En el origen de esta muestra hay un viaje a Suecia en 2018 que el artista Gerardo Mantero realizó para cursar una residencia de grabado.
En el origen de esta muestra hay un viaje a Suecia en 2018 que el artista Gerardo Mantero realizó para cursar una residencia de grabado.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa invitación la recibió de KKV Grafik, un taller colectivo de artistas de Malmö. Allí se encontró con un país, y especialmente una ciudad, en la que conviven muchas etnias y culturas y donde la inmigración es un tema de peso. Entonces el artista comenzó a trabajar en dos líneas que siempre le han interesado: la técnica del grabado y la identidad uruguaya. De esa estadía surgió primero la muestra Identidades, inaugurada en 2020 en la galería Rostrum de Malmö, que este año lleva el título Tensiones identitarias. Con curaduría de Verónica Panella, se exhibe hasta el martes 28 en la sala Nicolás Loureiro del Teatro El Galpón. Incluye grabados, collage y obras de variadas texturas y técnicas mixtas que representan algo tan fácil de sentir pero tan complicado de representar: la identidad uruguaya.
Mantero es gestor cultural, ha expuesto en forma individual fuera y dentro de Uruguay y ha sido curador de otros artistas. Es codirector de la revista de arte La Pupila, que en 2023 está cumpliendo 15 años. Se formó con Guillermo Fernández, con Dumas Oroño, con Hilda López, y en los años 80 hizo un curso de grabado con el estadounidense David Finkbeiner, además de asistir al Club de Grabado de Montevideo. “Siempre me interesó el grabado, pero no lo había podido desarrollar porque tiene algunas dificultades, hay que tener prensa y materiales especiales que no siempre se consiguen. Cuando llegué a Malmö tenía un estudio maravilloso, con tres o cuatro prensas y ahí empecé a trabajar”, comenta Mantero a Búsqueda frente a sus obras.
En Tensiones identitarias, el grabado se combina con el collage, con el pastel, el acrílico, la tinta, las texturas. Por ejemplo, para la silueta de Montevideo (ver foto) trabajó con cartón texturado y el resultado es una composición que juega con la forma, el relieve y el color. Y justamente es el color lo primero que llama la atención en esta muestra dedicada a la esencia uruguaya, tan asociada con las tonalidades del gris. “Me lo dicen mucho”, explica el artista. “Pero mi generación, que es la de la dictadura, en el tema cromatismo estableció un quiebre. Mi paleta en especial siempre fue alta”.
En su anterior exposición en el Museo Blanes (Estado de situación, 2017), Mantero ya había abordado el ser uruguayo a través de su iconografía. “La identidad uruguaya tiene algo muy complejo y rico. Si te ponés a pensar por ejemplo en el candombe o la murga, nada es uruguayo, pero se logra una fusión que es de acá. En las artes plásticas es más difícil de ver porque fuimos siempre subsidiarios de otras corrientes, con algunas singularidades, como la de Espínola Gómez, por ejemplo”.
En el catálogo aparece una cita especialmente significativa y graciosa del artista Ernesto Vila: “Mi generación se quemó las pestañas estudiando las culturas mediterráneas, pero después en el verano nos bañábamos en la playa Ramírez comiendo pan con grasa y tomando mate. ¿No habrá que excavar en la arena de la playa Ramírez? ¿No habrá algo allí?”.
Nacido en Montevideo en 1956, Mantero le dedica esta exposición a sus colegas de la cultura, “a los compañeros de ruta, de todas las disciplinas, que tuve el privilegio de conocer y admirar, que me ayudaron a formarme, a los que están y, en especial, a los que partieron”, escribió en el catálogo que incluye fragmentos de canciones de Fernando Cabrera, de Leo Masliah, de Mauricio Ubal, de Dino; citas de José Pedro Barrán, de Gerardo Caetano, de Fernando Andacht o de Jorge Lazaroff. Entre esas citas aparece un texto de Cristina Peri Rossi: “Nací en una ciudad triste suspendida en el tiempo como un cuento inacabado que se repite siempre”. Con música de Carlos da Silveira y edición de Lala Severi, un video combina imágenes de las obras con fotografías de la rambla y de la arquitectura montevideana.
En la obra No hay apuro, al grabado se le superponen pequeñas figuras que van subiendo una cuesta empinada en auto. No queda claro si avanzan o van hacia atrás, en retroceso. El conjunto colorido se ubica entre lo figurativo y lo abstracto. “Juego mucho con el accidente, tirás agua y tinta, aparecen formaciones que a veces quedan y a veces tenés que romper”, dice Mantero sobre esos relieves que dan ganas de tocar. E n otras piezas utiliza fragmentos de viejas obras. “Guillermo Fernández siempre me decía: ‘Nunca tires nada’. Me gusta rehacer lo que ya hice”, aclara.
En esta muestra no podía faltar la vaca, que aparece en Una imagen imperturbable. Pero no es cualquier vaca: en su interior se dibujan formas, geometrías, colores. Es una vaca psicodélica que mira hacia algún punto lejano, sola en el paisaje. “Al país le pasa de todo, pero vas al interior y la vaca siempre está ahí como un hecho imperturbable”, dice el artista.
Juan Carlos Onetti se cuela en una obra de técnica mixta sobre papel que tiene en el centro la figura de Artigas a caballo. Un oriental, dos orientales, 33 orientales, se llama la composición que recuerda aquella frase que escribió Onetti desde el fondo de su pesimismo: “Atrás nuestro no hay nada, un gaucho, dos gauchos, treinta y tres gauchos”. También se asoma Jorge Luis Borges en una obra que incluye una cruz, tal vez una guitarra, tal vez un mate invertido. Más que el amor nos une el espanto, es su título.
En Tensiones identitarias hay también una representación de Latinoamérica con un ser monstruoso en el centro y otra que muestra una figura encerrada y recuerda la pandemia. Hay un poco de Joaquín Torres García, de Petrona Viera, de José Cúneo, del fútbol. Los cambios en la convivencia urbana aparecen en Guetización y los del complejo entramado social en Emigrantes. Hacia el final del recorrido, una obra lleva como título un verso de Washington Benavides, que cantó Eduardo Darnauchans y parece sintetizar toda la muestra: Desatame de este enredo.
En algún fragmento de collage, en algún ojo, silueta, paisaje o barco que se aleja hay un poco de cada uno y un poco de todos. Solo hay que ir y encontrarse.