La idea original se planteó en el complicado caso de la Compañía del Gas.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl tira y afloja de las partes —que aún no ha concluido— se prestó al análisis de diversas alternativas de lucha. El paro ya no era suficiente, se pensaba en una huelga de hambre, y a algún iluminado se le ocurrió la sellada: vamos por el control obrero. ¡A por él! —como dicen los españoles.
Claro, la empresa reaccionó ante el inminente atropello de los derechos y las leyes vigentes, y recurrió a la Justicia.
Una sentencia más clara que el agua (la de antes de las cianobacterias) declaró textualmente (transcribo una elocuente frase de la sentencia del juez Hugo Rundie, que demostró que todavía “hay jueces en Berlín”, como dijo Federico el Grande cuando la Justicia falló a favor del molinero cuya casa había propuesto demoler para ampliar su Palacio de Sans Souci, y él la respetó calladito). La frase dice así: “La ilegitimidad de la medida es notoria, dado que atenta contra los derechos y libertades reconocidos constitucionalmente (en especial la propiedad) que solamente pueden encontrar su límite en una ley basada en el interés general”. Grande, don Hugo.
¿Ustedes creen que al sindicato le importó uno o dos cominos lo que sentenciaba el juez? ¿Acaso también suponen que las autoridades nacionales ampararon el cumplimiento de la sentencia, evitando el atropello al derecho? ¡Vamos, muchachos! No seáis tan crédulos…
El sindicato ocupó la empresa, y estableció el control obrero. Y al rato las autoridades les mandaron decir a los ocupantes que, lamentablemente, se iban a tener que ir, porque un juez así lo había decretado. ¿Estabas durmiendo la siesta, Murro?
Pero la semilla del desafío estaba plantada.
Y los valerosos operarios de Friopan repitieron la aventura, y, por un quítame allá el control de esas máquinas, establecieron el control obrero en la pequeña empresa familiar.
El destrozo que hicieron adentro lo vimos todos, porque la filmación llevada a cabo por uno de los operarios no sindicalizados (al que sus “compañeritos” han amenazado por buchón) circuló generosamente en las redes sociales.
Murro seguía durmiendo la siesta, y el director de Trabajo en fija que andaba paseando por el Lago de Ginebra tras una agotadora sesión de reivindicaciones laborales en la OIT. O no, pero parece que tampoco se enteró.
El que sí lo supo fue el presidente del PIT-CNT, Fernando Pereira (cómo te extrañamos, Pepe D’Elía), quien dijo que, ay, era un error establecer el control obrero sin preservar los lugares de trabajo, y que, ay, claro, hay que respetar los bienes y las mercaderías, pero que, al fin de cuentas, lo que había pasado en Friopan durante la ocupación es que se había caído un pan con grasa al suelo y se había ensuciado un poquito, y que una bolsa de harina se había roto en una punta. Dale, macho. Dos toneladas de masa se tiraron por el suelo y quedaron inutilizadas en medio del despelote que armaron los protestantes, para “marcar la cancha”, y que se viera quién es el que manda.
Ha trascendido que hay un par de casos que aún no han tomado estado público, pero que también traerán cola, esperemos. Aunque cada vez tenemos menos esperanzas.
En la fiambrería El Salchichón Sonriente, perteneciente a don Braulio Lamor Tadela, un modesto comercio del Barrio Atahualpa, hace unos meses se formó un sindicato. Allí trabajan 10 personas, cuatro de las cuales son don Braulio, su esposa, y sus dos hijos. Tres de los seis restantes trabajadores se agremiaron, y, como están todos en planilla, cobran puntualmente sus haberes y gozan de sus vacaciones, le plantearon a don Braulio una reivindicación justa: que se les entreguen diariamente a cada uno 250 gramos de jamón cocido como retribución adicional por presentismo.
Don Braulio los mandó a freír espárragos, y los tres reivindicantes procedieron a ocupar la fiambrería, y a asumir el control obrero. Cuando la policía logró sacarlos de adentro, una semana después de la ocupación, tras un recurso de amparo fallado a favor del empresario, el comercio era una verdadera lástima: fiambres tirados por el suelo, las heladeras abiertas, con lo que se habían echado a perder numerosas mercaderías, pintadas en las paredes (“Braulio, sos más cerdo que tus salames”, “Jamón cocido para todos o para nadie” “El próximo fiambre sos vos”). Y se detectó el faltante de varios productos que figuraban en el stock.
Don Braulio les inició un juicio por hurto especialmente agravado, y daños y perjuicios, pero los tres demandados arreglaron con la fiscal un pedido de disculpas a la víctima, y la promesa de cumplir una hora extra sin cargo lavando las máquinas de cortar fiambre durante un mes.
Murro se declaró satisfecho de que el diálogo y la coherencia hayan puesto fin a la incómoda situación. El PIT-CNT también celebró el fin pacífico del enfrentamiento.
Por su parte, en la imprenta El Séptimo Sello, una pequeña empresa del Barrio Malvín Norte, perteneciente a la Sra. Deldia Grama, en la que trabajan ocho operarios, cinco de ellos crearon un sindicato, cuya primera medida fue reclamarle a la empresa (que paga puntualmente y está al día con todas sus obligaciones laborales y fiscales) que le permitiera al gremio imprimir sin cargo las proclamas reivindicativas del gremio, durante la jornada de trabajo y con el papel gratis, permitiéndoseles a los agremiados salir dos horas antes de su trabajo para distribuir los volantes en el barrio.
Como doña Deldia Grama se opuso, la imprenta fue ocupada y sometida a control obrero. Tras el fallo favorable al pedido de amparo de la dueña, obtenido dos semanas después de solicitado, se produjo la desocupación por la fuerza.
Se comprobó que varias de las máquinas habían sido dañadas intencionalmente, y se constató la sustracción de 200 resmas de papel, 20 litros de tinta y $ 8.500 que había en la caja registradora.
Capaz que se imaginan que, tras una demanda penal contra los infractores, se llegó a un arreglo en fiscalía que evitó que los pibes chorros y dañinos fueran presos, y pagaran por sus delitos y sus destrozos.
Pero Murro y el PIT-CNT han celebrado otra victoria de la paz laboral y sindical.
Al Derecho y a la Justicia, la que les tocó es la paz de los sepulcros.