historias en Argentina?

    (*) Detalles que iban a ser excluidos de la historia por bizarros, ridículos y poco creíbles.

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